El Seminario Internacional por el Bicentenario de Bolivia reunió en Caracas a historiadores, juristas e intelectuales de América Latina. Más que una conmemoración, el evento se convirtió en una plataforma crítica sobre la soberanía, la integración inconclusa y los desafíos pendientes del continente.
Caracas.– A veces la historia se reactiva en los márgenes. Mientras las cancillerías guardan silencio o los gobiernos atraviesan sus propias urgencias, en un auditorio del Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (Celarg), en Caracas, una treintena de voces de América Latina volvió a preguntarse por el sentido de la independencia. Fue evocación con sentido, memoria que interroga al presente y se proyecta como tarea pendiente del continente.
El Seminario Internacional Bicentenario de Bolivia 1825–2025, convocado por la Comisión Presidencial venezolana, ha reunido desde el domingo a investigadores, ensayistas y diplomáticos de Bolivia, México, Colombia, España, Cuba y Venezuela. El objetivo declarado: pensar colectivamente los 200 años de la independencia boliviana como parte de un proceso más amplio de descolonización y construcción republicana, aún inconcluso.
A lo largo de las ponencias —que abordaron desde el Congreso Anfictiónico de Panamá hasta los proyectos de integración del siglo XXI— se desplegó un diagnóstico que trasciende lo académico. América Latina arrastra una paradoja persistente: proclamó su independencia hace dos siglos, pero no ha logrado consolidar una soberanía compartida ni una comunidad de destino. Los síntomas son visibles: desigualdad estructural, dependencia financiera, fragmentación diplomática, captura corporativa de los Estados y pérdida de confianza ciudadana.
Varios participantes coincidieron en señalar que la figura de Bolivia —nacida como idea política bolivariana, entre Sucre y la Campaña del Sur— puede ser leída como metáfora regional: una nación fundada entre batallas y debates constitucionales, que todavía busca articular su pluralismo interno y su inserción internacional. En ese espejo se miran otros procesos republicanos de la región, igualmente tensionados entre voluntad emancipadora y obstáculos estructurales.
Más allá del marco conmemorativo, el seminario funcionó como un espacio de reinscripción simbólica. Puso en diálogo archivos e hipótesis, genealogías del pensamiento latinoamericano y demandas contemporáneas: plurinacionalidad, justicia social, soberanía económica, autodeterminación regional. La sede elegida refuerza la dimensión histórica de Caracas como punto de arranque del ideario bolivariano y como espacio donde aún se proyectan debates sobre el futuro regional.
En un contexto global atravesado por guerras, populismos e inseguridad climática, el bicentenario de Bolivia ofrece una ocasión para repensar el lugar de América Latina en el mundo. Desde una posición que reivindica su memoria, su pluralidad lingüística, sus tensiones internas y una dignidad histórica aún en proceso de afirmación.
Desde Caracas se esbozó un mapa posible de futuro regional, entre memoria activa, desafíos compartidos y disputas en curso. El seminario reafirmó una certeza: la independencia sigue siendo una tarea pendiente, no una herencia cerrada.