América Latina ante las alertas del FMI: deuda en alza y oro como refugio

08 octobre 2025 - 16:19

La directora del FMI, Kristalina Georgieva, reconoce que la economía mundial avanza “mejor de lo esperado”, pero advierte que ese progreso es frágil. Señala riesgos crecientes: deuda soberana desbordada, mercado de capitales sobrecalentado en torno a la inteligencia artificial, aranceles que erosionan crecimiento y un apetito por el oro que delata nerviosismo institucional. Estas señales no son abstractas para América Latina: desmenuzan futuras vías de financiación, inversiones y estabilidad.

La primera luz roja viene de la deuda pública. Con proyecciones que apuntan al 100 % del PIB mundial hacia 2029, el ajuste fiscal dejará menos espacio para salud, educación o infraestructura. En países con monedas volátiles o tasas de interés elevadas, esa restricción ya aprieta. El FMI llama a “poner la casa en orden”, una frase recurrente que este año suena como ultimátum de credibilidad financiera.

Mientras tanto, el oro recobra protagonismo. Los bancos centrales lo compran en volúmenes atípicos. Esa demanda no surge de un pacto teórico, sino del temor acumulado. El metal no fabrica valor nuevo, pero protege frente al riesgo de colapso del crédito, al rezago de la inflación o a caídas abruptas de las acciones tecnológicas.

Y ahí llega el tercer foco: la burbuja IA. Las valoraciones de empresas vinculadas a inteligencia artificial muestran niveles que no se veían desde los días locos de las puntocom. Georgieva advierte que una corrección abrupta podría arrastrar activos fuera del circuito tecnológico, con implicaciones para mercados emergentes dependientes de flujos externos. Un caída severa filtraría hacia las economías vulnerables una ola de aversión global al riesgo.

Las tensiones arancelarias y la inflación importada agravan ese escenario. Subir gravámenes durante una fase de vulnerabilidad global añade fricción al comercio y presión sobre cadenas vulnerables. Para América Latina, esa presión se traslada en forma de aumentos en alimentos, combustibles y bienes intermedios que alimentan inquietudes sociales.

¿Qué hacer en América Latina frente a este coctel de alarmas?

Primero: ajustar con inteligencia. No basta recortar gasto; hay que orientar el ajuste hacia gasto productivo y políticas verdes que multipliquen efecto. Segundo: negociar reestructura de deuda por clima o biodiversidad para evitar que el costo del ajuste recaiga sobre el desarrollo humano. Tercero: impulsar productividad local: inversión en energías limpias, fortalecimiento de cadenas regionales y desarrollo tecnológico soberano. Cuarto: diversificar diplomáticamente, no confiar en rutas únicas de comercio o mercado.

La historia enseña que las crisis no impactan por nos quedarnos estáticos, sino por quedarnos sin margen. La economía global muestra signos de fatiga que ya asoman en el precio del metal, las valoraciones especulativas y la carga del endeudamiento. América Latina está lejos del epicentro, pero su vulnerabilidad hace que las sacudidas externas se vivan aquí con intensidad. Quien diga que “vamos bien” peca de optimismo o de miopía. En un tablero global donde los símbolos del riesgo (oro, deuda, excedentes bursátiles) coinciden, la prudencia no es cautela: es supervivencia activa.

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