Alrededor del 30% de la población de la isla enfrenta interrupciones totales o parciales en el suministro de agua potable. Las autoridades atribuyen el colapso a la sequía prolongada, los apagones que afectan el bombeo y las roturas de maquinaria. Los embalses registran mil setecientos noventa millones de metros cúbicos por debajo de su nivel medio histórico, mientras Santiago de Cuba y otras provincias orientales enfrentan la situación más crítica con ciclos de distribución que alcanzan hasta treinta y ocho días.
Cuba atraviesa una crisis hídrica sin precedentes que afecta a más de 3,1 millones de personas, aproximadamente el 30% de la población del país. La cifra, reconocida oficialmente por el Noticiero Nacional de Televisión, refleja la magnitud de un problema que se ha agravado en los últimos meses y que se suma a otras dificultades que enfrenta la isla, como los prolongados apagones y la escasez de alimentos. Las autoridades señalan que la crisis del agua alcanza a todas las provincias y al municipio especial Isla de la Juventud, con diversos grados de afectación. El presidente del Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos, Antonio Rodríguez, admitió que el abasto de agua en el país atraviesa una situación crítica, reconociendo un problema que afecta gravemente la vida cotidiana de millones de ciudadanos.
Las autoridades cubanas identifican tres causas principales del colapso en el suministro: la sequía prolongada, la contingencia energética que afecta a los equipos de bombeo y las frecuentes roturas de maquinaria agravadas por descargas eléctricas propias de la temporada de lluvias. Según los datos oficiales, los embalses se encuentran 1.790 millones de metros cúbicos por debajo de su media histórica. Aunque se esperaban lluvias por encima del promedio durante septiembre y octubre, Rodríguez advirtió que estas precipitaciones no compensarían el déficit acumulado durante los meses anteriores. El funcionario explicó que de los más de tres millones de afectados, aproximadamente novecientas mil personas sufren directamente por la sequía, mientras el resto enfrenta problemas derivados de fallos eléctricos, mecánicos y el deterioro de las redes de distribución.
Las provincias orientales concentran la situación más dramática. Santiago de Cuba, Holguín, Guantánamo, Ciego de Ávila y Las Tunas registran los mayores niveles de afectación. En Santiago de Cuba, ciudad donde vive el cuarenta por ciento de la población provincial sin acceso suficiente al agua, la planta potabilizadora Quintero recibe menos de la mitad del caudal necesario para abastecer al municipio cabecera: apenas novecientos sesenta de los dos mil cien litros por segundo requeridos. Como consecuencia, las autoridades locales han establecido un ciclo de distribución de treinta y ocho días, con las zonas altas como las más afectadas por la escasez y la baja presión. En localidades como Guamá, San Luis y Tercer Frente, la situación se torna crítica por el agotamiento de fuentes y las dificultades en el suministro eléctrico necesario para operar los equipos de bombeo.
Emergencia en La Habana y respuesta gubernamental
La capital no escapa a la crisis. Según la vicepresidenta, Inés María Chapman, aproximadamente 156.700 personas en La Habana enfrentan afectaciones en el suministro, tanto por fallas en el ciclo de distribución por redes como por problemas con el sistema eléctrico que impide el funcionamiento de los equipos de bombeo. Las autoridades capitalinas han implementado el uso de camiones cisterna para abastecer a las comunidades más afectadas, aunque los recursos resultan insuficientes frente a la demanda generalizada. Entre el tres y el seis de octubre, el gobierno logró reducir en ciento once mil veintitrés personas la cantidad de afectados tras la incorporación de ciento diecinueve pipas a la distribución, cuarenta y siete más que las disponibles anteriormente. Chapman aseguró que el déficit hídrico muestra una tendencia a la reducción progresiva debido a trabajos de reparación en la infraestructura.
El gobierno asegura estar ejecutando más de 300 obras de infraestructura hidráulica en todo el país, con una inversión estimada en 5.000 millones de pesos. Sin embargo, las autoridades no han ofrecido detalles específicos sobre los territorios beneficiados ni el desglose de estas inversiones, generando desconfianza entre la población afectada. Como parte de la respuesta al problema energético que impide el bombeo constante de agua, se han instalado más de ochocientos sistemas de bombeo con energía solar. Junior González Núñez, vicepresidente primero del Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos, calificó estos sistemas como confiables y seguros al operar de manera independiente de la energía generada con combustibles fósiles. El presidente Miguel Díaz-Canel prometió priorizar la distribución hacia los sectores más afectados, señalando que quien lleva treinta días sin agua debe recibir el suministro primero.
La crisis del agua se inscribe en un contexto de deterioro generalizado de las infraestructuras cubanas. El país cuenta con 24.907 kilómetros de redes de tuberías aproximadamente, 3.006 estaciones de bombeo, 3.305 equipos instalados y 2.4003 instalaciones de tratamiento de agua potable que abastecen a 8.473.242 habitantes en 2.555 asentamientos poblacionales, según datos de la Organización Superior de Dirección Empresarial Agua y Saneamiento. Sin embargo, esta infraestructura acumula décadas de deterioro por falta de mantenimiento e inversión adecuada. Expertos independientes estiman que el paísnecesitaría entre 8.000 y 10.000 millones de dólares para recuperar tanto la red eléctrica como la hidráulica.
El Observatorio Cubano de Auditoría Ciudadana ofrece cifras más preocupantes que las oficiales. Según esta organización no gubernamental, solo el 15% de los hogares recibe agua de forma estable, el 17% no tendría acceso a agua potable y el resto depende de ciclos irregulares o de pipas. En otras palabras, dos de cada tres cubanos no tendrían agua corriente garantizada en sus viviendas según este diagnóstico independiente realizado en marzo de dos mil veinticuatro. La escasez ha provocado además un aumento de robos y desvíos del recurso, afectando a comunidades enteras. Una imagen viral en redes sociales simboliza la gravedad de la crisis: una cola de tanques plásticos vacíos en un reparto de Santiago de Cuba, esperando que aparezca un camión cisterna que los llene. La desesperación por conseguir agua para cubrir necesidades básicas como la higiene, la alimentación y el saneamiento se ha convertido en una realidad cotidiana para millones de cubanos que enfrentan esta nueva crisis sin visos de solución inmediata.