En la cumbre del APEC 2025 en Gyeongju, el presidente Gabriel Boric asumió un protagonismo poco habitual para América Latina al reafirmar el papel de Chile como actor abierto al mundo y al libre comercio.
Cuando Chile llega como el único país de América Latina con su presidente en la mesa principal de la APEC, la señal resulta tanto simbólica como estratégica. Boric utilizó su intervención para recordar que su país se compromete con reglas compartidas, intercambio fluido y gobernanza global, conceptos que cobran urgencia en un momento de tensiones geopolíticas elevadas.
El discurso de Boric giró alrededor de tres ejes: vincular Asia-Pacífico con América del Sur, posicionar a Chile como fuente de recursos clave para la transición energética y renovar el contrato internacional que une comercio, inversión y responsabilidad ambiental. En su mensaje resaltó que manifestarse firmemente a favor del multilateralismo implica actuar desde la cooperación. Esa matización importa, porque Chile busca presentarse como participante activo de un sistema global en transformación.
Latinoamérica suele aparecer en estas cumbres como espectadora. La presencia de Boric rompe esa tendencia. Para Chile, el comercio con las economías del Pacífico representa cerca del 67 % de su intercambio exterior. Ese dato describe una dependencia, pero también una oportunidad: invertir en hidrógeno verde, litio y tecnología se convierte en entrada no solo a Asia, sino al futuro industrial del mundo. En este contexto, la elección de Boric de viajar y hablar desde Asia-Pacífico tiene un coste político en lo interno, pero también un dividendo de prestigio externo.
Sin embargo, el multilateralismo proclamado depende de que las reglas funcionen y beneficien de modo tangible. Los exportadores latinoamericanos, incluida Chile, necesitan que el libre comercio se traduzca en resultados concretos. Además, la posición chilena se desarrolla en un escenario donde China ejerce liderazgo, Estados Unidos busca reactivarse comercialmente y el proteccionismo gana fuerza. Que Boric hable desde la APEC significa también aceptar la competencia y asumir riesgos.
En el plano nacional, la apuesta por la apertura global y la responsabilidad ambiental conecta con el discurso interno del gobierno chileno. Pero esa coherencia exige resultados: empleos ligados a industrias verdes, diversificación de la oferta exportadora y mejora en la educación tecnológica. En ausencia de esos frutos, el multilateralismo puede quedar como promesa simbólica más que como eje transformador.
Para un medio hispano con mirada latinoamericana como Hoy24, este momento de Chile ofrece varias claves. Una economía pequeña o mediana puede trascender su periferia cuando redefine su estrategia internacional. Los discursos globales deben acompañarse de hechos: inversiones, infraestructura y gobiernos abiertos. Y el papel de América Latina en la gobernanza mundial puede renovarse si emerge un liderazgo que combine visión externa y sensibilidad local.
Lo que Chile hace en este escenario, y lo que Boric representa, es un experimento regional: inserción estratégica en el eje Asia-Pacífico con valores latinoamericanos de solidaridad, derechos humanos y desarrollo sostenible. Como todo experimento, su éxito dependerá de la ejecución más que del enunciado.
La cumbre de Gyeongju podría quedar como tarjeta de visita, aunque el verdadero examen llegará con los resultados: exportaciones más sólidas, industrias transformadas, recursos naturales que generen valor y una regla internacional que funcione también para los países del sur.