El presidente colombiano denunció en un acto público que agencias de inteligencia estadounidenses e israelíes buscarían extraerlo de Colombia para silenciar su voz política. Las declaraciones se produjeron horas después de que el Departamento del Tesoro lo incluyera en la lista de nacionales especialmente designados por presuntos vínculos con el narcotráfico, bloqueando sus activos y prohibiendo transacciones con entidades estadounidenses.
El presidente de Colombia, Gustavo Petro, lanzó graves acusaciones contra agencias de inteligencia de Estados Unidos e Israel, denunciando la existencia de un supuesto plan para extraerlo del país y encarcelarlo con el objetivo de silenciar sus posiciones políticas. Las declaraciones se produjeron durante un acto público en la Plaza de Bolívar de Bogotá, pocas horas después de que el Departamento del Tesoro estadounidense anunciara sanciones en su contra por presuntos vínculos con el narcotráfico. El mandatario colombiano vinculó estas medidas con su reciente discurso ante la Asamblea General de Naciones Unidas, donde cuestionó duramente la política antidrogas de la administración Trump.
El mandatario fue enfático al señalar a las agencias que supuestamente participarían en esta operación. «Podrían buscar cómo se extrae al presidente de Colombia con la Mossad, con la CIA, con la DEA, para meterlo por allá en una cárcel donde no se escuche su voz, en algún lugar lejano de los Estados Unidos», manifestó ante sus simpatizantes. Petro agregó con ironía que «hasta eso piensan», sugiriendo que la conspiración alcanza niveles que van más allá de las sanciones financieras. El presidente colombiano hizo referencia específica al servicio secreto israelí Mossad, la Agencia Central de Inteligencia estadounidense y la Administración de Control de Drogas, entidades que según su versión trabajarían coordinadamente para neutralizarlo.
Las sanciones anunciadas por la Oficina de Control de Activos Extranjeros del Departamento del Tesoro estadounidense representan una escalada sin precedentes en las tensiones entre Bogotá y Washington. El secretario del Tesoro, Scott Bessent, acusó a Petro de haber permitido que la producción de cocaína en Colombia se disparara a su nivel más alto en décadas desde que asumió el poder. «Bajo su administración, Colombia ha permitido el florecimiento de los cárteles de la droga y se ha negado a detener esta actividad, envenenando a los estadounidenses», declaró Bessent sin presentar evidencia que respalde estas afirmaciones.
La inclusión de Petro en la lista de nacionales especialmente designados de la OFAC implica el bloqueo automático de todos sus bienes e intereses que se encuentren en Estados Unidos o bajo control de ciudadanos estadounidenses. Adicionalmente, las sanciones prohíben cualquier transacción con el mandatario colombiano y extienden las medidas a sus familiares, incluyendo a su hijo Nicolás Petro, quien enfrenta procesos judiciales en Colombia por lavado de dinero y enriquecimiento ilícito. También fue sancionado el ministro del Interior, Armando Benedetti. Esta acción representa un hecho inédito contra un presidente en ejercicio de un país aliado tradicional de Estados Unidos.
El discurso en la ONU como detonante
Petro estableció una relación directa entre las sanciones y su intervención en septiembre ante la Asamblea General de Naciones Unidas. «Creo que mi último discurso en Naciones Unidas marcó una diferencia y por eso me castigan hoy y me burlo del castigo», expresó el mandatario colombiano ante la multitud congregada en la Plaza de Bolívar. Durante aquella intervención, Petro cuestionó frontalmente la política antidrogas de la administración Trump, argumentando que el despliegue militar estadounidense en el Caribe no busca detener el flujo de cocaína hacia Estados Unidos sino dominar a los pueblos del sur.
El presidente colombiano fue especialmente crítico con la actuación de Israel en Gaza durante su discurso en la ONU, llegando a calificar la situación como un genocidio del cual también responsabilizó a Trump. Petro destacó que su intervención fue improvisada, pronunciada desde el corazón y sin leer una sola coma, lo que según su interpretación generó un impacto internacional que incomodó a Washington y Tel Aviv. El mandatario sostuvo que su franqueza al abordar temas sensibles de la política internacional desencadenó la reacción punitiva de Estados Unidos, que utilizaría la narrativa del narcotráfico como pretexto para castigarlo políticamente.
La respuesta de Petro a las sanciones ha sido desafiante y ha incluido acusaciones de que Estados Unidos utiliza la lucha antinarcóticos como tapadera para controlar los recursos petroleros y los gobiernos latinoamericanos. El presidente colombiano argumenta que la verdadera motivación detrás de las medidas no es el combate al narcotráfico sino el intento de disciplinar a gobiernos que se atreven a cuestionar la hegemonía estadounidense en la región. Esta narrativa encuentra eco en sectores progresistas de América Latina que ven las sanciones como parte de una estrategia de presión geopolítica.
Pese a la gravedad de sus acusaciones, Petro expresó confianza en que no se consumará ningún intento de captura o extracción forzada. «Confío en que la fuerza democrática de Estados Unidos, que proviene de trabajadores, que también es de jóvenes, de mujeres, y de etnias diferentes que son la base de esa nueva nación estadounidense no me dejarían solo», manifestó el mandatario. Petro apeló igualmente a las fuerzas democráticas de América Latina para que actúen como barrera ante cualquier intento de vulnerar la soberanía colombiana. El presidente sostuvo que la voz de la verdad terminaría derribando los muros y el intento de silenciar el pensamiento libre.
Las declaraciones de Petro se producen en un contexto de creciente tensión militar en el Caribe, donde Estados Unidos ha intensificado su presencia con el despliegue de buques de guerra bajo el argumento de combatir el narcotráfico. El 28 de octubre, el Departamento de Defensa estadounidense anunció ataques letales contra cuatro embarcaciones que supuestamente transportaban drogas en el Pacífico oriental, una operación que fue presentada como parte de la lucha contra organizaciones terroristas designadas. Esta escalada militar ha sido interpretada por Petro como una demostración de fuerza dirigida no solo contra el narcotráfico sino contra gobiernos de la región que no se alinean con Washington.
La comunidad internacional observa con preocupación la crisis entre Colombia y Estados Unidos, tradicionalmente aliados estratégicos en la lucha contra el narcotráfico. Las sanciones contra un presidente en ejercicio rompen precedentes diplomáticos y plantean interrogantes sobre los límites de la injerencia estadounidense en asuntos internos de países soberanos. Mientras Petro mantiene su discurso desafiante y denuncia conspiraciones internacionales, el Gobierno de Trump reafirma su postura de mano dura contra lo que considera complicidad con el narcotráfico, configurando un escenario de confrontación política sin precedentes en las relaciones bilaterales entre ambos países.