La tormenta tropical más poderosa de la temporada impacta Cuba tras devastar Jamaica, dejando al descubierto la fragilidad de las infraestructuras y el valor de las comunidades caribeñas.
El ciclón Melissa tocó tierra en el este de Cuba con vientos cercanos a los 195 km/h, después de azotar Jamaica con fuerza inédita. La tormenta, que alcanzó la categoría 5 antes de debilitarse ligeramente, mantiene su potencial destructivo mientras avanza hacia las Bahamas.
Las autoridades cubanas ordenaron la evacuación de más de 735 000 personas en las provincias de Santiago de Cuba, Holguín y Guantánamo. La energía eléctrica fue suspendida de manera preventiva y los servicios de emergencia permanecen desplegados en zonas de riesgo. “Será una noche difícil para toda Cuba, pero el país sabrá recuperarse”, expresó el presidente Miguel Díaz-Canel.
En Jamaica, el paso de Melissa dejó tras de sí un panorama de ruinas: viviendas destruidas, carreteras bloqueadas y comunidades costeras sumergidas bajo el agua. El primer ministro Andrew Holness declaró el país en “zona de desastre” y pidió ayuda internacional para atender a miles de damnificados.
Haití y República Dominicana también registraron daños y víctimas. Las lluvias torrenciales provocaron inundaciones repentinas y deslizamientos en zonas montañosas, mientras los equipos de rescate trabajan con recursos limitados.
El Centro Nacional de Huracanes de Estados Unidos informó que Melissa seguirá su trayectoria hacia el norte del Caribe. Aunque su intensidad ha disminuido, las marejadas y las precipitaciones extremas continúan representando una amenaza.
Meteorólogos advierten que fenómenos como este se están volviendo más frecuentes debido al calentamiento de los océanos. El incremento de la temperatura del agua potencia la energía de los ciclones y acorta el tiempo para reaccionar ante su rápida intensificación.
A diferencia de otros huracanes del pasado, Melissa ha puesto a prueba la capacidad de respuesta regional. Cuba y Jamaica activaron protocolos de emergencia con mayor rapidez, mientras organizaciones internacionales enviaron suministros y equipos médicos desde Barbados y República Dominicana.
Más allá de los daños materiales, la tormenta deja una lección sobre la fragilidad del equilibrio climático y la necesidad de cooperación entre las naciones del Caribe. La resiliencia, en este contexto, se traduce en solidaridad y prevención frente a una naturaleza que exige respeto.