El presidente del Gobierno compareció durante más de cinco horas ante la comisión de investigación del caso Koldo, donde defendió que la financiación del PSOE es «absolutamente limpia» y admitió cobros en efectivo con factura dentro de los límites legales. El PP fracasó en su intento de obtener declaraciones comprometedoras, con su portavoz Alejo Miranda llegando a renunciar a preguntas formuladas previamente. Sánchez contrapuso los casos de corrupción socialistas con el historial del PP y salió «muy satisfecho» tras un enfrentamiento que catalogó como «comisión de difamación».
Pedro Sánchez superó el jueves el trance de su comparecencia en el Senado ante la comisión de investigación del caso Koldo, convocada por el PP justo un día después del primer aniversario de la dana. Durante más de cinco horas de interrogatorio, el presidente defendió la legalidad de la financiación del PSOE frente a las acusaciones de corrupción que rodean a su exministro José Luis Ábalos y el entorno de Koldo García. La sesión se desarrolló entre interrupciones constantes, reproches cruzados y un notable nivel de tensión que llevó al jefe del Ejecutivo a calificar la comisión de «circo» y «lodazal».
El principal objetivo de los interrogadores era conseguir que Sánchez admitiera pagos irregulares o contradijera declaraciones previas, pero el presidente mantuvo una estrategia de respuestas escuetas y evasivas que frustró los planes de la oposición. Admitió haber liquidado gastos en efectivo «siempre con factura», precisando que fueron operaciones «anecdóticas y puntuales» que no superaron los 1.000 euros establecidos por la ley antiblanqueo. El líder socialista reprochó a los conservadores que confundieran «el pago en efectivo con el dinero negro», insistiendo en la diferencia entre ambos conceptos y defendiendo que se trata de prácticas legales.
El PP reconoce su fracaso estratégico
El partido de Alberto Núñez Feijóo asumió desde las primeras horas que la estrategia de Sánchez había neutralizado sus objetivos. A las dos horas de iniciarse la comisión, el PP envió un mensaje a los periodistas reconociendo que no se había producido «un corte categórico que pueda justificar que el PP le lleve ante la Justicia por falso testimonio». El portavoz Alejo Miranda protagonizó un interrogatorio errático en el que no permitía responder al presidente, interrumpía constantemente y llegó a renunciar a preguntas previamente formuladas, pidiendo incluso retirar «todas las preguntas» en un intento de «reseteo» de su intervención.
El presidente de la comisión, el también senador del PP Eloy Suárez, tuvo que reconvenir a su compañero en varias ocasiones, pidiéndole que dejara hablar a Sánchez. Miranda cerró su turno proponiendo un «careo» entre el presidente y los investigados Ábalos y Koldo García, oferta que el jefe del Ejecutivo rechazó señalando la «desesperación» de la derecha. Pese al descarrilamiento del interrogatorio, fuentes del PP se declararon satisfechas afirmando que habían conseguido su objetivo: que «en todo el mundo se vea al presidente respondiendo a preguntas sobre corrupción de su familia, su partido y su Ejecutivo».
Las preguntas sobre José Luis Ábalos constituyeron el momento más delicado de la comparecencia. Sánchez reconoció haber depositado «confianza política» en quien fuera su ministro de Transportes y secretario de Organización del PSOE, describiéndole como una persona «elocuente» y «políticamente sólida». Sin embargo, afirmó desconocer las «prácticas» y «hábitos» personales del exministro, cuya conducta calificó de «impropia» y «decepcionante». El presidente insistió en que actuó en cuanto se produjo la detención de Koldo García, momento en el que requirió a Ábalos la entrega del acta de diputado.
Sobre el empresario Víctor de Aldama, investigado en la trama de hidrocarburos y que asegura haber pagado comisiones a los socialistas, Sánchez negó rotundamente tener relación alguna. El líder del PSOE respondió con un «no me consta» o «que yo recuerde, no» a preguntas comprometidas, como si el entonces gerente del partido, Mariano Moreno, le advirtió sobre los gastos irregulares de Ábalos. La fórmula del presidente fue recurrente durante toda la comparecencia, llegando a utilizarla en más de 40 ocasiones según el recuento del PP, lo que contribuyó a la frustración de los interrogadores.
La contraofensiva: señalar la corrupción del PP
Sánchez desplegó una estrategia de contraataque constante contra el historial de corrupción de los conservadores. Recordó que su Gobierno «junto con el de Zapatero es uno de los gobiernos más limpios de la historia de la democracia», contraponiéndolo a los casos que afectaron al PP. Citó específicamente los 34 casos investigados durante la presidencia de José María Aznar, que supusieron más de 1.000 millones robados, y los 62 casos con más de 1.200 cargos investigados bajo Mariano Rajoy. El presidente evocó repetidamente la frase que Pablo Casado lanzó contra Isabel Díaz Ayuso sobre los 286.000 euros de comisión del hermano de la presidenta madrileña.
El jefe del Ejecutivo también mencionó al portavoz Miranda como responsable político del hospital Isabel Zendal y sacó a relucir el caso de Alberto González Amador, pareja de Ayuso, procesado por dos delitos fiscales e imputado por corrupción en los negocios. En su alegato final, Sánchez afirmó que «solo hay un Gürtel, su residencia está pagada con dinero corrupto y lleva el logo del PP en Génova 13», acusando al PP y Vox de convertir el Senado en una institución «al servicio de la máquina del fango». El presidente abandonó la comisión declarándose «muy satisfecho» con su desempeño tras un enfrentamiento que, pese a la tensión, no produjo los titulares comprometedores que la oposición esperaba conseguir.