EE. UU. apuesta por la energía nuclear para alimentar la inteligencia artificial

29 octobre 2025 - 12:20

El gobierno de Donald Trump anunció un acuerdo histórico de 80.000 millones de dólares con la empresa Westinghouse para impulsar reactores nucleares destinados a abastecer el crecimiento energético de la inteligencia artificial. La decisión redefine el mapa del poder tecnológico y la política industrial global.

El anuncio marca un punto de inflexión en la estrategia energética y tecnológica de Estados Unidos. La alianza con el grupo canadiense Brookfield y el gigante del uranio Cameco busca reactivar un sector abandonado durante más de una década, con el objetivo de garantizar autonomía energética frente a la creciente demanda de los centros de datos que impulsan la inteligencia artificial.

El acuerdo, según Westinghouse, permitirá construir diez grandes reactores para 2030 y representa la mayor inversión pública en energía nuclear desde los años ochenta. Para la administración Trump, el proyecto simboliza el regreso de la soberanía energética y la consolidación del país como potencia tecnológica ante el avance de China y la presión europea por fuentes limpias.

El ministro de Comercio, Howard Lutnick, lo resumió como “una alianza entre el átomo y el algoritmo”, frase que refleja la convergencia de dos revoluciones: la energética y la digital. La inteligencia artificial requiere un consumo eléctrico colosal. Cada modelo generativo demanda miles de servidores que operan sin interrupción. La nuclear se presenta como la única fuente capaz de sostener esa expansión sin recurrir al carbón o al gas, aunque su huella ambiental y los riesgos asociados sigan generando controversia.

El renacimiento nuclear llega tras años de desconfianza pública. Los desastres de Three Mile Island, Chernóbil y Fukushima marcaron generaciones y alimentaron una cultura de recelo. Pero la crisis energética provocada por la guerra en Ucrania cambió el equilibrio. Europa reabrió debates que creía cerrados y Washington recupera ahora la idea de la energía nuclear como herramienta de estabilidad y competitividad.

Detrás de los anuncios se encuentra un problema estructural: la infraestructura tecnológica actual ya no puede sostener la demanda que imponen la nube, la automatización y la inteligencia artificial. Las grandes compañías —Google, Microsoft, Amazon— también invierten en reactores propios para mantener el ritmo del procesamiento global. El poder digital depende, cada vez más, del acceso a fuentes seguras de energía.

El acuerdo con Westinghouse también tiene una dimensión geopolítica. Reforzar la cadena de suministro del uranio y el control de la tecnología nuclear civil significa reducir la dependencia de proveedores extranjeros. Estados Unidos busca reconstruir un liderazgo que perdió cuando abandonó la construcción de centrales en 2009. En la nueva era de la IA, el átomo vuelve a ser sinónimo de poder estratégico.

Para América Latina, el anuncio abre un debate sobre el futuro energético y tecnológico de la región. Sin inversión en innovación ni políticas de seguridad energética, el riesgo es quedar relegados a la periferia digital. El vínculo entre energía, datos y soberanía se vuelve inseparable.

La apuesta estadounidense confirma una tendencia global. La inteligencia artificial representa un desafío técnico y, al mismo tiempo, una cuestión de Estado. La carrera por dominarla combina la potencia de los algoritmos con la energía que los sostiene. En este nuevo escenario, la energía actúa como el corazón de la inteligencia moderna.

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