Gaza bajo el plan de Trump

07 octobre 2025 - 05:38

Delegaciones de Israel y Hamás participan en Egipto en conversaciones indirectas para poner fin a la guerra en Gaza. El proceso se desarrolla bajo el esquema diseñado por Donald Trump, que busca presentarse como arquitecto de un acuerdo a dos años del inicio del conflicto.

Sharm el Sheij se ha convertido en escenario de un nuevo intento de mediación. Egipto y Catar actúan como facilitadores mientras las delegaciones israelí y palestina mantienen contactos indirectos. La iniciativa aparece cuando la guerra ha dejado más de sesenta y siete mil muertos en Gaza según cifras avaladas por la ONU y ha generado un desgaste político y militar que obliga a ambas partes a explorar una salida.

El plan de Trump concentra las principales tensiones. Plantea el desarme de Hamás, su exclusión del gobierno de Gaza y la retirada paulatina de las fuerzas israelíes. A cambio, Israel liberaría a miles de prisioneros palestinos, incluidos condenados a cadena perpetua, en un canje con los rehenes aún retenidos en la Franja. El expresidente asegura estar convencido de que el acuerdo está al alcance y envía emisarios de confianza, entre ellos Jared Kushner, para consolidar su protagonismo.

El problema central radica en la arquitectura política prevista. La propuesta habla de una administración de transición dirigida por tecnócratas, supervisada desde fuera y con Trump como figura tutelar. Hamás insiste en mantener algún grado de participación, lo que choca con la lógica del plan. La experiencia histórica muestra que imponer esquemas diseñados en despachos extranjeros suele producir soluciones frágiles y de corta duración.

La mediación revela además un contraste llamativo. Mientras Washington presiona por un desenlace rápido, los bombardeos continúan en Gaza y la vida cotidiana sigue marcada por la precariedad y la violencia. Para los habitantes del enclave y para las familias de los rehenes israelíes, la urgencia no es la arquitectura institucional, sino la supervivencia inmediata.

El conflicto de Gaza también habla al público latinoamericano. La región conoce de primera mano el peso de Washington en su destino y observa con atención cómo un plan concebido en la Casa Blanca pretende ordenar un territorio devastado por la guerra. La pregunta que surge es si un esquema pensado bajo parámetros externos puede generar estabilidad real o si acabará reproduciendo la dependencia que tantas veces ha caracterizado a América Latina frente al poder estadounidense.

Egipto y Catar buscan darle anclaje regional al proceso, aunque el margen es limitado frente a la lógica transaccional de Trump. La clave estará en traducir los acuerdos en un compromiso sostenible y aceptado por quienes viven en Gaza, más allá de las fotos diplomáticas o de los anuncios triunfales.

La paz no se decreta desde un despacho, se construye en el terreno. Si el plan de Trump se queda en cálculo político, la Franja volverá a ser escenario de guerra. El verdadero desafío es convertir la negociación en un punto de inflexión y no en otro capítulo fallido de una historia marcada por la repetición.

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