La polémica en torno al modelo “Oaxaca Slip-On” obligó a Adidas a disculparse con los artesanos de Villa Hidalgo Yalalag. La denuncia por apropiación cultural reabrió el debate sobre los límites entre inspiración y explotación, en un país que defiende con firmeza la propiedad colectiva de sus tradiciones.
La escena resultó poco común: ejecutivos de la firma alemana trasladándose hasta una comunidad indígena en Oaxaca para reconocer públicamente que su calzado se inspiró en los huaraches locales. “Entendemos que esta situación pudo haber causado malestar, por lo cual les ofrecemos una disculpa pública”, dijo Karen González, directora legal de Adidas México, en una ceremonia donde los artesanos escucharon la promesa de colaboración futura.
El conflicto estalló tras el lanzamiento del “Oaxaca Slip-On”, diseñado por Willy Chavarria, un creador estadounidense de raíces mexicanas que ya se había disculpado semanas antes. El modelo reproducía con mínima variación los tradicionales huaraches: tiras de piel trenzadas con paciencia artesanal, solo que ahora montadas sobre una gruesa suela deportiva. El parecido fue suficiente para encender las acusaciones de apropiación cultural.
El reclamo trascendió lo local. La presidenta Claudia Sheinbaum respaldó la queja de los pobladores, mientras el gobierno federal advirtió que buscaría un resarcimiento por el uso indebido del patrimonio cultural. No es la primera vez que México confronta a marcas internacionales que industrializan diseños ancestrales sin reconocer ni retribuir a sus creadores: casos similares han involucrado a casas de moda europeas y firmas textiles globales.

Representantes de Adidas, del estado de Oaxaca y del alcalde de Villa Hidalgo Yalalag
La disculpa de Adidas, aunque tardía, marca un precedente. Al comprometerse a trabajar con la comunidad de Villa Hidalgo Yalalag, reconoce implícitamente que la “inspiración” no puede desligarse de la autoría colectiva. Los artesanos oaxaqueños producen apenas unos tres pares de huaraches al día, vendidos en torno a 20 dólares. Frente a ellos, una multinacional capaz de fabricar miles de pares en cuestión de horas ejemplifica la desproporción entre la economía global y el trabajo artesanal.
El episodio invita a reflexionar sobre la delgada línea entre homenaje y expolio. El diseño contemporáneo puede dialogar con la tradición, pero cuando ese diálogo se traduce en lucro unilateral, deja de ser inspiración y se convierte en apropiación. En este caso, la disculpa pública de Adidas abre la posibilidad de un nuevo modelo: aquel en el que la industria reconoce la autoría, paga por ella y comparte beneficios.
Porque al final, no se trata de impedir que los huaraches crucen fronteras, sino de asegurar que quienes los han tejido por generaciones sean también protagonistas de esa historia.