Bruselas confirma a España como locomotora europea impulsada por la inmigración

18 novembre 2025 - 11:16

La Comisión Europea revisó al alza sus previsiones macroeconómicas para España, elevando tres décimas el pronóstico de crecimiento del PIB tanto para 2025 como para 2026, hasta el 2,9% y el 2,3% respectivamente. El Ejecutivo comunitario subraya que la inmigración sostenida constituye un factor determinante en el dinamismo del mercado laboral español, que registrará niveles de desempleo históricamente bajos, mientras la demanda interna se perfila como el motor fundamental de una expansión económica que duplica la media de la eurozona.

La Comisión Europea presentó este lunes sus Previsiones Macroeconómicas de Otoño con datos particularmente favorables para España, que se consolida como la gran economía de la zona euro con mejor desempeño durante el horizonte temporal analizado. El Ejecutivo comunitario elevó tres décimas su pronóstico de crecimiento del Producto Interior Bruto español para 2025 y 2026, situándolo en el 2,9% y el 2,3% respectivamente, frente al 2,6% y el 2% anticipados en las previsiones de primavera. Para 2027, Bruselas estima que la economía española crecerá un 2%, manteniendo un ritmo de expansión muy superior al de las principales economías europeas.

Las nuevas proyecciones sitúan a España por delante de Alemania, que apenas crecerá un 0,2% en 2025; Francia, con un 0,7%; Italia, con un 0,4%; o los Países Bajos, con un 1,7%. La media de la eurozona se situará en el 1,3% este año y el 1,2% en 2026, lo que evidencia el excepcional comportamiento relativo de la economía española en un contexto europeo marcado por la incertidumbre comercial, las tensiones geopolíticas y el débil dinamismo de las principales economías del continente. El ministro de Economía español, Carlos Cuerpo, valoró estas cifras como una sorpresa positiva, destacando que España está menos expuesta al impacto de los aranceles estadounidenses que otros socios europeos.

Bruselas se suma así a la revisión al alza que otros organismos internacionales han realizado en los últimos meses sobre las perspectivas de crecimiento españolas. El Fondo Monetario Internacional elevó en octubre su pronóstico al 2,9% para 2025 y al 2% para 2026, mientras que la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico fijó en septiembre sus estimaciones en el 2,6% y el 2% respectivamente. La convergencia de estas previsiones subraya el sólido comportamiento de la economía española, que supera incluso las propias estimaciones del Gobierno de Pedro Sánchez, que había proyectado un crecimiento del 2,7% en 2025 y del 2,2% en 2026, aunque el lunes anunció que elevará su pronóstico al 2,9% para igualar la cifra de Bruselas.

La inmigración como factor clave del dinamismo económico 

El análisis de la Comisión Europea identifica la demanda interna como el principal motor de crecimiento de la economía española entre 2025 y 2027, impulsada fundamentalmente por el consumo de los hogares y el buen desempeño de la inversión. El informe subraya que el gasto de los consumidores se beneficiará de un mayor poder adquisitivo y un crecimiento adicional del empleo en un contexto de inmigración sostenida, un factor que Bruselas considera determinante para explicar el excepcional comportamiento del mercado laboral español.

La Comisión prevé que la tasa de desempleo se reduzca hasta el 10,4% en 2025, al 9,8% en 2026 y al 9,6% en 2027, gracias a un inesperado aumento del empleo que atribuye sobre todo a la llegada de inmigrantes. Aunque estos niveles representan las cifras más bajas en más de una década, Bruselas señala que España mantiene una de las tasas de paro más elevadas de la Unión Europea, evidenciando que persisten desafíos estructurales en el mercado laboral pese a la mejora sustancial de los últimos años.

El reconocimiento explícito de la inmigración como factor determinante del crecimiento económico contrasta con los discursos políticos restrictivos que predominan en buena parte de Europa. El informe de la Comisión plantea que uno de los principales riesgos para las perspectivas económicas españolas reside precisamente en una posible desaceleración de los flujos migratorios más pronunciada de lo previsto, lo que podría reducir el dinamismo del mercado laboral y afectar negativamente al consumo privado. Esta advertencia pone de relieve la dependencia de la economía española respecto a la capacidad de integrar trabajadores extranjeros en sectores clave como la hostelería, la construcción, los cuidados o la agricultura.

Las previsiones apuntan que el crecimiento de los salarios nominales se mantendrá por encima de la tasa de inflación en 2025, lo que permitirá continuar la recuperación del poder adquisitivo de los hogares, aunque el aumento de los ingresos reales se moderará durante los dos años siguientes. Bruselas estima que la inversión empresarial también contribuirá significativamente al crecimiento, aunque advierte que el sector privado podría mantener una actitud de cautela prolongada si se materializa un período de menor actividad económica en los principales socios comerciales de España.

Otros riesgos identificados por el Ejecutivo comunitario incluyen la posible ralentización de la actividad de los principales socios comerciales, que afectaría negativamente a sectores estratégicos como el turismo, pilar fundamental de la economía española. La persistente incertidumbre en la política comercial internacional, vinculada a los aranceles y restricciones no arancelarias actuales, podría generar un impacto mayor al previsto e interrupciones en las cadenas de suministro que limitarían el potencial de crecimiento.

Mejora del déficit y reducción histórica de la deuda pública 

Las previsiones de la Comisión Europea también mejoran sustancialmente las expectativas sobre el déficit público español. Bruselas anticipa que el desequilibrio presupuestario se reducirá al 2,5% del PIB en 2025, tres décimas menos que lo proyectado en mayo, y al 2,1% en 2026, cuatro décimas por debajo de la anterior estimación. Para 2027, el déficit se estabilizaría en el 2,1% del PIB, consolidando una senda descendente que sitúa a España como la gran economía del euro con mejores cifras de déficit durante el horizonte de proyecciones.

Esta mejora se explica por el aumento de la recaudación fiscal vinculado al crecimiento económico y al menor impacto presupuestario de las ayudas por la DANA que devastó parte de la provincia de Valencia en octubre de 2024. En 2026, el déficit continuará reduciéndose a pesar del aumento del gasto en intereses y pensiones, dado que este incremento se verá compensado por la reducción de las ayudas energéticas, la disminución de las transferencias extraordinarias por catástrofes y los ingresos que generará el tipo mínimo global del quince por ciento para las multinacionales.

La trayectoria de consolidación fiscal prevista por Bruselas se ajusta al plan comprometido por el Gobierno español con la Unión Europea, según el cual la senda descendente del déficit público permitirá alcanzar el objetivo de reducir el desequilibrio presupuestario al 0,8% del PIB en 2031. Este compromiso forma parte del nuevo marco de gobernanza fiscal europea, que exige a los Estados miembros con niveles elevados de deuda presentar planes creíbles de consolidación presupuestaria a medio plazo.

La relación entre deuda pública y PIB experimentará una reducción significativa durante el período analizado. La Comisión prevé que la deuda se sitúe en el cien por ciento del PIB en 2025, gracias a que el crecimiento del PIB nominal supera el coste del servicio de la deuda. Esta senda descendente continuará en 2026, cuando la ratio caerá al 98,2% y bajará del umbral psicológico del cien por ciento por primera vez desde 2019, un hito simbólico que refleja la mejora de la sostenibilidad de las finanzas públicas españolas. En 2027, la deuda se reducirá hasta el 97,1%, consolidando una trayectoria que combina crecimiento económico sostenido y reducción gradual del déficit.

Bruselas señala que tras una política fiscal ligeramente expansiva en 2025 y 2026, se prevé que esta se vuelva contractiva en 2027 tras la finalización del Mecanismo de Recuperación y Resiliencia, el programa financiado con los fondos europeos Next Generation EU que ha permitido impulsar inversiones estratégicas en digitalización, transición energética y cohesión social. La retirada progresiva de estos recursos extraordinarios obligará al Gobierno español a mantener la disciplina presupuestaria para continuar reduciendo el déficit sin comprometer el crecimiento económico.

En cuanto a la inflación, la Comisión Europea ha revisado al alza sus previsiones, estimando que la tasa armonizada alcanzará el 2,6% en 2025, tres décimas por encima de lo anticipado en mayo, antes de moderarse al 2% en 2026 y estabilizarse en ese nivel en 2027, en línea con el objetivo del Banco Central Europeo. Esta desaceleración estará impulsada por la moderación de los precios de los alimentos y, en menor medida, de los servicios, que descenderán de forma más gradual en consonancia con un menor crecimiento de los salarios reales.

La inmigración es determinante

Las previsiones macroeconómicas presentadas por Bruselas consolidan la imagen de España como economía resiliente dentro de un contexto europeo complejo. La capacidad de mantener tasas de crecimiento superiores al dos por ciento anual, reducir simultáneamente el déficit y la deuda pública, y generar empleo a un ritmo sostenido contrasta con el estancamiento que caracteriza a las principales economías europeas. No obstante, el Ejecutivo comunitario advierte que la persistencia de esta trayectoria favorable dependerá de la capacidad de gestionar riesgos como la evolución del comercio internacional, el mantenimiento de flujos migratorios que alimenten el mercado laboral y la finalización ordenada de los programas extraordinarios de inversión financiados con fondos europeos.

El papel de la inmigración como variable determinante del crecimiento económico español, reconocido explícitamente por la Comisión Europea, plantea desafíos políticos y sociales que trascienden el ámbito estrictamente económico. La necesidad de mantener flujos migratorios sostenidos para garantizar el dinamismo del mercado laboral exige políticas de integración efectivas, sistemas de acogida funcionales y narrativas públicas que contrarresten los discursos xenófobos que ganan terreno en diversos países europeos. El éxito económico español, sustentado en parte sobre la capacidad de incorporar trabajadores extranjeros, constituye un argumento empírico relevante en el debate continental sobre las políticas migratorias y su impacto en el crecimiento y la competitividad.

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