El cine español rompe el un tabú sobre Franco medio siglo después de su muerte

20 octobre 2025 - 10:52

Manuel Gómez Pereira estrena ‘La cena’, una comedia que se atreve a ridiculizar al dictador. Desde 1975 hasta la actualidad han transcurrido casi cinco décadas, pero el audiovisual ibérico mantiene una línea roja inexplicable: reírse del franquismo. Mientras otros países europeos han satirizado sin problemas a sus dictadores, España sigue tratando la figura de Franco con una cautela que expertos y cineastas consideran anacrónica e incomprensible.

Desde la muerte del dictador Francisco Franco hasta la actualidad han transcurrido casi cinco décadas. En un mes se cumplirá medio siglo del final de la dictadura, y sin embargo, el cine español no ha logrado superar el tabú de satirizar al militar golpista. Hasta ahora, muy pocas producciones se han atrevido a hacer comedias sobre su figura. La excepción llega con ‘La cena’, de Manuel Gómez Pereira, basada en una obra cómica de José Luis Alonso de Santos que se estrenó en los teatros durante 1986, en plena transición democrática española.

‘La cena’ se desarrolla el 18 de abril de 1939, dos semanas después del final de la Guerra Civil, cuando en el madrileño hotel Palace se organiza en cuestión de horas un banquete para celebrar la victoria del dictador. “Es posible hacer este tipo de humor ahora, asegura el director del largometraje Alberto Sanjuán, porque el Palace, conserva todavía su vestíbulo histórico para recrear aquella atmósfera opresiva”. El reparto incluye un falangista psicópata interpretado por Aster Etxeandio, mientras que Karra Elejalde encarna a un funcionario republicano de provincias obligado a servir al nuevo régimen.

Gómez Pereira cuenta que se inspiró en una cena personal que vivió en 2008. Alonso de Santos escribió la obra teatral en 1980 y se representó en Madrid hasta 2008, cuando la dirigió Miguel Narros. La protagonizó Sonsoles González, que además era productora teatral del proyecto. Así llovió la sala desde aquel año en los escenarios españoles, recuerda el cineasta. Cuando pasó la dictadura, porque en España en cuanto había censura todo se complicaba enormemente. Una cadena de televisión nos cerró las puertas y ahí se quedó el proyecto durante años esperando su momento.

Pioneros que rompieron el silencio

 Quien abrió la veda fue Luis García Berlanga con La vaquilla en 1985, y desde entonces ha habido intentos aislados como la comedia de zombis Malnazidos en 2020, pero en ningún caso Franco aparecía como personaje central con tratamiento humorístico directo. El verano pasado, Carlos Areces, que ha encarnado hasta en cinco ocasiones al dictador en cine y televisión, aseguraba en una entrevista que representar a Franco sigue siendo complicado incluso décadas después de su muerte. «Ahora tampoco es fácil», reconocía el actor sobre la persistente dificultad de hacer humor sobre temas relacionados con la dictadura.

«Puedes hacer un chiste sobre Carrero Blanco, ¿no?», se pregunta retóricamente el director Gómez Pereira. El tabú permanece especialmente para el cine comercial de mayor presupuesto. «Y ni siquiera hablo de una sátira directa sobre Franco, me refiero a lo que se ha hecho con otros dictadores como Hitler», explica el cineasta sobre las restricciones autoimpuestas del audiovisual español. El realizador añade: «Yo utilicé el sarcasmo, aunque en sus semanas postreras, las de la agonía, el esperpento de aquella realidad superó largamente nuestra ficción cinematográfica».

«Como hombre de teatro, sentí que tenía que hacer algo sobre un tipo que estuvo tan presente en mis años de juventud», reconoce Gómez Pereira sobre su motivación personal. Era comedia negra para él. «En el fondo, en el mundo de los comediantes, hay una parte de terapia al hablar de temas que nos han inquietado. Haces una dramaturgia sobre ellos para liquidar cosas pendientes», explica el director madrileño. Un ejemplo similar es el espectáculo teatral Chistes contra Franco de la actriz Ana Ramos y el artista Eugenio Merino, que llevan 30 meses representándose en el Teatro del Barrio de Madrid.

Los artistas consideran estos chistes como un documento de resistencia antifascista. «Son sobre Franco, pero obviamente sin él presente físicamente», aclara Ramos sobre el espectáculo. Para el actor Albert Boadella, veterano del teatro catalán, al cine español le falta mirar más hacia el interior del franquismo con honestidad. «Solo hay un puñado de películas que hacen esa radiografía rigurosa. Estamos ante un tema formidable que continúa pendiente. ¿Qué miedo hay a enfrentarse con el papel del dictador?», se cuestiona el intérprete que en 2003 estrenó la película Buen viaje, Excelencia, con Ramon Fontseré interpretando a Franco en sus últimos días.

Ramon Fontseré «posee a los personajes, no los imita superficialmente. Entra en ellos y encuentra su medida rítmica interior», reconoce Gómez Pereira, cuya película evoca temáticamente la trama de Malditos bastardos del director Quentin Tarantino. El director español apuesta por un enfoque que recuerda al cineasta estadounidense. «Pensamos en Tarantino cuando escribíamos el guion. Nos permite contar sobre los dictadores desde un punto de vista diferente al académico tradicional», explica el realizador madrileño. Boadella, que vivió las épocas más convulsas de la historia política española reciente, tuvo incluso problemas judiciales por sus obras teatrales críticas durante la transición democrática.

La autocensura de la industria

«Ya antes de empezar el rodaje nos avisaban sobre la falta de visión comercial del proyecto. Y eso me indica lo sensibles que seguimos estando con este tema, porque en televisión se censura mucho más de lo que parece. Estoy preocupado y eso es terrible para la libertad creativa», lamenta Gómez Pereira sobre las resistencias de la industria. Desde los productores y distribuidores se juega demasiado dinero. «Se puede hacer una película satírica o no, pero no se cuenta con el respaldo completo de la industria audiovisual. Acabas pasando tales filtros económicos, que al final ese producto queda desmontado por las presiones del reparto, por secuencias que te obligan a eliminar por razones comerciales. Hay que luchar mucho más de lo razonable», concluye el cineasta sobre las dificultades.

Con todo, en la obra original a Franco solo se le mencionaba tangencialmente, ni aparecía físicamente en escena. En el último tercio de la película es interpretado por Xavier Francés, aunque tampoco es el protagonista absoluto de la trama. Un juego narrativo que ya usó el cineasta con el rey Juan Carlos en El rey pasmado en 1991. «Con la Familia Real ya no existen las contenciones legales que hubo durante años. Desde 2007, cuando un juez secuestró la revista satírica El Jueves por su portada, las cosas han cambiado sustancialmente en España», explica el realizador sobre la evolución de la libertad de expresión.

«En otros casos anteriores no tuve miedo a hacer sátira directa», señala Boadella recordando sus propias obras teatrales durante el franquismo y la transición. El humor sobre Franco es nuestra asignatura pendiente como sociedad democrática, reconoce el veterano cineasta catalán con contundencia. «Yo utilicé el sarcasmo sistemáticamente en mis obras, aunque el esperpento de aquella realidad dictatorial superó cualquier ficción que pudiéramos crear. Como hombre de teatro, sentí que tenía que hacer algo sobre un tipo que estuvo tan presente en mis años de juventud y que marcó toda una época», concluye Boadella sobre un tema que sigue siendo tabú en el audiovisual español medio siglo después de la muerte del dictador Francisco Franco en 1975.

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