En el corazón de la ciudad de La Paz, el Museo Nacional de Arte de Bolivia ha puesto en marcha un taller de pintura y expresión plástica especialmente diseñado para niños y niñas con autismo y síndrome de Down. La iniciativa forma parte de un programa más amplio de educación artística inclusiva que busca facilitar el acceso al arte a colectivos históricamente marginados.
El taller, impulsado por la Fundación Cultural del Banco Central de Bolivia y respaldado por profesionales en pedagogía especializada y terapeutas ocupacionales, ofrece sesiones semanales en las salas del museo, adaptadas a ritmos, estímulos y capacidades particulares de cada niño. La propuesta combina pintura, escultura, técnicas mixtas y dinámicas sensoriales.
“Queremos que el museo sea un espacio vivo, accesible y sensible a la diversidad”, explicó a Hoy24 Carla Choque, coordinadora del programa educativo del museo. “Este tipo de talleres no solo enriquecen la experiencia de los niños, sino que también transforman la forma en que el arte es concebido: no como un privilegio, sino como un derecho”.
En cada sesión, se promueve el uso de materiales libres de toxicidad, formatos grandes que permiten la expresión corporal y una estructura lúdica que favorece la participación sin presión. Las obras resultantes se exhiben dentro del propio museo, permitiendo que el público general aprecie las creaciones y reflexione sobre las múltiples formas del talento.
Las familias de los participantes han valorado la iniciativa como una oportunidad de integración. “Mi hijo nunca había estado en un museo”, comenta Estefanía, madre de un niño de 9 años con autismo. “Ahora no quiere salir. Se siente parte de algo que lo celebra tal como es”.
El proyecto se enmarca en una corriente más amplia de instituciones culturales latinoamericanas que comienzan a repensar sus espacios en términos de accesibilidad e inclusión, desde la arquitectura hasta los contenidos. En países como México, Chile, Argentina y Colombia, experiencias similares han mostrado cómo el arte puede ser también una herramienta de equidad.
En Bolivia, esta experiencia se presenta como un primer paso hacia una mayor democratización del arte desde las edades tempranas. El Museo Nacional de Arte ha anunciado que los talleres seguirán durante el segundo semestre de 2025, y se prevé la ampliación a otras ciudades del país con apoyo de redes culturales locales.
Además, se está evaluando una segunda fase del programa que incluya formación para guías del museo en atención a públicos neurodivergentes, traducción de materiales a lenguaje de señas y la creación de recorridos adaptados.
En palabras de un docente voluntario: “la inclusión no es una etiqueta, es una práctica cotidiana”. Y desde las paredes del museo más importante del país, hoy esa práctica tiene forma, color y nombre.