Los trabajadores extranjeros representan ya el 14,2% de los afiliados a la Seguridad Social, con presencia mayoritaria en hostelería, agricultura y construcción, las áreas con salarios más bajos del mercado laboral español. Pese a la concentración en empleos poco cualificados y precarios, estudios de Funcas y el Real Instituto Elcano confirman que su contribución económica supera ampliamente lo que reciben del sistema. La segunda generación de inmigrantes muestra una mejora sustancial en inserción laboral, especialmente entre las mujeres.
La presencia de trabajadores extranjeros en el mercado laboral español ha alcanzado cifras históricas, con 3.088.341 afiliados a la Seguridad Social, según el último informe del Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones. El crecimiento de la afiliación de extranjeros superó el 7% en el último año, casi cinco puntos por encima del conjunto de la afiliación total. Las comunidades autónomas que lideran este incremento son Asturias con un 20,8%, Galicia con un 14,8% y Castilla y León con un 13%, precisamente las regiones con mayor edad media de la población española.
Los datos revelan una concentración marcada de trabajadores extranjeros en los sectores con menor remuneración. En hostelería representan el 29,7% de los afiliados, uno de cada tres ocupados. En agricultura alcanzan el 26,2%, mientras que en construcción suponen el 22,5% del total. En actividades administrativas y transporte superan el 17%. La hostelería y la agricultura registraron en 2023, último año con datos actualizados del Instituto Nacional de Estadística, los sueldos brutos mensuales más bajos después del empleo doméstico: 1.455,92 y 1.561,65 euros respectivamente, frente a los 1.014,46 euros de empleados de hogar.
José Carlos Díez, CEO de Global Economic Analysis y director de la Cátedra ORFIN de la Universidad de Alcalá, cuestiona el modelo productivo español. «Se están trayendo extranjeros de muy baja cualificación, que son necesarios para sacar adelante un modelo erróneo intensivo en mano de obra, que coloca a mucha gente en el turismo y la restauración», señala el economista. Díez considera que este sistema «produce precariedad, desigualdad y pobreza», y añade que «habría que hacer una política migratoria más controlada y orientada a que vengan personas cualificadas, pero los empresarios no los traen porque los trámites burocráticos son brutales».
Un artículo del Real Instituto Elcano sobre inmigración y mercado de trabajo, publicado el pasado mes de junio, señala que el 91% de la inmigración en edades de mayor actividad laboral, entre 25 y 59 años, procede de países con renta per cápita inferior a la española. Una característica relevante es su bajo nivel educativo medio, sustancialmente inferior al de la población autóctona y especialmente bajo en inmigrantes procedentes de Asia y África. Los investigadores apuntan que «varios sectores dependen de modo mayoritario o muy relevante de la inmigración: el servicio doméstico, la hostelería, la construcción y la agricultura tienen entre sus empleados al menos a un 30% de inmigrantes».
La segunda generación rompe la barrera de la precariedad
El informe de Funcas sobre la segunda generación de inmigrantes en el mercado laboral español revela cambios sustanciales respecto a sus progenitores. El estudio comparó cinco variables entre ambas generaciones: inactividad laboral, desempleo, trabajo en ocupaciones poco cualificadas, empleo con contrato temporal y empleo a jornada parcial, centrándose en América Latina, Europa del Este y África, regiones cuyas primeras generaciones presentaron índices de precariedad laboral especialmente altos en los últimos treinta años.
La primera conclusión establece una diferencia de género. «Las mujeres de segunda generación están asimilándose con la población autóctona más rápido que los hombres», señala el informe. Esta diferencia resulta especialmente marcada entre personas de origen africano. Mientras ellas superan a las de primera generación en tres resultados laborales y se mantienen igual en dos, los hombres experimentan retroceso en tres indicadores. La segunda generación de América Latina alcanza los mejores resultados generales. En el caso de las mujeres, la mejora se observa en tres resultados sin ningún retroceso.
Albert Banal-Estanol, profesor en la Universidad Pompeu Fabra, desmonta el debate sobre si los inmigrantes restan o suman a la economía. «Hay evidencia académica de sobra que muestra que lo que aportan los extranjeros es mucho más de lo que reciben», afirma el economista. Banal-Estanol añade que «la gente se queda con algunas anécdotas y, a partir de ahí, salen otros problemas y, al final, es más fácil buscar los culpables en los de otro color, que en factores más complejos».
En un análisis, Funcas confirma esta visión al apuntar que «una de las claves del dinamismo que mantiene la economía española contra viento y marea reside en la incorporación de mano de obra extranjera». Pese a la sobrerrepresentación de trabajadores inmigrantes en sectores con niveles de productividad inferiores a la media, «su contribución a la economía es innegable, aportando más de la mitad del avance del PIB registrado estos últimos dos años». El estudio aclara que esta es una estimación conservadora, basada en una extrapolación mecánica de la contribución del empleo a la economía.
El Real Instituto Elcano reconoce que la inmigración de países con menor renta presenta menores tasas de ocupación que la población autóctona, mayores tasas de desempleo y actividad concentrada en sectores de servicios de baja productividad, lo que implica bajos salarios y reducidas aportaciones al sistema de pensiones. Sin embargo, el informe de Funcas sobre la segunda generación revela un cambio de tendencia. En el nivel ocupacional, «la probabilidad neta de escapar de la parte más baja de la estructura ocupacional es notablemente mayor que para sus homólogos de primera generación». La mejora resulta tan pronunciada que la desigualdad con respecto a la población autóctona se cierra para algunas categorías, quedando la brecha en cinco puntos porcentuales en el peor de los casos.