Chile: el ultra Johannes Kaiser entra en campaña con ataques a Jara y guiños al pinochetismo

13 juillet 2025 - 17:11

La escena podría parecer paródica, pero es profundamente reveladora: tercera estrofa del himno nacional, bendición pastoral con oraciones por Israel, música de ACDC y ataques frontales a la izquierda chilena. Así fue proclamado el diputado Johannes Kaiser como candidato presidencial del Partido Nacional Libertario, en un acto celebrado este fin de semana en Santiago. Un evento que, lejos de lo anecdótico, marca el desembarco abierto de la extrema derecha más ideologizada en la campaña presidencial de 2025.

Con la frase “Jara es Bachelet con esteroides”, Kaiser inauguró su estrategia retórica: convertir a la candidata oficialista, Jeannette Jara (PC), en heredera amplificada de todo lo que sus votantes rechazan —feminismo, Estado social, multiculturalismo y memoria histórica. Es mucho más que un ataque personal: apunta a deslegitimar todo un modelo político basado en derechos sociales, memoria histórica y pluralismo democrático. Al igual que en otros países del continente, la nueva ultraderecha opera sin matices: utiliza la provocación sistemática como herramienta para desestabilizar los consensos democráticos y desplazar el debate hacia los extremos.

Kaiser no oculta sus credenciales: admirador de Pinochet, provocador profesional, articulador del discurso «antiprogresista», y ahora aspirante a La Moneda. Durante su proclamación, repitió acusaciones ya conocidas: culpó a Michelle Bachelet de haber “destruido la educación pública”, promovido la “inmigración ilegal” y “debilitado las Fuerzas Armadas”. Incluso prometió desmantelar su reforma tributaria, a la que calificó de “atentado económico”.

Pero el acto fue más que un discurso incendiario: fue una declaración de identidad política. La presencia de figuras mediáticas como Patricia Maldonado, y de ex carabineros vinculados a la represión, mostró que el kaiserismo busca construir un polo cultural antes que una plataforma programática. Como ocurre con otros líderes libertarios de la región —desde Javier Milei hasta Bolsonaro en su etapa más agresiva—, el mensaje se apoya en la performance antes que en el contenido.

La paradoja, sin embargo, es que Kaiser representa un sector minoritario pero ruidoso. En las encuestas aún está muy por detrás de candidatos con mayor anclaje popular como Evelyn Matthei, José Antonio Kast o el incombustible Franco Parisi. Jeannette Jara, por su parte, navega con cautela entre las tensiones del oficialismo, intentando consolidar una candidatura que combine gobernabilidad y agenda social. Pero el efecto Kaiser ya comienza a sentirse: empuja el debate hacia los extremos, obliga a responder provocaciones y desgasta el centro político.

Desde el resto de América Latina, este tipo de irrupciones deben leerse como parte de un fenómeno mayor: la consolidación de liderazgos antisistema que cuestionan los pilares de la democracia liberal desde dentro. El caso chileno —donde la memoria histórica aún duele, y el modelo neoliberal sigue tensionando la cohesión social— es terreno fértil para discursos que apelan a la nostalgia autoritaria y al desencanto ciudadano.

La pregunta es si, como en otras partes, estos discursos lograrán convertirse en opción de poder o quedarán como ruido de fondo. Por ahora, Kaiser ya ha conseguido lo que buscaba: que se hable de él.

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