ESPECIAL VALENCIA. El PP entrega las llaves de Valencia al ultra Abascal

04 novembre 2025 - 12:24

La dimisión de Carlos Mazón ha dejado al Partido Popular en una posición de debilidad extrema frente a Vox, que ahora decide si habrá nuevo presidente o elecciones anticipadas. Mientras Génova intenta imponer su criterio desde Madrid, el PP valenciano vive una guerra interna entre facciones con tres nombres sobre la mesa: Pérez Llorca, Catalá y la opción del tapado. La extrema derecha promete hacer sudar sangre a los populares, y al fondo acecha Francisco Camps preparando su regreso triunfal si se convocan los comicios.

El Partido Popular ha cerrado en falso la crisis más grave de su estructura territorial en años. La dimisión de Carlos Mazón, lejos de resolver el caos político en Valencia, ha abierto un escenario de incertidumbre donde la extrema derecha tiene la última palabra. Alberto Núñez Feijóo ha conseguido apartar a su barón más tóxico, pero al precio de entregar el control de la tercera comunidad autónoma más importante de España a las veleidades de Santiago Abascal.

La dependencia del PP respecto a Vox no es nueva, pero nunca había sido tan descarnada. El socio parlamentario de los populares en Les Corts puede ahora elegir entre tres opciones: aprobar un sucesor propuesto por el PP, exigir un candidato y un programa propios, o bloquear cualquier investidura para forzar elecciones anticipadas. Las encuestas indican que la tercera opción sería la más rentable para la formación ultraderechista, que va disparada en intención de voto tras meses de desgaste del PP.

La reacción de Abascal el mismo lunes de la dimisión no dejó espacio para el optimismo. El líder de Vox dejó claro que no aceptará imposiciones. Criticó duramente que la dirección del PP tomara decisiones sobre Mazón sin consultar con la extrema derecha y lanzó un aviso inequívoco: primero que se aclaren entre ellos, después ya veremos cuál es nuestra postura. La frase resume la estrategia: hacer esperar, aumentar la tensión, exigir concesiones políticas de calado.

Tres candidatos en busca del visto bueno de la ultraderecha

El PP valenciano maneja tres nombres para sustituir a Mazón, aunque ninguno tiene garantías de prosperar. El primero es Juan Francisco Pérez Llorca, secretario general autonómico del partido y hombre fuerte de Mazón hasta hace pocos días. Era el hombre que controlaba el partido y mantenía relaciones fluidas con Vox en Les Corts. Su candidatura surgió del cónclave de Benidorm del 31 de octubre, donde los tres presidentes provinciales acordaron proponerlo como solución transitoria.

Pero esa reunión fue interpretada en Génova como una conspiración inaceptable. La dirección nacional del PP no perdonó lo que consideró una insubordinación: diseñar la sucesión a espaldas de Madrid. Feijóo envió emisarios a Valencia para advertir que no toleraría más movimientos autónomos. Pérez Llorca quedó marcado, aunque sigue siendo la opción más viable desde el punto de vista parlamentario por su conocimiento de la Cámara y sus lazos con la extrema derecha.

La segunda candidata es María José Catalá, alcaldesa de Valencia y favorita eterna de la dirección nacional. Génova ha intentado colocarla al frente del Consell en varias ocasiones, pero ella ha rechazado sistemáticamente la oferta. Su argumento es sólido: quiere concentrarse en el Ayuntamiento de Valencia, donde tiene un proyecto político propio. Una llamada personal de Feijóo podría obligarla a sacrificarse, pero hasta ahora esa conversación no se ha producido.

El propio Mazón y su entorno pasaron el fin de semana situando a Catalá como una línea roja que Génova no podía traspasar. El presidente saliente llegó a verbalizar públicamente que nunca había vetado a la alcaldesa, una excusatio non petita que revelaba el miedo real del clan alicantino a perder el control del partido frente a la baronesa valenciana. Si finalmente accediera, Catalá tendría el respaldo de Madrid pero enfrentaría resistencias importantes en el PP valenciano.

El tapado y el fantasma de Camps

La tercera opción es la figura del tapado o la tapada: cualquiera de los cuarenta diputados del PP en Les Corts que pudiera generar consenso. Sería el último recurso si falla Pérez Llorca y Catalá mantiene su negativa. Hay diputados experimentados que han trabajado directamente con Vox y conocen los resortes parlamentarios. Pero esta solución revelaría la profunda debilidad del PP: incapaz de imponer un liderazgo claro, dependiente de la buena voluntad de la extrema derecha.

Mientras el partido negocia sin red, Francisco Camps observa desde la distancia con creciente protagonismo. El expresidente de la Generalitat, que dimitió en 2011 por la trama Gürtel, nunca abandonó su ambición de regresar. Ha mantenido una agenda pública discreta pero constante, tejiendo relaciones y esperando su momento. En diciembre tiene previsto un acto multitudinario en el Centro Cultural Bancaja de Valencia donde presentará su plan para 2027.

Inés Peiró, jefa de campaña de Camps, ha sido explícita sobre las intenciones del expresidente: si no hay acuerdo con Vox y se convocan elecciones, deberá haber primarias. No aceptaremos un dedazo. La única persona que puede liderar a todos los que se postulan es Paco, que ya fue líder de Catalá, Pérez Llorca y Mompó. El mensaje es claro: Camps se presenta como la solución integradora si el PP se ve obligado a ir a las urnas.

Vox tiene todos los triunfos en la mano 

La ecuación parlamentaria es simple y demoledora para el PP. Sin los votos de Vox, ningún candidato puede ser investido presidente de la Generalitat. La extrema derecha puede exigir no solo un nombre, sino un programa de gobierno completo, cambios en las políticas autonómicas, redistribución de consejerías. O puede optar directamente por el bloqueo y las elecciones, apostando por el sorpasso que las encuestas sitúan como posible.

Fuentes de Vox aseguran que van a hacer sudar sangre al PP valenciano. Cada día que pase aumenta el nerviosismo en las filas populares y crece la tentación ultraderechista de probar suerte en las urnas. La estrategia es calcada de la que los independentistas catalanes aplicaron al PSOE en otras circunstancias: mirar y esperar, aumentar la presión, cobrar el precio político máximo por cualquier acuerdo.

Génova no descarta tutelar directamente las negociaciones desde Madrid, consciente de que el PP valenciano está dividido en facciones irreconciliables y carece de la fortaleza para plantarle cara a Abascal. Pero intervenir desde la capital también tiene riesgos: puede percibirse como una imposición centralista que irrite aún más a las bases valencianas del partido.

El escenario que se abre es inédito. Valencia, uno de los feudos históricos de la derecha española desde los años noventa, está en juego. El PP afronta la posibilidad real de perder el gobierno autonómico, ya sea porque Vox bloquea la investidura o porque unas elecciones anticipadas redistribuyen el poder. Todo depende de las decisiones que tome la extrema derecha en las próximas semanas.

Mientras tanto, Carlos Mazón seguirá como presidente en funciones, tomando decisiones sobre los valencianos hasta que se resuelva su sucesión. Presidirá el Consell, firmará decretos, representará institucionalmente a la Generalitat. Y conservará su acta de diputado, garantizándose el aforamiento ante la investigación judicial sobre su gestión de la DANA. El PP ha conseguido apartar a su problema más visible, pero ha entregado la solución a quien menos control tiene sobre ella: Santiago Abascal.

 

Compartir el artículo