A Irán y Venezuela les acerca el totalitarismo como característica definitoria de sus regímenes políticos y el terrorismo de Estado aplicado siempre que haga falta para silenciar las voces de críticos y disidentes que reclaman libertades y democracia. Son países distantes, con lenguas, culturas y religiones distintas. De todas formas, el siglo XXI ha sido testigo de esa amistad que ha ido afianzándose en desafío a Washington. La relación no se ha enfriado, pero tampoco atraviesa su mejor momento y pareciera que atrás han quedado los días de gloria en tiempos de Hugo Chávez. Por otra parte, la opacidad de los regímenes dificulta el acceso a información pública sobre los acuerdos estratégicos suscritos y supone desafíos para establecer el nivel de cooperación estratégica bilateral, especialmente en términos de seguridad.
La cadena de noticias CNN indica este lunes que el gobierno venezolano se prepara para un posible ataque terrestre de Estados Unidos, mientras que el régimen trata de afianzar relaciones con sus socios estratégicos, que no casualmente son dictaduras y regímenes autoritarios, Irán, Rusia y China, son algunos de estos. Caracas busca “la sombra protectora de Moscú, la pragmática atención de Beijing y la solidaridad de Teherán”, pero es posible que ninguno de estos vínculos sea tan “sólido” para recibir respaldo concreto en caso de una escalada militar, indica el medio citado.
Analistas consultados tienen miradas diversas e incluso contrapuestas sobre el rol de China y Rusia en la sociedad estratégica Venezuela-Irán, pero sí coinciden en que es Venezuela quien más necesita ese vínculo de lo que Teherán necesita a Caracas.
Irán ya tuvo su propio conflicto este año, con Israel, y que culminó con el bombardeo de Estados Unidos contra tres instalaciones nucleares. En su día, Nicolás Maduro rechazó la ofensiva contra Irán y, en septiembre, Irán le devolvió la atención rechazando el ataque de Washington a una embarcación en el Caribe. Venezuela mantiene la mano tendida hacia el régimen chiita, mientras que Irán mantiene antagonismos en su propia región con varios países.
Benigno Alarcón, del Centro de Estudios Políticos y de Gobierno de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), explica al medio estadounidense que “desde hace años hay una cooperación que va más allá de lo implícito” con estas tres naciones. Y pone en contexto la presencia de una delegación venezolana en el desfile militar realizado por Xi Jinping en Beijing, a inicios de septiembre, al que también acudieron el presidente ruso, Vladimir Putin, y el iraní Pezeshkian. Hay diferentes miradas sobre el tipo de vinculación entre estos gobiernos y más que acciones mancomunadas o de cooperación triangular, se advierten asociaciones bilaterales estratégicas.
Alarcón indica que “no es una vinculación simple”: hay diferentes niveles en las relaciones y, además, todos estos gobiernos enfrentan sus propios desafíos. Irán mantiene grandes tensiones en su región. China está en pugna con Estados Unidos y Rusia está en guerra con Ucrania. China actúa con pragmatismo y, sin embargo, “no se siente muy cómoda con la relación con Caracas”. Venezuela debió negociar períodos de gracia por la deuda que mantiene con China. En cuanto a la relación con Rusia, el experto nota que el Kremlin podría tener “un interés más directo” en Venezuela. De hecho, la tecnología militar en Venezuela es en gran parte de origen ruso. “Hay un acercamiento ideológico mayor que otros, hay simpatía, a lo mejor en algún momento hubiera estado dispuesta a ayudar más, pero hoy tiene que atender más un frente que tiene abierto (con Ucrania)”, precisa el académico.
Alfredo Rodríguez Gómez, profesor de Relaciones Internacionales y de Ciencias Políticas de la Universidad Internacional de La Rioja (España), desestima que exista un eje coordinado y analiza que las relaciones muestran diferencias y asimetrías: “a Rusia le gustaría meter su cuña, pero no en una relación triangular”, mientras que la relación con China es “totalmente asimétrica” y lo que busca Beijing, como potencia global, es estabilidad. Por ello, Rodríguez Gómez ve que el punto en común entre las naciones es el “revisionismo”, pero no mucho más.
Irán y Venezuela son dos potencias petroleras y el primero ayudó al segundo durante su escasez de combustible en 2020. Hay límites en la cooperación bilateral pero lo cierto es que ambos gobiernos han ido más allá de la retórica antiimperialista y han fortalecido su cooperación en áreas estratégicas, incluso cuando no haya información oficial de acceso público especialmente en lo que atañe a la cooperación militar.
Rodríguez Gómez recuerda que “Irán tiene otros sitios donde poner su mirada de carácter político, estratégico, me refiero a sus proxies en Oriente Medio, o recuperar su relación con Rusia. La ayuda que proporcionó en otros años (a Venezuela) ahora no se ve”. Irán, además, experimenta el aislamiento regional. Y el régimen de Caracas también enfrenta sus propios desafíos. Aunque la relación con Irán no se enfría, tampoco está en su mejor momento como ocurría en tiempo de Hugo Chávez. “No es una alianza convencional”, analiza Rodríguez Gómez. Para Alarcón se trata de “una asociación estratégica que es más significativa y controvertida en el orden mundial actual”.
El arribo de Nicolás Maduro al poder no supuso cambios en la política exterior de Venezuela, pero sí se ha visto más aislado que su antecesor, con menos recursos y un contexto económico e internacional diferente. Maduro ha continuado apoyándose en el vínculo con Irán. En 2022, ambos gobiernos firmaron un Acuerdo de Cooperación Estratégica a 20 años, que incluyó compromisos petroleros, de defensa, agricultura, turismo y servicios. Y hace un par de meses, el canciller de Venezuela, Yván Gil, confirmó que su país seguirá “consolidando y expandiendo” ese pacto. No obstante, el documento nunca ha sido de acceso público.
El secretismo del régimen de Caracas contrasta con la advertencia estadounidense, desde hace años, a América Latina para no “profundizar” lazos con Irán. Washington estima que el régimen de los ayatolas es “patrocinador del terrorismo” y países o empresas que negocien con este se exponen a sanciones secundarias. De hecho, en 2020, Estados Unidos interceptó un cargamento de millones de barriles de petróleo iraní con destino a Venezuela y en 2021 presionó el desvío de buques iraníes que se dirigían hacia Sudamérica.
CNN, con base en informaciones de la cadena estatal iraní Press TV, destaca que Irán y Venezuela tienen unos 300 acuerdos firmados y están cerca de finalizar un tratado de libre comercio, aunque las transacciones son relativamente bajas: “Venezuela envió bienes por menos de un millón de dólares en 2022 (principalmente autopartes), mientras que compró productos a Irán por menos de US$ 30 millones, en su mayoría vehículos y autopartes”, según los datos del Observatorio de Complejidad Económica.
Expertos en temas de seguridad afirman que Irán ha brindado asistencia a Venezuela en el desarrollo de drones de uso militar, pero Caracas nunca confirmó un supuesto acuerdo de transferencia tecnológica. Hace tres meses, el presidente venezolano pidió fortalecer la “defensa aérea y antiaérea con tecnología propia” y también con “la ayuda de los grandes aliados y amigos del mundo”, aunque no hizo menciones específicas. Por todo ello, los vínculos más estrechos, de conocimiento público, continúan siendo sus relaciones diplomáticas.
La cooperación militar de los aliados de Venezuela es una incógnita de momento, pero lo cierto es que Venezuela se prepara ante una escalada en las tensiones con Estados Unidos. “Si se produce un ataque en territorio venezolano, las miradas también se posarán en la reacción de los aliados del Palacio de Miraflores, dada la gran disparidad de las capacidades militares de las partes”, puntualiza la cadena americana.
Para los analistas, no obstante, que Irán se involucre en un conflicto de este lado del mundo, es una posibilidad muy remota, para no decir imposible, mucho menos después del conflicto del pasado julio. Eventualmente Irán sí podría tener acciones “discretas, indirectas, sin exponerse demasiado”, de asistencia a Venezuela, sugiere Alarcón. Para Rodríguez Gómez tampoco es probable la asistencia militar abierta de Teherán a Caracas.