La interceptación por Israel de la flotilla humanitaria que partió de Barcelona el 31 de agosto hacia Gaza desató una oleada de contenidos falsos, medias verdades y vídeos sacados de contexto que circularon por redes sociales. Desde supuestas infiltraciones del Mossad hasta fiestas en Ibiza que nunca ocurrieron, la desinformación se convirtió en otra arma en el conflicto, mientras los verificadores trabajan para separar la realidad de la manipulación en una crisis donde cada narrativa busca imponerse.
La Global Sumud Flotilla, que zarpó del puerto de Barcelona el 31 de agosto con más de 400 activistas de 44 países a bordo, tenía como objetivo romper el bloqueo marítimo israelí sobre Gaza y entregar ayuda humanitaria. Sin embargo, antes de que los barcos fueran interceptados por las fuerzas israelíes en aguas internacionales el 2 de octubre, ya había comenzado otra batalla paralela: la de la información. Bulos, contenidos sacados de contexto, vídeos antiguos presentados como actuales y manipulaciones con inteligencia artificial inundaron las redes sociales, demostrando que en los conflictos contemporáneos, la primera víctima sigue siendo la verdad.
Uno de los contenidos más virales fue un vídeo presentado como prueba de que una agente del Mossad se había infiltrado en la flotilla para demostrar que no llevaba ayuda y estaba financiada por Hamás. El material, difundido masivamente tras la interceptación, resultó ser antiguo, publicado originalmente en junio por la organización proisraelí Ad Kan en referencia a una flotilla anterior. El medio de verificación Maldita.es confirmó que las imágenes no correspondían a la expedición de 2025, aunque el vídeo siguió circulando durante días presentado como prueba reciente. Este caso ilustra un patrón recurrente: el reciclaje de material antiguo para alimentar narrativas del presente.
Bulos virales
La cuestión de si la flotilla transportaba ayuda humanitaria se convirtió en otro foco de desinformación. El ministro de Seguridad Nacional de Israel, Ben Gvir, y la Policía israelí difundieron vídeos de los barcos interceptados aparentemente vacíos, mientras organizaciones vinculadas a la flotilla publicaron fotografías y vídeos mostrando cajas de alimentos y medicinas. Los verificadores no pudieron confirmar la cantidad exacta de ayuda a bordo, si parte se consumió durante el viaje de más de un mes, o si el material israelí se grabó tras alterar la carga. La ambigüedad dejó espacio para que cada bando construyera su propia versión.
El rechazo de la flotilla a la propuesta italiana de entregar la ayuda a través de canales oficiales desde Chipre también fue objeto de manipulación. Algunos contenidos afirmaban que este rechazo demostraba que no había ayuda real, cuando la delegación italiana de la flotilla había explicado en un comunicado que su misión era «romper el asedio ilegal y entregar ayuda humanitaria directamente a la población sitiada de Gaza», no simplemente entregarla por vías convencionales que, argumentaban, legitimarían el bloqueo.
Las desinformaciones no se limitaron al debate sobre la ayuda. Un vídeo viral mostró supuestamente a miembros de la flotilla de fiesta en Ibiza durante su travesía hacia Gaza. Las imágenes resultaron ser de conciertos de recaudación de fondos celebrados en Barcelona antes de la partida, el 31 de agosto. Hanan Alcalde, quien aparecía en las grabaciones, tuvo que aclarar que se trataba de eventos previos al zarpe, no de una escala festiva en las Baleares. Sin embargo, el bulo reforzó una narrativa que presentaba a los activistas como poco serios o interesados en el turismo más que en la ayuda humanitaria.
Hechos reales, interpretaciones distorsionadas
Algunas informaciones verificadas como ciertas también fueron utilizadas de manera tendenciosa. La presencia de dos exmiembros de ETA entre los detenidos españoles se confirmó mediante documentación judicial francesa. José Javier Osés Carrasco e Itziar Moreno Martínez habían sido condenados por pertenencia a banda terrorista en 2016. Este hecho real fue amplificado por ciertos sectores para deslegitimar toda la misión, aunque los organizadores nunca ocultaron la diversidad de perfiles entre los cientos de voluntarios de decenas de países.
El protocolo de seguridad que llevó a varios tripulantes a lanzar sus teléfonos móviles al mar antes de ser abordados por las fuerzas israelíes también generó controversia. El periodista de El País Carlos de Barrón, que viajaba en el barco Captain Nikos, explicó que se trataba de una medida para proteger la identidad de coordinadores y colaboradores en tierra, evitando represalias. Aunque la acción quedó registrada en vídeo y fue confirmada, fue presentada por algunos como prueba de que la flotilla ocultaba información incriminatoria.
La dimisión de Khaled Boujemaa, coordinador del contingente magrebí, por la presencia de activistas LGBTQI+ en la flotilla evidenció tensiones internas que fueron explotadas informativamente. Boujemaa declaró en vídeos publicados en Facebook que no participaría en una misión con personas de la comunidad LGBTQ+, afirmando que «no vamos a romper el asedio a Gaza con homosexuales». El incidente, confirmado por la publicación Le Courrier de L’Atlas, mostró las contradicciones dentro de un movimiento que agrupaba a personas de ideologías diversas.
Los ataques con drones incendiarios contra los barcos cuando se encontraban cerca del puerto tunecino de Sidi Bou Said, entre el 8 y 9 de septiembre, generaron otra disputa informativa. La flotilla denunció inmediatamente el ataque y publicó vídeos. El Gobierno tunecino inicialmente atribuyó el incendio a la explosión de un encendedor o una colilla. Semanas después, la cadena CBS citó a agentes de inteligencia estadounidenses no identificados que confirmaron que Israel había enviado drones desde un submarino. La falta de información oficial clara permitió durante semanas que circularan versiones contradictorias.
El envío del buque de acción marítima Furor por parte del Gobierno español tampoco escapó a la desinformación. Contenidos virales afirmaban que Israel lo había considerado una provocación y declaración de guerra, algo que nunca ocurrió según verificaciones posteriores. El Ministerio de Exteriores israelí se limitó a advertir que no permitiría violaciones del bloqueo naval, sin usar la retórica bélica que se le atribuyó.
Lo que reveló este episodio es que en conflictos altamente polarizados, cada hecho se convierte en munición informativa. La interceptación de la flotilla generó protestas masivas en decenas de ciudades, desde Barcelona donde 15.000 personas marcharon, hasta manifestaciones en París, Londres, Dublín, Estambul, Kuala Lumpur y Caracas. La batalla por controlar la narrativa se libró en paralelo a la batalla en el mar, con cada bando intentando moldear la percepción pública a través de información verificada, sesgada o directamente falsa. En esta guerra de relatos, discernir la verdad requiere más esfuerzo que nunca.