En Argentina, la memoria sigue dando frutos. Esta semana, las Abuelas de Plaza de Mayo anunciaron la restitución de identidad del nieto número 140. Su nombre aún no se hace público, pero se sabe que es hijo de Graciela Alicia Romero y Raúl Eugenio Metz, desaparecidos en 1976. Nació en abril de 1977 en el centro clandestino La Escuelita, en Bahía Blanca, y fue apropiado durante la dictadura militar.
Su hermana, Adriana Metz, lo buscó toda la vida. Creció con sus abuelos en Bahía Blanca y en 2012 comenzó a colaborar con las Abuelas. Fue ella quien le dijo al hermano recién hallado: “Ya no estás solo, aquí está tu hermana”. Él vive en Buenos Aires y, hasta este encuentro, había crecido como hijo único, sin saber que su origen estaba marcado por la violencia de un Estado que quiso borrar generaciones enteras.
Las Abuelas de Plaza de Mayo llevan casi cinco décadas buscando a sus nietos desaparecidos. Hijos e hijas de militantes políticos secuestrados, torturados y asesinados durante la dictadura de 1976-1983. La apropiación sistemática de bebés fue parte de un plan de exterminio y disciplinamiento social. La justicia argentina ha reconocido este crimen como delito de lesa humanidad que no prescribe.
En enero de este año ya habían anunciado la restitución de la nieta número 139, hija de Noemí Beatriz Macedo y Daniel Alfredo Inama, desaparecidos en 1977. Y en los últimos meses, la organización ha visto multiplicarse las consultas gracias a la serie “El Eternauta”, basada en la obra de Héctor Oesterheld, cuyos nietos también fueron apropiados tras la desaparición de sus hijas.
La presidenta de Abuelas, Estela de Carlotto, celebró este nuevo hallazgo como un triunfo colectivo: “Vamos a luchar para que la verdad no se apague”, dijo. Su frase resume la esencia de esta historia: la memoria no es pasado; es presente y futuro. Cada nieto recuperado devuelve un nombre verdadero y un lugar en el árbol familiar que la dictadura intentó podar para siempre.
Argentina demuestra que la verdad, tarde o temprano, encuentra su camino. Que la identidad se busca y se defiende. Y que cada nieto restituido no es solo un logro de sus abuelas o su familia, sino de un país entero que decidió no olvidar.