La Libertad Avanza obtiene el 40,66% de los sufragios y conquista 16 provincias, incluida Buenos Aires, donde revierte la derrota del pasado septiembre. El oficialismo alcanza el tercio necesario de diputados para blindar sus vetos, al tiempo que el peronismo sufre su mayor debacle electoral en dos décadas. La participación cae al 67,85%, la más baja desde el retorno de la democracia en 1983.
La Libertad Avanza protagonizó el domingo una victoria sin precedentes en las elecciones legislativas que renovaron la mitad de la Cámara de Diputados y un tercio del Senado. Con el 40,66% de los votos a nivel nacional, el oficialismo se impuso en 16 de las 24 provincias y superó todas las expectativas. El resultado modifica el equilibrio de fuerzas en el Congreso y otorga al presidente Javier Milei los instrumentos parlamentarios necesarios para profundizar su agenda de reformas en los dos años que le restan de mandato.
El dato más sorprendente de la jornada se produjo en la provincia de Buenos Aires, el distrito con mayor peso electoral del país. La lista encabezada por Diego Santilli obtuvo el 41,45% de los votos, apenas un punto por encima del 40,91% que cosechó Fuerza Patria. La victoria del oficialismo resulta aún más llamativa si se considera que apenas seis semanas atrás, el 7 de septiembre, el peronismo había ganado las elecciones provinciales con una diferencia de 13 puntos porcentuales. La remontada constituye un fenómeno político inédito en la historia electoral argentina reciente.
El peronismo, que compitió bajo el sello Fuerza Patria y diversas variantes provinciales, quedó relegado al segundo lugar con el 31,7% de los votos a nivel nacional. La alianza liderada por el gobernador bonaerense Axel Kicillof no logró repetir el triunfo de septiembre y perdió alrededor de 400.000 votos en Buenos Aires. El resultado reaviva la disputa interna entre Kicillof y Cristina Fernández de Kirchner por el liderazgo opositor. Desde el búnker de Fuerza Patria en La Plata, Kicillof reconoció la derrota pero advirtió que «seis de cada diez argentinos han dicho que no están de acuerdo con el modelo que proponen».
La tercera fuerza en discordia, Provincias Unidas, no logró despegar. La coalición de gobernadores liderada por Juan Schiaretti obtuvo resultados decepcionantes en sus principales bastiones. En Córdoba, donde gobierna Martín Llaryora, apenas alcanzó el 28,32% frente al 42,35% de La Libertad Avanza. En Santa Fe, el oficialismo también se impuso con el 40,67% sobre el 28,7% de la alianza peronista local. El fracaso de la alternativa del centro deja al sistema político argentino sumergido en una polarización sin matices entre el oficialismo libertario y el peronismo.
Buenos Aires: el bastión recuperado que cambia todo
La victoria en Buenos Aires constituye el triunfo más simbólico para el oficialismo. El distrito concentra el 38% del padrón electoral nacional y tradicionalmente funciona como termómetro político del país. La Libertad Avanza logró 17 diputados nacionales frente a los 16 que obtuvo el peronismo. La diferencia de apenas medio punto porcentual refleja la profunda división de la sociedad bonaerense, pero otorga al oficialismo una ventaja estratégica fundamental para los próximos dos años de gestión. Sólo el Frente de Izquierda logró superar el piso necesario para obtener dos representantes en la Cámara baja.
En la Ciudad de Buenos Aires, el oficialismo consolidó su hegemonía. La alianza entre La Libertad Avanza y el PRO alcanzó el 50% de los votos, uno de los picos históricos de las fuerzas de derecha en el distrito. El resultado ratifica el dominio del gobierno nacional en un territorio que desde 2007 no elige un intendente peronista. La ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, celebró el triunfo y convocó a «construir mayorías» con otras fuerzas políticas. El mensaje constituyó un guiño hacia el radicalismo y sectores moderados de la oposición.
El nuevo mapa electoral también modifica el equilibrio en el interior del país. La Libertad Avanza se impuso en Chubut, Corrientes, Entre Ríos, Jujuy, Mendoza, Misiones, Neuquén, Río Negro, Salta, San Luis y Tierra del Fuego. Fuerza Patria ganó en Formosa, Catamarca, Tucumán, San Juan, La Pampa, Santa Cruz y La Rioja. En Santiago del Estero triunfó el Frente Cívico del gobernador Gerardo Zamora, aliado del kirchnerismo. En Corrientes se impuso el oficialismo provincial radical, liderado por el gobernador Gustavo Valdés, quien pasó del 50% al 30% en apenas dos meses.
La participación electoral cayó al 67,85%, la más baja desde el retorno de la democracia en 1983. Casi 12 millones de argentinos no acudieron a las urnas. En 2021, las últimas elecciones legislativas, la participación había alcanzado el 71%. El dato refleja el desencanto de amplios sectores de la sociedad con la dirigencia política. Sin embargo, para el oficialismo la abstención no constituyó un problema. Por primera vez se utilizó la Boleta Única de Papel en los 24 distritos, un sistema que busca reducir la manipulación del voto y que el gobierno presentó como uno de sus logros en materia de transparencia electoral.
Con los resultados obtenidos, La Libertad Avanza pasará de 37 a 101 diputados sobre un total de 257. El salto le permite alcanzar el tercio necesario para blindar los vetos presidenciales y bloquear intentos de la oposición por avanzar con leyes contrarias a la agenda del gobierno. Sin embargo, el oficialismo seguirá siendo minoría y deberá negociar con otras fuerzas para aprobar reformas estructurales. En el Senado, el partido de Milei ganó en seis de los ocho distritos que renovaban bancas, pero sigue sin tener el tercio necesario. Desde el “búnker” de La Libertad Avanza, el presidente celebró el triunfo y convocó a gobernadores y legisladores de otros partidos a «discutir acuerdos» para la segunda mitad de su mandato.