Argentina: el país que deslumbra… y que huye

24 novembre 2025 - 19:33

Dos noticias han sido destacadas en la prensa internacional en las semanas recientes y llaman la atención sobre la Argentina y sus contrastes. La primera: Buenos Aires ha obtenido el primer puesto en la categoría de “Ciudad más deseada del mundo” en un ranking internacional (Wanderlust Reader Travel Awards 2025). Según este, Buenos Aires ha sido elegida este año, por primera vez, como la ciudad más atractiva del mundo. Esa distinción se basa en los criterios y opiniones de una comunidad global de viajeros experimentados que anualmente eligen sus destinos favoritos en distintas categorías. La capital argentina destaca por su diversidad cultural, musical, gastronómica y, naturalmente, por la hospitalidad porteña, así como por “su cultura de cafés y su vibrante escena creativa”, con 287 teatros, 380 librerías, 150 museos, más de 7000 restaurantes y espectáculos durante todo el año que enriquecen la experiencia de los viajeros y visitantes, además de los locales.

La segunda noticia: casi 900.000 argentinos están gestionando, tramitando y buscando convertirse en ciudadanos españoles. La Argentina encabeza el ranking mundial de solicitudes de ciudadanía española y el 40% del total de peticiones. La intención es clara: emigrar a Europa.

Ambas realidades son fácticas en paralelo. No se excluyen.

Es posible asentir a todo lo anterior con cierto conocimiento de causa. Buenos Aires es posiblemente mi ciudad favorita en América Latina y el espacio en el que culturalmente, (hablando comparativamente de los países y ciudades que conozco), me siento más cómoda, próxima, vinculada, acogida y socialmente representada. Quizá sea por la misma razón que con Buenos Aires siento mucha más pertenencia que con mi ciudad Bogotá y que con la sociedad porteña sea con quien más vínculos y conexiones he creado en el tiempo, a nivel personal y profesional. Mis grandes amigos de la vida son porteños y en sentido amplio argentinos. También porque la amistad allí se vive de otra manera. En Colombia, a excepción del Caribe que es el único espacio que emocionalmente me mueve y me conmueve, siento enorme desconexión a todos los niveles desde hace años. Dejé Argentina porque política y económicamente era caótica e inviable, como sigue siendo todavía hoy para muchos argentinos.

Pero sí llama la atención que haya un gran número de argentinos que quieren emigrar, aquí solo he referido a quienes están tratando de hacerse españoles, pero quedan muchos más que buscan llegar a otros destinos. Cuando vivía en Miami Beach a menudo bromeaba con renombrar el lugar como ‘Colonia Argentina’ porque cuantitativamente la mayor cantidad de gente que conocí, de ese lado del mundo, es de dicha procedencia.

A menudo se habla de que la economía argentina está mejorando y de que la situación del país hoy es mejor. La baja inflacionaria es citada regularmente y se estima que redunda favorablemente en el día a día de los ciudadanos.

Consulté a algunos analistas y expertos para tratar de entender tres asuntos: ¿Cómo se explica o interpreta que haya cientos de miles de argentinos tratando de obtener la ciudadanía española con miras a emigrar? ¿Por qué no hay confianza en la estabilización del país? ¿Cuál sería la mayor motivación para que hoy haya argentinos deseando emigrar a Europa?

El abogado, internacionalista, académico y exembajador Juan Pablo Lohlé explica que el gobierno Milei ha logrado algunos objetivos importantes: “bajó la inflación y el gasto público. Lo apoya un 35%, pero el resto es volátil. El «caso $Libra» y el de los fondos para discapacitados, que involucran directamente al gobierno en la corrupción endémica, motivan la desconfianza de la ciudadanía”. ¿Ese sigue siendo un aliciente para dejar el país? “Sí. Por falta de oportunidades de trabajo. Lo que no sale en los medios es que cierran 26 PyMES por día”, puntualiza Lohlé.

Para el exvicecanciller Fernando Petrella, sus conciudadanos no solo están mirando hacia España, Italia y Miami, entre otros destinos populares deseados por los argentinos a la hora de emigrar. “La tendencia se desarrolló después del default post De la Rua. Eso nos sacó del mundo económico, del crédito, etc. Cayó el empleo privado que no se crea desde hace mucho y a partir de ese evento. La recomposición nuestra no es cosa de solo dos años. Si todo sale bien necesitaremos dos mandatos y el eclipse final del aislacionismo kirchnerista. Por otra parte, también hay que tener en consideración que Europa trata recuperar “sangre”, por decirlo de algún modo, ante la baja dramática de la natalidad. Y actualmente hay mayor preferencia por inmigrantes con culturas afines. En Italia hasta regalan casas a restaurar en las montañas y en España igual. Esa sería una sintética explicación general”, observa el diplomático.

El escritor e historiador y presidente del Club Francés de Buenos Aires, Roberto Azaretto, sugiere que, a diferencia de otros países latinoamericanos donde las remesas son la principal fuente de ingresos, en Argentina eso no sucede, la balanza de remesas es negativa, un hecho que invita a ver la emigración argentina sin alarmismo. No se van tantos argentinos como parece. La economía argentina está estancada desde comienzos de siglo y el producto por habitante es algo inferior al que había en 2011, si se lo mide en dólares constantes. La incertidumbre dificulta el optimismo y, aunque la inflación ha bajado, sigue siendo alta. Este año puede terminar en un 30% anual, es un índice altísimo, incluso si fuera de 10% también sería alarmante. Todavía falta para tener un índice de inflación de un dígito. Por otra parte, agrega el historiador, hay más factores a considerar. Hay países sin inflación donde la economía no crece.

Azaretto observa que en dos o tres años Argentina podría avanzar hacia la solución de varias de sus dificultades y lograr mejores indicadores que permitan un mayor nivel de confianza de la ciudadanía, así como mayores expectativas sobre el futuro dentro del país. Especialmente en relación con las potencialidades de Vaca Muerta (petróleo, gas y la producción minera de cobre, litio y plata). Pero, “habrá que ver qué hacemos con eso. Si vamos a ser Venezuela o Noruega. Esto tiene que ver puntualmente con la capacidad de invertir bien. Si vamos a la experiencia de la primera década de este siglo, la Argentina derrochó una gran entrada no prevista de dólares (por la mejora substancial en los precios internacionales de sus commodities) y, sin embargo, hizo un gran derroche. Hubo mejoras circunstanciales, distribución, pero no inversión. Hubo varios años en que la gente se sentía bien, pero eso se acabó. Es como quien gana el billete de lotería de Navidad y en vez de decir voy a hacer una inversión, para fortalecer su situación con vistas al futuro, lo gasta todo en las cosas que le habría gustado tener y que no había tenido antes y, cuando se termina la plata, vuelve a la situación anterior. Es un poco lo que ha pasado en la Argentina desde hace un tiempo. Pero el porcentaje de población argentina en el exterior no llega al 2%. Uruguay, que para muchos es un ejemplo de estabilidad institucional y económica, tiene el 40% de su población en el exterior, así que estamos dramatizando la situación de la Argentina en cuanto al tema migratorio”, concluye.

Un colega argentino destaca que: “Desde 1975, y en adelante, todos los indicadores de empleo, pobreza, desarrollo económico, aptitud laboral y oferta de empleo se derrumbaron a niveles alarmantes: la pobreza y el desempleo registrado real (hay mucha precarización), por ejemplo, treparon del 5% al 30% de pobreza por ingresos y 50% de NBI, además de una notable degradación educativa. Tanto la pobreza estructural (vivienda, servicios básicos, educación, subsistencia), como la pobreza monetaria (capacidad de generar ingresos suficientes para el hogar) influyen en la desconfianza de la ciudadanía. Incluso si la pobreza estructural se ha reducido en las últimas décadas, no ha ocurrido lo mismo con la pobreza monetaria. Estos factores devienen en aliciente para buscar un mejor futuro en otros destinos. La coyuntura interna del país, su política y su economía, afectan el día a día de millones de ciudadanos. Y a ello podría añadirse la percepción que muchos argentinos tienen de que su situación material, su desarrollo profesional y sus legítimas aspiraciones en términos de calidad de vida, podrían verse realizadas en otros países. Todos estos factores inciden, motivan y alientan a muchos compatriotas a emigrar”.

“Desde hace muchos años, la inestabilidad económica y la falta de seguridad jurídica vienen destruyendo la confianza en el país”. “El populismo cleptocrático de Fernández de Kirchner, la estrechez de la gestión Macri y el muy inepto presidente Alberto Fernández, anteceden al gobierno populista de Javier Milei. Del kirchnerismo se puede decir que fue un típico período bolivariano, donde la corrupción y el alineamiento automático del peronismo nos llevaron a una crisis que se manifiesta en este fenómeno”. “En tiempo más reciente, lo único que pudo ofrecer el peronismo fue a Sergio Massa, ministro de Fernández y que nos dejó con estanflación. Milei, como votos propios, tenía el 30%, pero se impuso en el balotaje. Y con una fórmula unidireccional (financiera) frenó la inflación y el déficit, pero también la obra pública, la generación de empleo, el poder adquisitivo del salario, el crédito para la vivienda”. “Milei, todavía, no garantiza nada. Y encima es proyanqui en un país antiyanqui”, son las miradas y percepciones que comparten de forma descontracturada y espontánea algunos argentinos.

 

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