Pekín acusa a Washington de intensificar las presiones diplomáticas, comerciales y militares para que las naciones de la región reduzcan sus vínculos con el gigante asiático. El portavoz del Ministerio de Exteriores chino Lin Jian afirmó que «Latinoamérica no es el patio trasero de nadie» y tiene derecho a elegir independientemente a sus socios. Las declaraciones surgen tras informaciones en medios estadounidenses que dan cuenta del fracaso relativo de la estrategia coercitiva de Washington, que en algunos casos ha reforzado el acercamiento de a China.
La competencia geopolítica entre China y Estados Unidos por la influencia en Latinoamérica alcanzó un nuevo punto de tensión tras las declaraciones del portavoz del Ministerio de Exteriores chino Lin Jian, quien exigió este jueves a Washington cesar la «coacción» hacia los países de la región. China instó este jueves 18 de septiembre de 2025 a Estados Unidos a cesar la «coacción» hacia los países latinoamericanos y a respetar su derecho a decidir de manera autónoma sus vínculos exteriores, marcando una escalada retórica en la disputa entre las dos superpotencias por el control de la tradicional «esfera de influencia» estadounidense.
La respuesta china surge tras informaciones de medios estadounidenses como The Economist y The New York Times que documentan cómo Washington habría intensificado este año las presiones diplomáticas, comerciales y militares hacia varios países latinoamericanos para contener lo que denomina «prácticas explotadoras» de China en la región. Sin embargo, según estos mismos reportes, la estrategia coercitiva estadounidense habría tenido resultados contraproducentes, logrando en algunos casos el efecto opuesto al deseado.
Lin Jian fue categórico al defender la posición china respecto a la región: «América Latina y el Caribe no son el ‘patio trasero’ de nadie, y tienen derecho a elegir su camino de desarrollo y sus socios de cooperación». Esta declaración constituye un desafío directo a la histórica Doctrina Monroe que durante más de dos siglos ha fundamentado la política exterior estadounidense hacia el hemisferio occidental, estableciendo la región como zona de influencia preferencial de Washington.
El fracaso de la estrategia coercitiva estadounidense
Las presiones estadounidenses, que incluyen medidas diplomáticas, comerciales y militares, han mostrado eficacia limitada para reducir la influencia china en la región. Según esas cabeceras, las medidas habrían tenido un efecto limitado y, en algunos casos, reforzado la aproximación de gobiernos latinoamericanos a Pekín. Esta paradoja evidencia las dificultades que enfrenta Washington para competir con el modelo de cooperación económica que ofrece China, basado en inversión en infraestructura y préstamos sin condicionalidades políticas.
El portavoz chino caracterizó la estrategia estadounidense como obsoleta y contraproducente: la postura estadounidense «demuestra una vez más que las políticas de presión y coerción no cuentan con apoyo y cada vez son menos viables». Esta afirmación refleja la percepción china de que el unilateralismo estadounidense genera resistencias crecientes en una región que busca diversificar sus relaciones internacionales y reducir su dependencia histórica de Estados Unidos.
La respuesta china también incluye un llamamiento directo a cambiar el enfoque estadounidense hacia la región. Lin instó a Estados Unidos a «dejar de coaccionar a los países latinoamericanos para que tomen partido, dejar de interferir en sus asuntos internos y aportar hechos concretos que contribuyan a su desarrollo y prosperidad, en lugar de sembrar discordia y dar órdenes». Esta declaración posiciona a China como defensora de la soberanía latinoamericana frente al que presenta como intervencionismo estadounidense.
Consolidación de la presencia china en la región
La defensa china de sus vínculos con Latinoamérica se fundamenta en la narrativa de cooperación mutuamente beneficiosa que Pekín ha desarrollado durante las últimas dos décadas. «China y América Latina son buenos amigos y socios en pie de igualdad, caracterizados por la apertura, la inclusión y la cooperación de beneficio mutuo. Nuestra cooperación responde a la voluntad de los pueblos y al interés común de ambas partes», declaró Lin Jian, contrastando este modelo con las prácticas coercitivas que atribuye a Estados Unidos.
Los datos económicos respaldan la creciente influencia china en la región. China se ha convertido en el principal socio comercial de países como Brasil, Chile y Perú, mientras que su participación en el comercio mexicano ha superado por primera vez el 20% de las importaciones totales. Esta penetración económica se ha logrado principalmente a través de inversiones en infraestructura, préstamos para desarrollo y comercio de materias primas, sectores donde Estados Unidos tradicionalmente no ha competido con la misma intensidad.
La Iniciativa de la Franja y la Ruta china ha encontrado terreno fértil en Latinoamérica, donde múltiples países han firmado acuerdos de cooperación que incluyen puertos, carreteras, ferrocarriles y proyectos energéticos. Esta presencia física en infraestructura crítica genera preocupaciones estratégicas en Washington, que ve amenazada su capacidad de proyección de poder en la región y teme la creación de dependencias tecnológicas que podrían comprometer la seguridad hemisférica.
El intercambio diplomático entre China y Estados Unidos por Latinoamérica refleja transformaciones más profundas en el sistema internacional que trascienden la competencia bilateral. La región se ha convertido en campo de prueba para modelos alternativos de gobernanza global, donde el multilateralismo chino compite con el bilateralismo tradicional estadounidense, y donde las condicionalidades democráticas de Washington chocan con la flexibilidad ideológica de Pekín.
Los gobiernos latinoamericanos enfrentan el desafío de navegar entre ambas potencias sin comprometer su autonomía ni su desarrollo económico. Países como México deben equilibrar su integración norteamericana a través del T-MEC con las oportunidades comerciales que ofrece China, mientras que naciones sudamericanas como Brasil exploran activamente la diversificación de sus vínculos internacionales como estrategia de inserción global.
Implicaciones para el futuro
La guerra arancelaria iniciada por Trump durante su primer mandato y profundizada en el actual ha creado oportunidades para que China fortalezca sus vínculos con la región. Los aranceles estadounidenses han incentivado a empresas latinoamericanas a buscar mercados alternativos, convirtiendo a China en destino natural para productos agrícolas, minerales y energéticos que anteriormente se dirigían principalmente hacia Estados Unidos.
Las declaraciones chinas marcan un punto de inflexión en la competencia por Latinoamérica, donde la retórica diplomática da paso a posicionamientos más abiertamente de confrontación que evidencian la amplitud de la rivalidad estratégica. El que China se presente públicamente como defensor de la soberanía latinoamericana frente al «imperialismo» estadounidense constituye una inversión de roles históricos que puede resonar en sociedades regionales tradicionalmente críticas del intervencionismo de Washington.
La escalada retórica también refleja la confianza creciente de Pekín en su capacidad de competir exitosamente con Estados Unidos en lo que tradicionalmente ha sido considerado el «patio trasero» estadounidense. Esta confianza se sustenta en dos décadas de crecimiento de la presencia china en la región, respaldada por recursos económicos sustanciales y un modelo de cooperación que muchos gobiernos latinoamericanos consideran menos intrusivo que las tradicionales presiones estadounidenses.
Para Estados Unidos, el desafío chino en Latinoamérica representa tanto una amenaza estratégica como una oportunidad para repensar su enfoque hacia la región. El fracaso relativo de las tácticas coercitivas documentado por medios estadounidenses sugiere la necesidad de desarrollar propuestas más atractivas que compitan efectivamente con las ofertas chinas en términos de inversión, desarrollo de infraestructura y cooperación tecnológica, sin recurrir a las presiones que han caracterizado históricamente la política hemisférica de Washington.