El historiador Esteban Mira Caballos presenta la biografía más completa y actualizada del navegante, separando la historia de la leyenda. El libro incorpora recientes descubrimientos genéticos y documentos inéditos del Archivo General de Indias para reconstruir la figura del descubridor. La obra, que se agotó en apenas tres días tras su lanzamiento, confirma el origen genovés de Colón y su condición de converso judío. El autor defiende que los restos del almirante reposan en la catedral de Sevilla y no en Santo Domingo, contradiciendo su propia tesis anterior tras conocer nuevas evidencias científicas.
El historiador Esteban Mira Caballos ha publicado la biografía más completa sobre Cristóbal Colón escrita en lo que va del siglo XXI. La obra, titulada «Colón: El converso que cambió el mundo», se agotó en apenas tres días tras su lanzamiento y ha generado un amplio debate entre especialistas. El libro de 580 páginas integra documentos inéditos hallados en el Archivo General de Indias y la Biblioteca Colombina, además de incorporar los últimos descubrimientos genéticos sobre los restos del navegante. Mira Caballos, doctor en Historia de América por la Universidad de Sevilla, ha dedicado años a revisar las más de 20.000 biografías existentes sobre el personaje para rescatar al Colón histórico de las toneladas de literatura apologética y condenatoria.
El autor defiende que Colón era genovés y converso judío, zanjando décadas de especulaciones sobre su origen. La tesis se fundamenta en análisis de ADN realizados sobre los restos atribuidos al almirante y a su hijo Hernando, así como en documentos históricos que confirman su procedencia italiana. Las teorías alternativas que situaban su nacimiento en Valencia, Galicia, Portugal o Cataluña quedan desmentidas con evidencia científica y documental. El libro también confirma que Colón era un navegante experimentado y un hombre razonablemente culto, contradiciendo la imagen de aventurero improvisado que ha circulado durante siglos. Su proyecto de llegar a Asia por occidente respondía a cálculos geográficos errados pero no a una improvisación.
La biografía aborda aspectos inéditos de la personalidad del descubridor. Mira Caballos describe a Colón como un excéntrico con un comportamiento quijotesco que decía cosas sin sentido y escuchaba voces del más allá. El historiador documenta episodios en los que el almirante afirmaba que Dios se le presentaba cuando estaba acorralado por los indígenas, revelando una mentalidad mesiánica propia del ambiente franciscano español. Esta dimensión psicológica del personaje ayuda a comprender sus decisiones como gobernante y sus conflictos con los Reyes Católicos. El navegante combinaba una extraordinaria capacidad de convicción, fundamentada en su profunda fe religiosa, con un ojo avizor para detectar cuestiones que pocos veían en su época.
El debate sobre los restos del navegante
Una de las aportaciones más polémicas del libro es la conclusión sobre el paradero definitivo de los restos de Colón. Mira Caballos sostiene que se encuentran en la catedral de Sevilla, contradiciendo su propia tesis anterior que los situaba en Santo Domingo. El cambio de posición se fundamenta en estudios genéticos encabezados por José Antonio Lorente, catedrático de Medicina Legal de la Universidad de Granada. Los análisis confirman que los restos conservados en Sevilla se corresponden genéticamente con Hernando Colón, hijo del almirante, estableciendo así la vinculación de padre e hijo que resulta muy fácil de detectar científicamente.
El historiador explica que después del terremoto que devastó Santo Domingo regresó en un contratiempo a examinar la evidencia. Los estudios genéticos más recientes no dejaron margen de duda sobre la ubicación auténtica de los restos, aunque esta conclusión ha generado malestar en República Dominicana, donde se conserva otra tumba atribuida al descubridor. El autor reconoce que cambiar de opinión resulta difícil para un historiador, pero considera que la honradez intelectual obliga a aceptar la evidencia científica aunque contradiga convicciones previas. La Academia Dominicana de la Historia organizó la presentación del libro en Santo Domingo pese a esta conclusión controvertida.
La obra desmonta numerosas leyendas construidas sobre el personaje a lo largo de cinco siglos. Mira Caballos demuestra que no existió ningún predescubridor y que Colón no fue un usurpador que robó información a un navegante pionero. La tesis que circuló durante décadas sobre Alonso Sánchez, marinero de Huelva que supuestamente habría viajado al nuevo continente y transmitido sus certezas a Colón antes de morir, carece de fundamento histórico. El historiador aclara que el descubrimiento respondió a un proyecto calculado, aunque equivocado en sus premisas geográficas, y no a un golpe de suerte. Colón actuaba como un navegante experimentado que había estudiado las corrientes atlánticas y los vientos dominantes.
El libro incorpora la historiografía dominicana, frecuentemente ignorada en España. Mira Caballos cita extensamente a investigadores locales como Emilio Rodríguez Demorizi, Marcio Veloz Maggiolo y Antonio del Monte y Tejada, rindiendo justicia a autores que nunca se mencionan en las biografías europeas. El volumen y la riqueza de esta producción académica ha sorprendido a los lectores españoles, acostumbrados a una visión eurocéntrica del descubrimiento. El historiador Frank Moya Pons ha sido la excepción entre los autores dominicanos reconocidos en la península, señala el autor, aunque su obra también merece mayor difusión entre el público español interesado en la historia americana.
La biografía se pregunta si Colón supo que había descubierto un nuevo continente. Mira Caballos concluye que el almirante murió convencido de haber llegado a Asia por una ruta alternativa, aunque hacia el final de su vida comenzó a intuir que las dimensiones de las tierras halladas no correspondían con las descripciones asiáticas conocidas. Esta confusión geográfica prolongó durante décadas el desconocimiento europeo sobre la verdadera naturaleza del descubrimiento, retrasando la comprensión de que existía una masa continental desconocida entre Europa y Asia que cambiaba radicalmente el mapa del mundo conocido.