Bolivia cierra dos décadas de socialismo con el nombramiento de Rodrigo Paz

11 novembre 2025 - 09:23

El centrista Rodrigo Paz Pereira asumió este sábado la presidencia de Bolivia, marcando el fin de 20 años de gobierno del Movimiento al Socialismo. Con 58 años, el hijo del expresidente Jaime Paz Zamora hereda una economía devastada por la escasez de dólares y combustibles, con reservas internacionales en mínimos históricos y el país sumido en su primera recesión desde 1986. Su victoria electoral inesperada refleja el agotamiento ciudadano ante una crisis que él calificó como la más grave en cuatro décadas.

La plaza Murillo en La Paz fue testigo este sábado 8 de noviembre de un cambio histórico en Bolivia. Bajo un aguacero que fue interpretado como bendición de la Pachamama, Rodrigo Paz Pereira juró como presidente ante la Asamblea Legislativa Plurinacional, poniendo fin a casi dos décadas de gobiernos del Movimiento al Socialismo encabezados por Evo Morales y Luis Arce. El acto congregó a 45 delegaciones internacionales, incluidos los presidentes de Argentina, Chile, Ecuador, Uruguay y Paraguay, marcando el retorno de Bolivia al escenario regional tras años de aislamiento diplomático bajo los gobiernos socialistas.

Con su juramento solemne ante una Biblia y una cruz, Paz pronunció las palabras que definen su proyecto político. «Dios, patria y familia, sí, juro», declaró el nuevo mandatario, quien inmediatamente recibió la banda presidencial de manos del vicepresidente Edmand Lara, un expolicía convertido en fenómeno de TikTok por su discurso anticorrupción. La fórmula Paz-Lara logró una victoria sorprendente en el balotaje del 19 de octubre, con el 54,53% de los votos frente al 45,47% del conservador Jorge Quiroga, superando todas las previsiones electorales que no los situaban como favoritos.

El discurso inaugural de Paz no escatimó críticas a sus predecesores. «El país que recibimos está devastado, nos dejan una economía quebrada con las reservas internacionales más bajas en 30 años», afirmó el nuevo presidente ante legisladores e invitados internacionales. La dureza de sus palabras reflejó la profundidad de la crisis heredada: Bolivia entró en recesión en el primer semestre con una contracción del 2,4% del PIB, la inflación cerró cerca del 20%, y las reservas del Banco Central apenas alcanzan los 73 millones de dólares, suficientes para apenas 12 días de importación de combustibles según expertos económicos.

Herencia de crisis y promesas de cambio 

La economía boliviana presenta un panorama desolador tras dos décadas de modelo estatista. La caída de las exportaciones de gas natural erosionó las reservas internacionales, amplió el déficit fiscal y generó una escasez crónica de combustibles y divisas que se traduce en largas filas en los surtidores y encarecimiento generalizado de alimentos y servicios. Paz lanzó interpelaciones directas a Morales y Arce durante su discurso. «¿Dónde está el bendito mar de gas que nos prometieron? ¿Dónde está el litio?», cuestionó el nuevo mandatario entre aplausos, evocando las promesas incumplidas de industrialización que caracterizaron el discurso del MAS durante años.

El plan económico de Paz se centra en lo que denomina «capitalismo para todos», un modelo basado en la redistribución fiscal mediante el esquema «50/50» entre el Estado central y las entidades territoriales autonómicas. Durante la campaña, el nuevo presidente prometió apertura al sector privado, control riguroso del gasto público y recorte de más de la mitad de los subsidios a combustibles, que actualmente representan cerca de 2.900 millones de dólares anuales o el 4% del PIB. Su asesor económico José Luis Lupo anunció que el subsidio se levantará «de forma ordenada» para evitar el contrabando y proteger a los sectores vulnerables.

Antes de asumir el cargo, Paz realizó una gira estratégica por Estados Unidos que marcó un giro en la política exterior boliviana. Se reunió con el secretario de Estado Marco Rubio y consiguió un acuerdo preliminar con la Corporación Andina de Fomento para un préstamo de 3.100 millones de dólares destinado a impulsar la recuperación económica. El nuevo mandatario anunció además que cooperará con todas las organizaciones internacionales en seguridad, incluida la Agencia Antidroga estadounidense expulsada en 2008, señalando un cambio radical respecto a las administraciones anteriores que mantuvieron vínculos estrechos con Cuba, Nicaragua y Venezuela.

Desafíos políticos y sociales inmediatos 

El margen de maniobra del nuevo gobierno será estrecho. Paz deberá gobernar sin mayoría holgada en la Asamblea Legislativa, lo que obligará a construcción de coaliciones para impulsar sus reformas económicas. Los sindicatos y movimientos sociales que respaldaron administraciones anteriores mantienen capacidad de protesta y constituyen un factor crucial en las primeras medidas del Ejecutivo. En menos de seis meses, el gobierno enfrentará una prueba electoral con comicios autonómicos para elegir gobernadores y alcaldes, en los que el MAS buscará rearticular sus fuerzas tras la debacle nacional.

El domingo siguiente a su asunción, Paz conformó su gabinete ministerial basándose, según este, “en criterios de meritocracia y trayectoria profesional”. Destacan José Luis Lupo como ministro de Presidencia, con amplia experiencia en cinco administraciones anteriores, Fernando Aramayo como canciller tras su paso por el PNUD, y Mauricio Medinaceli al frente del crucial Ministerio de Hidrocarburos. El presidente enfatizó ante sus ministros la urgencia de resultados. «Bolivia está a punto de recibir una ingente cantidad de recursos del exterior. Solo depende de nosotros dar acceso a esos dólares que quieren venir desde afuera», declaró Paz, quien centralizará sus labores en el antiguo Palacio de Gobierno en lugar de la Casa Grande del Pueblo utilizada por sus predecesores.

El nombramiento de Rodrigo Paz representa un punto de inflexión histórico para Bolivia, insertándose en la corriente regional de nuevos gobiernos liberales tras las victorias de Javier Milei en Argentina y Daniel Noboa en Ecuador. Su capacidad para resolver la crisis de combustibles y dólares en los primeros meses determinará la duración de su «luna de miel» política. «No nos han entregado un trono, sino una tarea», concluyó el nuevo presidente, consciente de que la paciencia ciudadana se medirá por resultados concretos en la superación de una crisis económica sin precedentes recientes.

 

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