Colombia fue sede de la IV Cumbre UE–CELAC, celebrada en Santa Marta entre el 9 y 10 de noviembre. Mientras que para el gobierno colombiano fue un éxito, para otros se trató de un evento irrelevante, sin trascendencia ni brillo. Lo más notable del encuentro han sido las ausencias, destacadas por la prensa internacional, más que las asistencias.
No obstante, los integrantes de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) y de la Unión Europea (UE) emitieron una Declaración de 52 puntos y debatieron sobre la profundización del multilateralismo y la lucha contra el narcotráfico, entre otros temas. Varios países se abstuvieron de adscribir a algunos párrafos de la Declaración por desacuerdos en temas puntuales. Hoy 24 ha conversado en las primeras horas de este martes con investigadores y expertos, a lado y lado del Atlántico, en torno al balance de dicho evento.
El canciller de Uruguay, Mario Lubetkin, negaba hace unos días a France 24 que la Cumbre UE-CELAC hubiese fracasado y destacaba, en cambio, la importancia de mantener conversaciones. Pero no toda la diplomacia en la región coincide con la mirada, políticamente correcta, de Mario Lubetkin.
En diálogo a micrófono cerrado con este medio, embajadores latinoamericanos se han animado a decir un poco más, ya de modo confidencial y extraoficial, con atribución de reserva total. Así las cosas, algunos han hablado de una cumbre deslucida, lidereada por un jefe de Estado con un discurso altisonante y quien infortunadamente ha alterado y dañado la tradicional política exterior colombiana que gozaba, en el pasado, de credibilidad y reputación por su profesionalismo ya sea con diplomáticos de carrera o funcionarios de muy alto nivel y amplia experiencia en el mundo diplomático a diferencia de lo que hoy tiene el país sudamericano.
“En primer término, creo que CELAC es un agrupamiento de países que al dejar fuera a Canadá y Estados Unidos no se condice con la realidad geopolítica del continente. En consecuencia, pasa a ser un ámbito básicamente declarativo. En la coyuntura de estos últimos años ha servido para marcar diferencias claras con Canadá-Estados Unidos e incluso el USMCA/ Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá.
De escaso valor práctico para la realidad de nuestros pueblos, necesitados de crecimiento económico, ante todo. La Cumbre de Santa Marta se encuadra en esa ‘diplomacia declarativa’ agravada por la poca participación de jefes de Estado. Profundizar la vinculación económica con la Unión Europea es muy importante para toda la región. Una prueba sobre la decisión política de la UE en este sentido estará dada por la aprobación del Acuerdo Mercosur-UE. Esperemos que dicha aprobación se concrete. Sudamérica debería dar nuevo impulso a una confluencia económica hemisférica, Mercosur-USMCA- Alianza del Pacífico/CPTPP (Acuerdo Amplio y Progresista de Asociación Transpacífico), así como con China y la India. Las propuestas las tenemos que hacer los sudamericanos”, ha expresado un embajador latinoamericano a Hoy 24.
Desde Europa, el balance tampoco es más positivo. En diálogo con los investigadores del Real Instituto Elcano, Carlos Malamud y Rogelio Núñez, respecto a sus impresiones y balance de la IV Cumbre, indican que “la cita de Santa Marta retrata la coyuntura geopolítica regional marcada por la fragmentación y por la pésima relación interpersonal entre muchos presidentes”.
“La cita en Santa Marta confirma la importancia del organizador de la cumbre y, muy especialmente, de su lugar de realización. Esto se vio en la Cumbre UE – CELAC en Bruselas en 2023 o, en sentido contrario, en la Cumbre Iberoamericana de 2024 en Cuenca, Ecuador. El problema de la deficiente infraestructura se repitió en Santa Marta, lo que agravó el problema de la participación”, agregan Malamud y Núñez, al observar la escasa presencia de jefes de Estado y destacar que la participación de Lula da Silva y de Pedro Sánchez salvaron el evento, pero que es fundamental para el éxito de estas cumbres que se aseguren las presencias de México y Brasil al más alto nivel.
“En definitiva, la Cumbre en Santa Marta puede ser contemplada con una mirada agridulce. Su misma celebración es una buena noticia porque da continuidad y proyección hacia el futuro a la alianza estratégica eurolatinoamericana. Cabe recordar que durante ocho años ambas regiones vivieron de espaldas la una hacia la otra: no se celebraron cumbres entre 2015 y 2023. Sin embargo, la cita colombiana no sirvió de marco para anunciar la ratificación del acuerdo con Mercosur, clave del arco para relanzar el vínculo UE-CELAC”, señalan los investigadores de Elcano a la vez que puntualizan que si bien hubo movimientos estratégicos también han quedado grandes dudas generadas por las ausencias y las divisiones internas que lastran la alianza.
Por su parte, la Cancillería colombiana ha valorado la IV Cumbre UE-CELAC como un éxito, jugando su rol de presidencia pro tempore de la CELAC. Pero la crítica no va a salir precisamente del anfitrión, de fuerte tendencia a la megalomanía y acostumbrado a la grandilocuencia en las palabras. Es apenas natural que exalte la reunión de 58 de las 60 delegaciones que conforman ambos bloques y la emisión de una Declaración conjunta desde una ciudad caribeña, siendo el Caribe protagonista en meses recientes por las operaciones militares de Estados Unidos contra presuntas embarcaciones de narcotraficantes.
“Esta cumbre es un éxito porque nos logramos manejar dentro de los disensos sin mojigatería. Fuimos capaces de ponernos de acuerdo y expresar desacuerdos de una manera civilizada”, manifestó el viceministro Mauricio Jaramillo Jassir sobre la Declaración conjunta de la que se abstuvieron varios países (Argentina, Costa Rica, El Salvador y Ecuador) en algunos párrafos por el enfoque y el tratamiento de las cuestiones y problemáticas en relación con Gaza, con la administración Trump o la Agenda 2030. Venezuela también se abstuvo de sumarse al apartado de la Declaración que incluía garantías de elecciones libres. Un logro, sin duda, es que el gobierno colombiano haya suscrito el rechazo a la guerra e invasión de Ucrania, tema que a lo largo del gobierno Petro ha sido minimizado y tratado con indiferencia.
Los consensos se dieron en torno a la defensa del multilateralismo y a la necesidad de reformar el sistema general de las Naciones Unidas o a la promoción de un latinoamericano que suceda a Antonio Guterres en Naciones Unidas.
La amplitud de la Declaración, dicen algunos, no sumó, sino que le restó contundencia al mensaje que pretendía transmitir. Para Malamud y Nuñez, “la larga Declaración final es extensa, generalista y posee poca capacidad de concreción. Hechos y no palabras es lo que necesita América Latina. Eso lo ha comprendido muy bien China y es la estrategia pragmática que mueve a Donald Trump”, señalan.
En el mismo sentido, el diario colombiano El Tiempo, recoge algunas miradas e interpretaciones sobre la Cumbre que resultan útiles para entender su impacto real.
“Esta es una Declaración piñata. Cabe todo tipo de cosas, todo el mundo tiene cabida y se refiere a algún interés especial. Una Declaración de 52 puntos se diluye”, ha dicho el excanciller Julio Londoño Paredes.
“Esto muestra que la capacidad de articular intereses por parte del gobierno colombiano está menguada, incluso cuando se tocan temas cuasi existenciales”, ha indicado al diario colombiano el director de la Maestría en Estudios Internacionales de la Universidad Javeriana, Eduardo Velosa.
“Más allá de los problemas de agenda argumentados por el gobierno colombiano, la tasa [de participación de jefes de Estado] es muy baja y esto habla del nivel de convocatoria que tuvo la Cumbre en el contexto actual”, agrega Velosa.
La edición previa de la Cumbre UE-CELAC, celebrada en Bruselas en 2023, contó con la presencia de más de 30 jefes de Estado de ambos bloques. A la Cumbre gestionada por Colombia asistieron nueve jefes de Estado, algunos sugieren que esta es una buena medida para establecer el éxito de la convocatoria y la relevancia (o no) de un evento que ha transcurrido sin trascendencia ni brillo en el exterior. Salvaron, de alguna manera, las asistencias del presidente del Consejo Europeo, António Costa y del presidente de la República Federativa de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva. Además de la primera ministra de Barbados, Mia Amor Mottley; el primer ministro de Portugal, Luis Montenegro; el primer ministro de Belice, John Briceno; el primer ministro de Finlandia, Petteri Orpo; y el jefe de gobierno de España, Pedro Sánchez. Pero las ausencias de Emmanuel Macron, presidente de Francia, de Úrsula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea y Friedrich Merz, canciller alemán, fueron más que evidentes, asimismo, la de Yamandú Orsi, presidente de Uruguay, país que recibirá la presidencia pro tempore de la CELAC.