Chile: la polarización se convierte en plebiscito presidencial

18 août 2025 - 13:27

Chile se encamina a unas elecciones presidenciales marcadas por la polarización. Con José Antonio Kast y Jeannette Jara como favoritos, el país afronta el reto de decidir entre dos proyectos opuestos en un clima de fatiga institucional y expectativas cruzadas en América Latina.

Santiago.– El inicio oficial de la carrera presidencial en Chile, con la inscripción de candidaturas ante el Servicio Electoral (Servel), confirma lo que muchos analistas venían advirtiendo: el próximo 16 de noviembre el país vivirá unas elecciones atravesadas por la polarización. José Antonio Kast, líder de la ultraderecha, y Jeannette Jara, candidata del Partido Comunista, aparecen como los grandes favoritos para suceder a Gabriel Boric en La Moneda.

El contraste entre ambos no podría ser más nítido. Kast representa una derecha radical que insiste en el orden y la seguridad como ejes centrales de su proyecto, apelando a un electorado cansado de la delincuencia y desencantado con el proceso constitucional fallido. Jara, por su parte, encarna la continuidad de un ciclo de izquierdas iniciado con Boric y reforzado por su propia gestión como ministra de Trabajo, donde impulsó una agenda de reformas sociales vinculada a pensiones y derechos laborales.

El tablero político se configura así como un plebiscito entre dos visiones de país, dejando poco espacio para candidaturas de centro que en otras épocas funcionaban como bisagra. Esa fractura refleja un fenómeno más amplio en América Latina, donde la política se ha vuelto cada vez más binaria: entre derechas que prometen mano dura y orden, e izquierdas que reivindican redistribución e inclusión social.

Chile se asoma a una elección presidencial que pondrá a prueba la solidez de sus instituciones y la madurez de su democracia. Tras el estallido social de 2019 y los fracasos sucesivos en la redacción de una nueva Constitución, la ciudadanía enfrenta una mezcla de fatiga institucional y escepticismo frente a la clase política. En ese escenario, tanto Kast como Jara proyectan certezas antagónicas, pero certezas al fin, en un país que busca volver a creer en algún horizonte común.

La elección del 16 de noviembre, además, tendrá resonancia regional. Una eventual llegada de Kast a la presidencia lo colocaría en sintonía con Javier Milei en Argentina y con sectores conservadores de la región, consolidando un eje de derecha radical que cuestiona el multilateralismo tradicional y se acerca sin complejos a Estados Unidos e Israel. Por el contrario, un triunfo de Jara reforzaría el bloque progresista junto a Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil, Gustavo Petro en Colombia y Claudia Sheinbaum en México, aunque con matices propios.

El sistema político chileno obliga, salvo una victoria clara en primera vuelta, a una segunda definición el 15 de diciembre. Esa instancia podría elevar aún más la polarización, en un país acostumbrado históricamente a resolver disputas con márgenes ajustados, como ocurrió en el referéndum de 1988 o en la elección presidencial de 2021.

Más allá del resultado, lo que está en juego es la capacidad de Chile para recuperar un pacto social mínimo. El desgaste de los últimos años —marcado por protestas, crisis constitucionales y desconfianza hacia las instituciones— ha puesto a prueba la estabilidad de un modelo que durante décadas fue exhibido como ejemplo regional.

La democracia chilena, con sus luces y sombras, se enfrenta otra vez al espejo de su propia historia. El próximo noviembre marcará un dilema crucial: optar entre el relato de la disciplina y el orden que ofrece Kast, o el de la equidad y la justicia social que propone Jara. En cualquiera de los dos casos, América Latina observará con atención, consciente de que lo que ocurre en Santiago siempre termina irradiando hacia el resto del continente.

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