Brasil: una relación desacoplada con Estados Unidos bajo Donald Trump

10 août 2025 - 06:24

 Las recientes medidas arancelarias de Washington contra Brasil, motivadas por tensiones políticas y judiciales más que comerciales, han tensado la histórica relación bilateral y abierto un nuevo capítulo de fricciones en el tablero geopolítico.

Análisis de prensa europea y estadounidense sugieren esta semana que el aumento de los aranceles, por parte de la administración Trump, a diferentes países podría tener efectos contrarios a los deseados por el gobierno norteamericano. Las autoridades chinas parecen frotarse las manos mientras observan los hechos y las consecuencias venideras tras las decisiones de Trump. China no pierde ocasión para elogiar a los países afectados y les recuerda que está dispuesta a mitigar el impacto.

Si Trump buscaba amenazar o castigar las relaciones de algunos países con China, su apuesta parece errada porque Pekín abre sus brazos a esta nueva ventana de oportunidad. Por ejemplo, esta semana el vocero del Ministerio de Relaciones Exteriores de China, Guo Jiakun, exaltó en conferencia de prensa la cooperación entre Beijing y Brasilia: “ha beneficiado a ambos pueblos”. Jiakun añadió que China está dispuesta a profundizar el vínculo “en diversos ámbitos y añadir nuevas dimensiones estratégicas”.

El caso de Brasil en esta coyuntura política internacional desatada por Trump es llamativo. El aumento de aranceles a ese país, por parte de Estados Unidos, no tiene su origen en un desbalance comercial. De hecho, Estados Unidos mantiene un superávit comercial con Brasil. En este caso, las motivaciones han sido políticas y judiciales —por el juicio contra el expresidente Jair Messias Bolsonaro que preside el juez Moraes—. El mandatario estadounidense, como se sabe, aboga por el expresidente brasileño.

El presidente Lula ha dicho que la injerencia de Estados Unidos en las decisiones de la justicia brasileña es inaceptable y que Trump pretende dañar la soberanía de Brasil, así como las históricas relaciones entre ambos países. El trato dispensado por Trump a Brasil ha desencadenado, además, la reacción nacionalista de los brasileños y la agitación virtual por lo que perciben como agresiones innecesarias pero directas e inaceptables.

Estados Unidos finalmente cumplió su amenaza e impuso aranceles del 50% a Brasil a partir del 6 de agosto. Sorprendió, no obstante, que unos 700 productos quedaran exentos de la suba arancelaria. Esto significa que el arancel medio para los productos brasileños que importa Estados Unidos continúa estando alrededor del 30%. Además del aumento de aranceles, Estados Unidos también ha impuesto sanciones al juez Moraes y a otros jueces del Tribunal Supremo.

Clara Riveros entrevistó recientemente desde Madrid a Carlos Malamud, investigador principal para América Latina en el Real Instituto Elcano, respecto a la coyuntura política brasileña y a las tensiones entre Brasil y Estados Unidos.

Clara Riveros: ¿Qué está pasando en Brasil? El presidente Lula ha venido experimentando un descenso en su popularidad en meses recientes, en el plano interno, pero también respecto de otros mandatarios latinoamericanos, frente a un Lula I y II cuyo liderazgo fue mucho más ponderado en la región. Desde luego, pasaron muchas cosas tras su salida del poder años atrás. Pero, incluso así, sorprendió a algunos su regreso al poder…

Carlos Malamud: Primero, América Latina hoy no es la misma de la primera década del siglo XXI. Los apoyos regionales que podía tener Lula entonces no son los mismos que puede tener hoy y esto, obviamente, cambia bastante las cosas. Segundo, si algo define al sistema político brasileño es lo que ellos llaman presidencialismo de coalición y esto hace que, para gobernar, haga falta articular amplias alianzas parlamentarias, inclusive regionales, con los gobernadores.

A diferencia de las presidencias anteriores de Lula, donde el peso del Partido de los Trabajadores (PT) en esa coalición era determinante, en esta oportunidad ha sido menos decisiva. Para imponerse a Bolsonaro tuvo que articular una alianza mucho más amplia, con apoyo de los partidos del centro y del centro-derecha, lo cual hoy está pasando factura y tiene que ver con esa imagen que está dando Lula.  Un Lula, por otra parte, mucho más viejo que años atrás.

C.R.: La política exterior del presidente Lula está siendo cuestionada últimamente. Hay quienes sugieren que al mandatario se lo ve cada vez más en oposición a Occidente, habida cuenta de su simpatía con Irán y con los países de los BRICS. Lo más reciente, desde luego, es la tensión con Estados Unidos y con el presidente Trump. Las declaraciones van y vienen. Todo ello ha generado mucha tensión y confusión en la relación bilateral. ¿Cómo está viendo la política exterior brasileña y qué vamos a ver en los próximos días?

C.M.: Respecto a la política exterior de Brasil, yo matizaría bastante ese ‘antioccidentalismo’. Una cosa es la relación de Brasil con Estados Unidos o de Lula con Trump y, obviamente, desde antes de la elección de Trump, la proximidad de Bolsonaro con el trumpismo, o de Trump con el bolsonarismo, ha complicado bastante la relación bilateral.

Creo que, en buena medida, ese acercamiento de Brasil a los BRICS tiene que ver con ese deseo de adoptar una política de cierta autonomía estratégica, más que con una posición antioccidental. De hecho, la sintonía entre Brasil y la Unión Europea y, por ejemplo, entre Lula y el presidente Macron de Francia es muy intensa. El apoyo de Lula para concluir el acuerdo de asociación entre la Unión Europea y el Mercosur es claro.

Y, desde cualquier punto de vista, así como en su día el vicepresidente estadounidense James David Vance acusó a Alemania y a Europa de estar persiguiendo la libertad de expresión y salió en defensa de la extrema derecha como alternativa para Alemania, en el caso de Bolsonaro con Trump ocurre otro tanto, y una postura de ese tipo es totalmente inadmisible.

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