Bolivia elige: ¿fin de la hegemonía del MAS?

17 août 2025 - 09:56

Los bolivianos votan este domingo en unas elecciones generales que podrían marcar un punto de inflexión histórico. Tras dos décadas de predominio del Movimiento al Socialismo (MAS), las encuestas apuntan a un giro hacia el centro o la derecha en la presidencia y en el Parlamento.

La Paz amaneció con largas filas en los colegios electorales. La ciudadanía acude a las urnas para escoger presidente, vicepresidente, senadores y diputados que guiarán el rumbo político de Bolivia durante el próximo quinquenio. El trasfondo no es menor: se trata de los primeros comicios en dos décadas donde el MAS, fundado por Evo Morales, llega debilitado y con el riesgo real de perder el control del Ejecutivo y del Legislativo.

El desgaste de veinte años de hegemonía se refleja en las encuestas. La fragmentación interna, las denuncias de corrupción y las tensiones entre el expresidente Evo Morales y el actual mandatario Luis Arce han erosionado la imagen de un partido que durante años se presentó como garante de estabilidad y redistribución social. Los sondeos coinciden en que el voto urbano, especialmente en La Paz, Santa Cruz y Cochabamba, se inclina hacia fuerzas de centro y derecha que prometen modernización institucional y un giro en la política económica.

Los principales candidatos de la oposición han insistido en la necesidad de “recuperar la confianza” de la comunidad internacional, atraer inversión privada y replantear el modelo extractivista, piedra angular del proyecto masista. Aunque difieren en matices, comparten la idea de reducir la confrontación ideológica y priorizar la gestión económica.

Para el MAS, el desafío es doble: evitar una derrota que fracture definitivamente su proyecto histórico y demostrar que aún conserva un arraigo rural y popular capaz de contrarrestar el voto urbano. En las comunidades indígenas y campesinas, la fidelidad al partido se mantiene, aunque ya no con la misma intensidad que en los años de mayor popularidad de Morales.

Más allá de la aritmética parlamentaria, lo que está en juego es el equilibrio político del país. Si el MAS pierde la presidencia pero conserva fuerza en el Congreso, Bolivia podría entrar en una etapa de cohabitación tensa. En cambio, un triunfo claro de la oposición abriría un ciclo de reformas que podría desmontar parte del legado masista.

La dimensión regional también es significativa. Bolivia fue durante dos décadas un referente del giro a la izquierda en América Latina. Su eventual viraje hacia el centro o la derecha encajaría con un mapa político regional en transformación, donde el progresismo ha cedido terreno frente a opciones más pragmáticas o conservadoras. Para países vecinos, el desenlace boliviano será observado como termómetro de tendencias.

Sea cual sea el resultado, estas elecciones marcan el fin de una era. El voto de hoy no decide únicamente quién gobernará los próximos cinco años, sino si Bolivia cierra el ciclo histórico del MAS o si le concede una última oportunidad de reinvención. En esa decisión se mide la madurez de la democracia boliviana y su capacidad de redefinir el rumbo después de veinte años de hegemonía.

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