El cine español suspende en igualdad

09 octobre 2025 - 19:14

 La décima edición del informe de CIMA revela que las mujeres representan el 38% de profesionales del sector del largometraje, pero sus proyectos cuentan con un 24% menos de recursos. La brecha se agrava en las ayudas selectivas, donde la diferencia alcanza el 30%. El análisis de la representación en pantalla muestra que el 100% de los papeles protagonistas fueron interpretados por personas cisgénero y que la diversidad racial, de discapacidad y corporal sigue siendo testimonial. 

La Asociación de Mujeres Cineastas y de Medios Audiovisuales presentó este lunes en la Academia de Cine la décima edición de su informe sobre la situación de las mujeres en el cine español, coincidiendo con el Día del Cine Español. El estudio, elaborado por la socióloga Sara Cuenca y financiado por el Instituto de la Cinematografía y de las Artes Audiovisuales, confirma avances en la presencia femenina pero evidencia brechas estructurales que persisten en el sector. En los últimos diez años, la representación de mujeres en el largometraje ha pasado del 26% en 2015 al 38% en 2024, con una aceleración en el último lustro que permitiría alcanzar un mínimo equitativo del 40% en 2026 si la tendencia se mantiene.

Sin embargo, los datos económicos revelan una realidad diferente. Las películas dirigidas por mujeres cuentan con un 24% menos de recursos que las dirigidas por hombres, lo que supone más de medio millón de euros de diferencia por título. La brecha se agrava en las ayudas selectivas, donde las directoras reciben un 30% menos de financiación, mientras que en las ayudas generales la diferencia se reduce. Esta desigualdad presupuestaria condiciona la competitividad de las cineastas y limita sus posibilidades de acceder a proyectos de mayor envergadura. La presidenta de CIMA, Cristina Andreu, atribuyó en informes anteriores esta brecha a la escasa apuesta de televisiones privadas y plataformas por los filmes dirigidos por mujeres.

El informe analiza la participación de los principales agentes del sector en 2024. El 36% de los largometrajes comprados o coproducidos por RTVE, Atresmedia Cine y Telecinco Cinema fueron dirigidos por mujeres. La televisión pública lideró con un 38%, seguida de Telecinco con un 33% y Atresmedia con un 31%. Entre las plataformas de streaming, Filmin destaca con un 67% de títulos participados dirigidos por mujeres, seguida de Movistar Plus+ con un 43%. Otras plataformas muestran una apuesta prácticamente nula por proyectos liderados por directoras, lo que contribuye a perpetuar la desigualdad en un ecosistema audiovisual cada vez más dominado por las grandes corporaciones digitales.

Áreas masculinizadas que resisten el cambio

La segregación por especialidades técnicas muestra patrones persistentes. Los cargos tradicionalmente feminizados como vestuario o peluquería apenas registran cambios en su composición, mientras que áreas históricamente masculinizadas siguen muy lejos de parámetros equitativos. La producción cuenta con un 24% de mujeres, la dirección de fotografía con un 21%, la composición musical con un 26% y el sonido con un 26%. Estas cifras evidencian que la incorporación femenina al sector se concentra en determinadas especialidades, reproduciendo estereotipos de género que limitan la diversidad profesional. El informe subraya que romper estos techos requiere políticas activas de formación y acceso en las áreas técnicas más masculinizadas.

La décima edición del estudio incorpora por primera vez un análisis específico sobre empleabilidad y representación de actrices en pantalla. Los resultados muestran un suspenso generalizado en diversidad. El 100% de los papeles protagonistas de las obras de ficción estrenadas en 2024 fueron interpretados por personas con identidades cisgénero, mientras que las identidades de género no hegemónicas apenas alcanzan el 0,6% y únicamente en papeles secundarios. Los intérpretes con cuerpos no normativos representan solo el 6%, y la no normatividad se feminiza: el 62,16% de los cuerpos considerados no normativos en pantalla corresponden a mujeres cisgénero, lo que refuerza patrones de “objetificación” y estigmatización.

La discapacidad resulta casi invisible en las pantallas españolas. Los intérpretes con discapacidad representan apenas un 0,65%, mientras que los personajes con discapacidad ascienden a un escaso 4,88%. En cuanto a la representación racial, los intérpretes y personajes blancos concentran la inmensa mayoría: las personas racializadas tienen una presencia testimonial del 4,55% entre intérpretes y del 3,90% entre personajes. Estos datos evidencian que el cine español reproduce una homogeneidad que no refleja la diversidad real de la sociedad. El informe señala que la escasa presencia de personas racializadas, con discapacidad o corporalidades diversas no solo es una cuestión de representación simbólica, sino que afecta directamente a la empleabilidad de estos colectivos en la industria.

Edadismo y tres retos para el futuro

El análisis identifica además un marcado edadismo de género. Las mujeres cisgénero concentran el protagonismo entre los 26 y los 45 años, mientras que los hombres cisgénero ocupan la centralidad de las tramas a partir de los 46 años. Entre los 46 y 50 años, el 70,27% de los protagonistas son hombres, porcentaje que se mantiene en el 61,29% entre los 51 y 55 años. Esta distribución evidencia que las actrices enfrentan una ventana de oportunidad más estrecha que sus colegas masculinos, viéndose relegadas a papeles secundarios o de reparto a medida que envejecen, mientras los actores continúan interpretando roles protagónicos en edades más avanzadas.

A partir de estos resultados, CIMA identifica tres retos fundamentales para el sector. El primero consiste en consolidar y acelerar la feminización en los puestos de liderazgo, superando las barreras que impiden el acceso equitativo a dirección, producción y especialidades técnicas. El segundo reto plantea corregir la desigualdad económica que condiciona la competitividad de las mujeres cineastas y perpetúa su relegación a proyectos de menor presupuesto. El tercer desafío aspira a garantizar una mayor diversidad interseccional, rompiendo la homogeneidad cisgénero, blanca y normativa que domina el cine español tanto delante como detrás de las cámaras. El informe recomienda medidas concretas como casting inclusivo, narrativas que representen la diversidad más allá del conflicto y seguimiento interseccional basado en indicadores públicos que permitan reducir las brechas.

 

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