Cuando la realidad desafía los deseos y las ambiciones de Donald Trump en Gaza y en Ucrania

22 octobre 2025 - 18:13

La frágil situación sobre el terreno en Gaza y la imposibilidad de paz con Putin ponen de manifiesto la enorme distancia entre el deseo y las esperanzas en relación con los hechos, las acciones y la realidad. “Desear la paz es mucho más fácil que hacer la paz”, subraya CNN este miércoles. La realidad choca con las ambiciones de paz del presidente estadounidense en Ucrania y también amenaza sus logros en Medio Oriente.

El presidente Trump ha sobredimensionado su alcance y sus logros, a menudo presentados de manera exagerada, bajo la creencia de que está reescribiendo la historia y nadie ha logrado nunca lo qué el ha sido capaz de hacer, pero la fragilidad de lo alcanzado podría pasarle factura a su imagen y credibilidad. Posiblemente por esta razón, ha descartado una segunda cumbre con Putin.

La cadena estadounidense CNN analiza este miércoles cómo las grandes ambiciones del presidente Donald Trump en Medio Oriente y en Ucrania chocan con sus propias limitaciones internas y con las secuelas de dos guerras devastadoras. En ese sentido, el jefe de la Casa Blanca ha abandonado los planes para una segunda cumbre con Vladímir Putin, porque sus esperanzas de obtener resultados se han estancado, por tanto, él mismo ha indicado que no quiere perder el tiempo.

Entre tanto, el vicepresidente J.D. Vance ha viajado a Medio Oriente, donde todavía están las imágenes frescas de un Trump exultante anunciando un nuevo tiempo. El alto el fuego alcanzado entre Israel y Hamas “se mantiene… por poco”. El medio citado destaca que, aunque el mismo presidente “ha fomentado cierto escepticismo con su presentación hiperbólica de acontecimientos prometedores pero incrementales como grandes avances históricos”, resulta burdo desear su fracaso “dado que la estabilidad global y miles de vidas pueden depender del éxito de Trump”.

El viaje del vicepresidente a Medio Oriente, por su parte, ha buscado evitar que la gran iniciativa de paz de la administración estadounidense se deshaga. El fin de semana, el alto el fuego estuvo en suspenso, Israel acusó a Hamas de matar a dos soldados israelíes y lanzó una ola de ataques aéreos que acabaron con la vida de docenas de personas en Gaza.

La gran inquietud ha sido y es cómo lograr la concreción del ambicioso plan de paz de la Casa Blanca. Una cosa es lograr una pausa inicial en los combates, entre Israel y Hamas, y otra es lograr que Hamas abandone las armas, la política y el poder de facto que ejerce.

La visita de Vance, contextualiza CNN, buscaba demostrar a los países árabes el compromiso para la implementación de su plan, a la vez que pretendía “crear una ilusión de impulso hacia adelante para permitir que los negociadores tuvieran tiempo para tratar de llenar los vacíos” y reafirmar la perspectiva general “en una advertencia simbólica a Israel y Hamas para que se adhieran a los términos del acuerdo”.

Infortunadamente para la administración, el optimismo de Vance no se corresponde necesariamente con la realidad.

El acuerdo se tambalea y su durabilidad se ve amenazada en tanto las tensiones se intensifiquen. La presencia de Vance, de ese lado del mundo, ha sido un recordatorio para Netanyahu y para Hamas. Pero esa organización ha reafirmado su control y ha perpetrado ajusticiamientos públicos, asesinatos contra presuntos colaboradores de Israel. En Occidente hay dudas de que en efecto depongan sus armas como exige el plan Trump. El alto el fuego es sumamente frágil y los complejos elementos transitorios del plan de paz deben superar la etapa teórica e implementarse con rapidez.

“Numerosos de nuestros AHORA GRANDES ALIADOS en el Medio Oriente y las áreas que rodean el Medio Oriente me han informado explícita y firmemente, con gran entusiasmo, que acogerían con agrado la oportunidad, a petición mía, de entrar en GAZA con una fuerza pesada y ‘enderezar a nuestro Hamas’ si Hamas continúa actuando mal, en violación de su acuerdo con nosotros”, ha dicho el presidente Trump en Truth Social. Sin embargo, ningún Estado de la región ha confirmado el envío de sus soldados a Gaza, para interponerse entre las fuerzas israelíes y Hamas.

La situación, no obstante, no desmerece lo alcanzado por Trump en días pasados en relación con Gaza, no es insignificante e incluso suscitó esperanza de avanzar para poner fin a la guerra de Ucrania, pero la esperanza y el deseo presidencial no pueden desconocer a los actores implicados en esos conflictos.

La complicación para la resolución de ambas guerras tiene que ver con sus protagonistas, más allá de que demanda un trabajo comprometido de tiempo completo de la administración estadounidense, tanto por el rol asumido por Estados Unidos como por la atención y el protagonismo presidencial que Trump ha asumido.

Sin embargo, en un abrupto giro, el mandatario estadounidense ha indicado que la cumbre que podría tener lugar en Budapest ya no es una prioridad de su agenda, hecho que advierte las desavenencias con Putin. “No quiero una reunión en vano. No quiero perder el tiempo”, declaró Trump a los periodistas desde el Despacho Oval después de una llamada entre su secretario de Estado, Marco Rubio, y el ministro de Asuntos Exteriores de Rusia, Serguei Lavrov, el lunes, sin resultados.

Trump estuvo dispuesto a enviar misiles de crucero a Ucrania, para luego ser disuadido por Putin y, más tarde, tener un nuevo enfrentamiento en la Oficina Oval con el presidente Volodymyr Zelensky.

Prensa y analistas estadounidenses han destacado, desde el arribo al poder del presidente Trump y sus esfuerzos de disuasión con Putin, que este no está dispuesto a hacer la paz. CNN también lo confirma hoy: “Si Trump necesitaba una confirmación de que Putin no está dispuesto a hacer la paz en Ucrania, la obtuvo con un enjambre de drones que atacaron plantas de energía ucranianas, en un retorno a la brutal estrategia de utilizar el invierno como arma contra civiles temblorosos”. La cadena estadounidense añade que Trump en realidad esperaba señales de un cambio por parte de Putin que justificasen el relanzamiento de su diplomacia personal con este.

Pero Putin lo ha hecho una vez más: enreda, confunde, ablanda a Trump y cuando este cede, él se retira. Los hechos refutan las afirmaciones que varias veces ha hecho el propio Trump. Vladimir Putin no está interesado en alcanzar la paz.

Putin llamó a Trump un día antes de que este recibiera a Zelensky en la Casa Blanca, luego Trump le pidió a Zelensky ceder. Más tarde tuvo lugar la frustración. Y, la posterior llamada entre Rubio y Lavrov, ha sido la guinda en el pastel para establecer que una nueva cumbre no sería diferente a la de Alaska.

Rusia no ha cambiado su postura y Ucrania jamás podrá aceptar ceder sus territorios, entre otras razones, porque el país quedaría expuesto y vulnerable a nuevos ataques rusos. Zelensky ha terminado por tener razón y nada sucederá sin que Trump obligue a Putin a sentarse a la mesa. Pero tener razón no alcanza para ganar la guerra. Y la situación actual beneficia a Putin, le da tiempo y oxígeno para continuar en su guerra de desgaste y ganar la mayor cantidad posible de territorio ucraniano antes de llegar a cualquier conversación de paz.

 

 

 

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