La sede de la FAO en Roma acoge esta semana el Foro Mundial de la Alimentación y la ceremonia del Día Mundial de la Alimentación, con la participación de líderes latinoamericanos, el papa León XIV y la reina Letizia. El aniversario llega acompañado de discursos solemnes y cifras que evidencian una desigualdad alimentaria cada vez más marcada.
La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura nació en 1945 con la promesa de combatir el hambre desde la cooperación internacional. Ochenta años después, Roma se convierte en el centro diplomático de ese debate con un programa que combina foro, ceremonia y símbolos. Del 13 al 17 de octubre se desarrolla el Foro Mundial de la Alimentación, y el jueves 16 tendrá lugar el acto principal del Día Mundial de la Alimentación.
El cartel de invitados revela una apuesta por reforzar legitimidad y visibilidad. La reina Letizia de España, embajadora de buena voluntad para la nutrición, intervendrá junto al papa León XIV, que debuta ante la FAO tras su elección. También participarán Luiz Inácio Lula da Silva, que presentará su Alianza contra el Hambre y la Pobreza lanzada en el G20; el presidente de Uruguay, Yamadú Orsi Martínez; el chileno Gabriel Boric, invitado al Foro de Inversión de la Iniciativa Mano de la Mano; el mandatario paraguayo Santiago Peña y el rey Letsie III de Lesoto. Ban Ki-moon, Cindy McCain (PMA) y Álvaro Lario (FIDA) completan la lista institucional.
El director general de la FAO, Qu Dongyu, intenta aprovechar el aniversario para revitalizar el multilateralismo alimentario. La inauguración del museo educativo MuNe, con la presencia del presidente italiano Sergio Mattarella, forma parte de esta estrategia de reposicionamiento político y simbólico. Sin embargo, las cifras recientes matizan el tono celebratorio.
El informe SOFI 2025 indica que 673 millones de personas padecen hambre, el 8,2 % de la población mundial. Hay avances respecto a 2022 y 2023, pero muy desiguales. América Latina y el Caribe registran una mejora significativa: la subalimentación cayó al 5,1 %, con 34 millones de personas afectadas. En cambio, África concentra las cifras más dramáticas: uno de cada cinco habitantes sufre hambre, más de 307 millones en 2024. En Asia Occidental, el problema alcanza al 12,7 % de la población, unos 39 millones de personas.
Las proyecciones para 2030 dibujan un horizonte inquietante: 512 millones de personas seguirán en condiciones de subalimentación crónica y el 60 % vivirá en países africanos. Mientras el lenguaje diplomático habla de “colaboración global”, “sostenibilidad” y “seguridad alimentaria”, los sistemas agroproductivos siguen atrapados en desigualdades estructurales, dependencia de mercados y vulnerabilidad climática.
La FAO celebra su aniversario en un escenario monumental, entre el Circo Máximo y las Termas de Caracalla. Pero más allá de las fotos oficiales, el hambre se ha convertido en un terreno de poder político, competencia geoestratégica y legitimidad internacional. El protagonismo de América Latina, el liderazgo del papa y el peso africano en las cifras revelan que el debate alimentario ya no se sostiene en declaraciones bienintencionadas, sino en la urgencia de evitar que la desigualdad se convierta en norma global.