Entrevista realizada por Clara Riveros
La máxima autoridad en Colombia históricamente ha gozado de amplias atribuciones y múltiples competencias, siendo estas características propias de esa república hiperpresidencialista ubicada al norte de Sudamérica.
Este jueves, 7 de agosto, el presidente de Colombia, Gustavo Petro, completará tres años de gestión como presidente, jefe de Estado, jefe de gobierno, comandante en jefe de las Fuerzas Armadas y suprema autoridad administrativa. Hay quienes hablan del gobierno Petro como la historia de una oportunidad perdida y desperdiciada por la megalomanía del mandatario, de ahí que perciban el panorama algo sombrío, en estado crítico o de modo inquietante. En el mejor de los casos, notan, el balance de gestión acusa resultados muy magros.
Hace unos días, en la capital española, he tenido ocasión de entrevistar, para Hoy24, al historiador Carlos Malamud, investigador principal para América Latina del think tank Real Instituto Elcano.
Clara Riveros: ¿Cómo ve el panorama de Colombia y cuál es el balance de la gestión Petro, transcurridos tres años del ‘primer gobierno de izquierdas’?
Carlos Malamud: Lo veo complicado y eso es paradójico. Es paradójico porque cuando Gustavo Petro gana las elecciones, gana en medio de una punción muy fuerte por el cambio en la sociedad colombiana. Todo esto, es, en buena parte, lo que explica el triunfo del político.
CR: Gustavo Petro se presenta como el primer presidente de la izquierda colombiana. ¿Está de acuerdo con esta afirmación?
CM: Se presenta, aunque no es cierto, como el primer presidente de la izquierda colombiana. Algo similar ocurrió con Evo Morales, quien se presentó en su día como el primer presidente indígena ya no de Bolivia sino de América Latina, lo que a todas luces es una afirmación errónea. Pero la prensa internacional insistía en esta afirmación. En Colombia ha habido en el pasado un par de presidentes de orientación más centro-izquierdista y social-demócrata, lo cual debe ser considerado a la hora de presentarse con esta característica. Pero, obviamente, desde la perspectiva de la prensa internacional, una afirmación de este tipo vende mucho.
CR: Más allá de esa etiqueta, ¿qué permitió su ascenso y sus primeras acciones?
CM: Lo cierto es que esas expectativas de cambio le permiten a Petro, en su día, articular una gran alianza parlamentaria de un espectro muy amplio, una alianza parlamentaria donde se integran desde el Partido Conservador, el Partido Liberal, el Partido de la U. Lo cual le hubiera permitido, en condiciones normales, transformarse en el gran presidente reformador de Colombia.
CR: ¿Qué ocurrió con esa oportunidad reformista?
CM: Las posibilidades de que con ese amplio respaldo parlamentario sus propuestas de reforma —que eran muy ambiciosas y que pasaban por reformar el sistema fiscal, la salud, las pensiones, la educación, las condiciones laborales, entre otras—, eran grandes. Ocurría sin embargo que, para que todo esto fuera posible, dada la amplitud de esa alianza parlamentaria, debía llegar a acuerdos, articular compromisos y tenía, de alguna manera, que rebajar su “apuesta maximalista” en torno a muchas de estas reformas, pero así y todo estas hubieran supuesto un gran avance para Colombia.
CR: ¿Qué sucedió con el mandatario y por qué agotó tan pronto el ánimo de diálogo edificante y constructivo con amplios sectores de la nación?
CM: Una ambición desmedida, podríamos decir, una falta de apoyatura en la realidad de su país, lo llevaron a romper esa alianza parlamentaria y, de esa posibilidad de convertirse en el gran reformador de la política colombiana, estamos llegando a una situación en la cual el tire y afloje por mantener vivas algunas de las reformas es constante. La amenaza de convocar a una consulta popular apoyada muchas veces en movilizaciones está a la orden del día. Hay quien teme, en Colombia, que las próximas elecciones presidenciales puedan ser puestas en suspenso, que se declare un estado de emergencia nacional y que esto comprometa el futuro institucional del país, convirtiendo a Petro en un dictador. No sé si se llegará a tanto, supongo que no. Por un lado, todavía el sistema institucional colombiano es sólido, hay un cierto equilibrio de poderes, tanto desde el Poder Legislativo como desde el Poder Judicial y esto es algo importante.
CR: ¿Qué ha observado en cuanto al ejercicio de poder de Petro?
CM: Petro tiene un problema, primero, con el sistema político y, segundo, consigo mismo. Con el sistema político porque no termina de entenderlo y consigo mismo porque muchas veces desarrolla conductas que boicotean su gestión directamente.
CR: En cuanto a la remoción de altos cargos y ministros, ¿qué reflexión le merece?
CM: Es solo comparable con la excesiva rotación de funcionarios del presidente argentino Javier Milei. Lo anterior evidencia o prueba el populismo de ambos dirigentes, cuyo fuerte es el personalismo de su gestión.
CR: ¿Y la política exterior del gobierno Petro?
CM: Si hubiera que buscar un solo adjetivo para definir la política exterior de Colombia, podríamos decir que es errática cuando menos. Durante mucho tiempo, más allá de la orientación política de sus gobiernos, la política exterior colombiana se caracterizaba por su profesionalidad, esto es un hecho. Pero bajo la administración de Gustavo Petro el peso del presidencialismo ha sido mucho más que excesivo. Hay algo que caracteriza bastante a los sistemas presidencialistas latinoamericanos, es eso que puede denominarse diplomacia presidencial, donde el protagonismo de los presidentes en la gestión de la política exterior con Petro, creo, se ha superado todos los niveles.