Marsella redescubre al Quijote desde la risa mediterránea

15 octobre 2025 - 15:24

La apertura en el MuCEM de Marsella de la exposición “Don Quijote: Histoire de fou, histoire d’en rire” no se limita a una evocación patrimonial de la obra cervantina, sino que propone una lectura cultural donde la figura del hidalgo se inserta en la historia mediterránea del humor, la sátira y la imaginación popular. El museo ha optado por alejarse de las conmemoraciones solemnes y privilegiar una mirada que entiende al personaje como una construcción colectiva que ha viajado por distintas lenguas, épocas y estéticas, sin quedar reducido a su origen español.

El enfoque francés resulta revelador porque asocia al Quijote con una tradición de ironía ilustrada y crítica social que encuentra en la caricatura, la literatura burlesca y la cultura popular un terreno fértil para repensar la autoridad y sus delirios. Marsella, ciudad de fronteras porosas y circulación continua de imaginarios, ofrece un escenario donde el personaje cervantino adquiere una resonancia que no depende de la nostalgia literaria, sino de su capacidad para interpelar el presente desde el absurdo y la lucidez disimulada en la risa.

El contexto político europeo da a esta lectura una dimensión suplementaria. En un momento en que resurgen los discursos identitarios, el quijotismo reaparece como antídoto contra la rigidez ideológica y como recordatorio de que el desvarío puede servir para cuestionar la lógica dominante. La risa, tratada aquí como forma de pensamiento y no como ornamento, permite señalar los mecanismos del poder sin necesidad de adoptar un tono frontal o doctrinario. El fracaso del hidalgo, lejos de interpretarse como debilidad, se coloca en el centro de una reflexión sobre la dignidad del imaginario frente a las constricciones de lo real.

Aunque la exposición no explicite la conexión hispanoamericana, su lectura del personaje abre una puerta hacia ese otro territorio donde el quijotismo se transformó en lenguaje para nombrar la persistencia ante lo improbable, la defensa imaginativa frente a la adversidad y la burla como estrategia de supervivencia política. El recorrido museístico deja ver, sin subrayarlo, que el personaje viaja mejor cuando se le libera de cualquier reclamo de propiedad nacional y se le permite circular como símbolo compartido entre épocas y geografías.

España aparece entonces no como depositaria exclusiva de la obra, sino como punto de partida de una historia que sigue escribiéndose en clave plural. La exposición insiste en la metamorfosis del personaje a través del teatro, la canción, el cine, la crítica social o la ilustración, lo que convierte al Quijote en un espejo cambiante donde cada sociedad reconoce sus contradicciones sin necesidad de solemnidad.

El título elegido por el museo resume la apuesta curatorial: la supuesta locura se convierte en otra forma de lucidez y la risa funciona como vía de acceso a aquello que las retóricas oficiales prefieren ignorar. Marsella no busca reafirmar un canon literario, sino experimentar con una figura que incomoda precisamente porque ilumina el extravío colectivo desde el desajuste cómico.

En un tiempo donde la política europea alterna el miedo con el repliegue identitario, que el Mediterráneo vuelva a escuchar la voz cervantina a través del humor ofrece una señal de inteligencia cultural. El Quijote, despojado de monumentos, actúa como recordatorio de que la imaginación también es una forma de crítica y que la risa, lejos de diluir la gravedad del mundo, permite observarlo con una claridad que pocos discursos consiguen alcanzar.

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