Del TLCAN al T-MEC: cinco claves de los acuerdos que reconfiguraron México y apuntalaron el poder económico de Estados Unidos

07 novembre 2025 - 15:44

 

Tres décadas después de la entrada en vigor del TLCAN, que prometía desarrollo y modernización, la República mexicana hace frente a un balance agridulce con sectores beneficiados y otros devastados, viendo amplificados ciertos problemas estructurales.

La entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio de América del Norte en 1994 marcó un punto de inflexión en las relaciones económicas entre México, Estados Unidos y Canadá. Diseñado como herramienta para impulsar el desarrollo económico y reducir las desigualdades históricas, el tratado aspiraba a integrar a México en la economía global mediante la eliminación progresiva de barreras aduaneras. Sin embargo, más de tres décadas después, sustituido desde 2020 por el T-MEC, los resultados han sido profundamente dispares.

Mientras algunos sectores se han beneficiado del comercio global y la integración de cadenas productivas, otros han enfrentado retos devastadores. Indicadores macroeconómicos como el ingreso por habitante y el índice de desarrollo humano han mostrado avances limitados. Para muchos mexicanos, especialmente en zonas rurales, las promesas de progreso no se han materializado. Problemas estructurales como la migración masiva, el crecimiento del narcotráfico, las desigualdades regionales y la dependencia económica evidencian la necesidad de un cambio profundo en el modelo de desarrollo.

  1. Agricultura: el maíz subsidiado que arrasó el campo mexicano

El sector agrícola mexicano enfrentó serios desafíos con la aplicación del TLCAN. Antes del tratado, millones de pequeños y medianos agricultores dependían de la producción de maíz, no solo como base económica sino como elemento central de su identidad cultural y social. La llegada de maíz subsidiado de Estados Unidos inundó el mercado mexicano con productos a precios que superaron la capacidad competitiva de los productores locales. Sin subsidios y políticas de apoyo comparables, muchos campesinos quedaron en desventaja insuperable.

Las reformas económicas iniciadas en los años ochenta, orientadas a la privatización, apertura comercial y menor intervención estatal, culminaron con el TLCAN pero no consideraron las desigualdades estructurales ni las vulnerabilidades de sectores clave. La falta de oportunidades en el campo ha sido un factor determinante en el surgimiento de fenómenos como la migración masiva y la expansión del narcotráfico. Es crucial implementar medidas concretas para reactivar el campo, fortalecer su capacidad productiva y promover un desarrollo más equitativo y sostenible. 

  1. Desigualdad regional: el abismo entre el norte industrial y el sur olvidado

El TLCAN profundizó dramáticamente las desigualdades regionales en México. Mientras las zonas industriales del norte experimentaron crecimiento gracias al modelo maquilador y la integración comercial, las comunidades rurales del sur enfrentaron un creciente rezago. Este desequilibrio impulsó patrones de migración interna hacia las ciudades, acelerando una urbanización desordenada y creando cinturones de pobreza. Las remesas de Estados Unidos se convirtieron en un sustento esencial para muchas familias, aunque al mismo tiempo fomentaron una dependencia económica que limitó el desarrollo de economías locales sostenibles.

La constante migración de jóvenes en edad laboral debilitó más a las comunidades rurales, dejándolas vulnerables y atrapadas en un ciclo de pobreza y exclusión difícil de romper. El TLCAN no logró cerrar las brechas entre México y sus socios del norte; por el contrario, las amplió. La brecha se extendió entre los estados del norte y del sur, donde las desigualdades de nivel de vida hacen preguntarse si sus habitantes pertenecen al mismo país. Entre 1994 y 2012, la Inversión Extranjera Directa se concentró en regiones con mayor infraestructura productiva. 

  1. Narcotráfico: fronteras abiertas para bienes y cerradas para personas

En 1994 inició una nueva era con el TLCAN que abrió las fronteras al intercambio de bienes. El presidente Carlos Salinas pronosticó que México exportaría bienes, no personas, pero en realidad el país empezó a enviar ambos. Las exportaciones mexicanas a Estados Unidos pasaron de 51.000 millones de dólares en 1994 a 384.000 millones en 2021. Sin embargo, la década de los noventa marcó también el inicio de barreras físicas y burocráticas en la frontera sur estadounidense para detener el flujo de migrantes y drogas, mientras el TLCAN continuaba aumentando el flujo de personas y bienes.

Cuando inició el nuevo siglo, los carteles mexicanos habían incrementado su poder y se habían unido inextricablemente a los cuerpos estatales y sociales en América Central y del Norte. Rodolfo Casillas, investigador de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, realizó estudios pioneros sobre cómo los carteles empezaron a controlar la migración en el país. La falta de oportunidades económicas en el campo mexicano creó el caldo de cultivo perfecto para que el crimen organizado reclutara mano de obra y expandiera su influencia territorial, consolidando su control sobre rutas migratorias y comerciales. 

  1. Migración masiva: el éxodo que el tratado no pudo evitar

Entre 1990 y 2009, el número de personas nacidas en México residentes en Estados Unidos casi se triplicó, de 4,5 millones a 12,6 millones. El TLCAN no cumplió la promesa de Salinas de que México exportaría bienes en lugar de personas. Las fuerzas de una revolución demográfica estaban en marcha. Estados Unidos y México pusieron el acento en controlar y frenar la migración deteniendo a los migrantes durante su viaje y luego deportándolos a sus países de origen, ignorando que muchos requerían protección internacional y que la deportación pondría sus vidas en peligro.

El problema de migración requiere que Estados Unidos acepte la necesidad de un acuerdo que permita un proceso ordenado y no violento para que la migración se incorpore al mercado de trabajo. La población estadounidense envejece y no cuenta con una población de reemplazo que permita que la economía siga creciendo. Se requiere establecer mecanismos ordenados que eviten la violencia, la represión y la muerte de los latinoamericanos que buscan ingresar a Estados Unidos. Un gran acuerdo migratorio sería fundamental, con mecanismos claros como el de las visas para trabajadores temporales del sector agrícola. 

  1. Dependencia económica: más comercio pero menos autonomía

El tratado no ha conseguido un crecimiento dinámico de la economía mexicana, pero sí ha logrado que México se vuelva más dependiente de la economía estadounidense. Antes y después del TLCAN, los flujos de Inversión Extranjera Directa hacia México provenían principalmente de Estados Unidos: 61,5% del total en el periodo 1980-1993, y 51,6% para el periodo 1994-2012. Aunque se diversificó la procedencia de la inversión, el país sigue siendo dependiente de lo que ocurra con la economía norteamericana. Más del 50% de las exportaciones mexicanas corresponden a intercambios entre empresas.

El TLCAN, que ratifica la división regional del trabajo, constituye una forma de racionalización del sistema productivo estadounidense. Al unir la ventaja de la proximidad con un fuerte diferencial salarial, las deslocalizaciones industriales aportaron recuperación de competitividad a las empresas de Estados Unidos. Los adversarios mexicanos del tratado lamentaron una “maquiladorización” de México por la generalización de una economía de subcontratación que reposa en bajos salarios y un débil proyecto nacional. La revisión del T-MEC programada para 2026 representa una oportunidad para repensar el modelo de integración regional.

 

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