La autorización de operaciones encubiertas de la CIA en Venezuela, los ataques navales contra presuntas narcolanchas y el despliegue inédito de fuerzas militares estadounidenses en aguas caribeñas configuran la crisis más grave entre Washington y Caracas desde hace lustros.
La tensión entre Estados Unidos y Venezuela ha escalado varios niveles en las últimas semanas. Lo que comenzó como una operación antidrogas en aguas del Caribe se ha transformado en un conflicto que incluye ataques letales, movilización de miles de efectivos militares y, según reveló The New York Times, la autorización secreta de operaciones encubiertas de la CIA en territorio venezolano. El presidente Donald Trump insiste en que su objetivo es combatir el narcotráfico y las organizaciones criminales que operan desde Venezuela. Nicolás Maduro, por su parte, denuncia una amenaza de invasión y un intento de golpe de Estado orquestado por Washington.
El despliegue militar estadounidense en la región caribeña es el más importante en décadas. Más de diez mil soldados, ocho destructores navales, submarinos de propulsión nuclear y cazas F-35 se encuentran desplegados principalmente en Puerto Rico y en buques anfibios que patrullan aguas internacionales frente a las costas venezolanas. Mientras tanto, Caracas ha respondido con la movilización de millones de milicianos y ejercicios militares en estados costeros estratégicos como La Guaira y Carabobo. La comunidad internacional observa con preocupación una crisis que podría redefinir las relaciones de poder en América Latina.
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Ataques navales: 27 muertos en operaciones contra presuntas narcolanchas
Desde inicios de septiembre, las fuerzas armadas estadounidenses han ejecutado al menos cinco ataques letales contra embarcaciones en aguas internacionales del Caribe. El más reciente, anunciado por Trump el 14 de octubre, dejó seis muertos frente a las costas venezolanas. El mandatario publicó imágenes del operativo en su red social Truth Social, asegurando que la inteligencia estadounidense confirmó que la embarcación traficaba narcóticos y estaba asociada con redes narcoterroristas. La Casa Blanca sostiene que las 27 personas fallecidas en estos ataques eran miembros de organizaciones criminales como el Tren de Aragua y el Cartel de los Soles.
Sin embargo, estas operaciones han generado controversia tanto en el Congreso estadounidense como en organismos internacionales. Expertos en derechos humanos nombrados por la ONU han calificado las incursiones como ejecuciones extrajudiciales, mientras que legisladores demócratas y algunos republicanos exigen al gobierno de Trump que proporcione justificación legal y pruebas de que las embarcaciones atacadas efectivamente transportaban drogas. Hasta el momento, ninguna de las personas a bordo fue detenida o interrogada antes de los ataques. El secretario de Defensa Pete Hegseth ha defendido los operativos argumentando que responden a la lucha contra el narcotráfico y las organizaciones terroristas designadas.
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Operaciones encubiertas de la CIA: Washington eleva la presión sobre Caracas
El gobierno de Trump autorizó secretamente a la Agencia Central de Inteligencia para llevar a cabo operaciones encubiertas en Venezuela, según reveló The New York Times citando fuentes gubernamentales. Esta autorización, conocida como «presidential finding» en el ámbito de la inteligencia, permite a la CIA ejecutar acciones letales y operaciones clandestinas tanto en territorio venezolano como en el Caribe. La decisión representa un salto cualitativo en la estrategia de presión contra el gobierno de Maduro, ya que la CIA no contaba previamente con autorización para realizar operaciones letales directas en la región.
Trump confirmó públicamente esta autorización en una comparecencia en la Casa Blanca, argumentando que responde a dos razones principales. La primera es que Venezuela ha vaciado sus prisiones y enviado criminales a Estados Unidos. La segunda es el flujo de drogas, particularmente fentanilo y cocaína, que ingresan al país desde territorio venezolano. Cuando se le preguntó si la autorización incluía la posibilidad de derrocar a Maduro, el presidente respondió de manera evasiva. La CIA podría actuar unilateralmente o en coordinación con una operación militar más amplia, aunque se desconoce si la agencia está planeando acciones concretas o si estas se consideran medidas de contingencia.
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Despliegue militar sin precedentes: el Caribe en alerta máxima
La presencia militar estadounidense en el Caribe constituye uno de los despliegues más importantes de las últimas décadas. Más de diez mil soldados están desplegados en la región, la mayoría en bases de Puerto Rico, aunque también hay un contingente de marines en buques de asalto anfibio. Entre las embarcaciones destacadas se encuentran ocho destructores clase Arleigh Burke, un crucero clase Ticonderoga, un submarino clase Los Ángeles y buques anfibios como el USS San Antonio, el USS Iwo Jima y el USS Fort Lauderdale. Estos últimos transportan a más de cuatro mil efectivos, incluidos dos mil doscientos marines.
Adicionalmente, Estados Unidos ha desplegado una decena de cazas F-35 en aeródromos de Puerto Rico. El secretario de Estado Marco Rubio y otros funcionarios estadounidenses han señalado que estas maniobras buscan combatir el narcotráfico y las organizaciones terroristas que operan desde Venezuela. Sin embargo, Caracas interpreta este despliegue como una amenaza directa de invasión. El ministro de Defensa venezolano, Vladímir Padrino López, ha calificado la situación como una guerra no declarada y advirtió sobre la posibilidad de que fuerzas especiales estadounidenses intenten realizar acciones disruptivas, sabotajes o asesinatos selectivos en territorio venezolano.
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La respuesta de Maduro: movilización popular y denuncias internacionales
Nicolás Maduro ha respondido al despliegue estadounidense con la movilización de millones de milicianos y la implementación de la operación Independencia 200, que incluye ejercicios militares en estados costeros estratégicos. El líder venezolano ha denunciado reiteradamente lo que considera un intento de golpe de Estado orquestado por la CIA, estableciendo paralelos con las dictaduras militares en Chile y Argentina durante la Guerra Fría. En el Consejo Nacional por la Soberanía y la Paz, Maduro exigió llevar la voluntad de paz de Venezuela a la opinión pública estadounidense y acusó a Washington de buscar apropiarse de los recursos petroleros del país.
Caracas también ha llevado su denuncia a organismos internacionales. El canciller venezolano, Yvan Gil, presentó ante el Consejo de Seguridad de la ONU una queja formal argumentando que las operaciones militares estadounidenses en el Caribe violan la Carta de las Naciones Unidas y el derecho internacional. Maduro ha alertado sobre lo que considera la mayor amenaza continental en un siglo y ha convocado a la población a prepararse ante posibles escenarios de agresión. El ministro del Interior, Diosdado Cabello, ha supervisado ejercicios en La Guaira, donde se vigilan rutas terrestres y marítimas, así como el principal aeropuerto de la zona.
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Del mar a tierra firme: Trump anuncia una nueva fase en sus operaciones
El presidente estadounidense ha anunciado que las operaciones contra el narcotráfico podrían trasladarse del mar a tierra firme. Trump aseguró que el flujo de drogas por mar hacia Estados Unidos se ha reducido a cero gracias a los ataques letales y advirtió que ahora vigilará muy seriamente a los carteles que ingresen por tierra, con la mira puesta en Venezuela. Esta declaración ha generado alarma en Caracas y en la comunidad internacional, ya que implicaría ataques directos en territorio venezolano similar a las operaciones que Estados Unidos ha realizado en Siria, Yemen e Irán durante los últimos años.
El Pentágono estaría elaborando opciones militares que incluyen el uso de drones contra personas y laboratorios específicos dentro de Venezuela, según informó NBC News citando fuentes militares. Estos planes forman parte de una escalada que busca presionar al gobierno de Maduro, aunque funcionarios estadounidenses han expresado decepción porque las acciones militares no han debilitado el control del líder venezolano sobre el poder ni han provocado una respuesta interna significativa. Mientras tanto, Trump mantiene sobre Maduro una recompensa de cincuenta millones de dólares por información que lleve a su captura, acusándolo de liderar el Cartel de los Soles.