PNUD alerta sobre el estancamiento del desarrollo humano en Latinoamérica

06 octobre 2025 - 10:28

El Informe Regional sobre Desarrollo Humano 2025 «Bajo presión» revela que una de cada cuatro personas vive en pobreza y el 31% de la población se clasifica como “vulnerable” en América Latina y el Caribe. La región enfrenta un estancamiento preocupante con niveles de incertidumbre 50% superiores a la media mundial, mientras las «policrisis» amenazan décadas de progreso.

El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) acaba de lanzar una alerta sobre el estado crítico del desarrollo humano en América Latina y el Caribe, documentando un estancamiento preocupante que amenaza con revertir décadas de avances. El progreso en desarrollo humano en América Latina y el Caribe registra una parálisis y está en riesgo de sufrir retrocesos en medio de múltiples crisis, especialmente con índices que señalan que una de cada cuatro personas vive en pobreza y más del 30 % de la población se clasifica como “vulnerable”, según reveló el organismo internacional en la presentación de su informe regional de 2025.

El documento, titulado «Bajo presión: recalibrando el futuro del desarrollo en América Latina y el Caribe», fue presentado oficialmente en Puerto España, Trinidad y Tobago, en un acto que contó con la participación de la primera ministra Kamla Persad-Bissessar y representantes de gobiernos, sociedad civil y academia regional. El documento coloca la resiliencia en el centro de las políticas de desarrollo, en un contexto marcado por la persistencia de la pandemia, el impacto creciente del cambio climático, el incremento de la deuda, la inestabilidad económica, la polarización política y las desigualdades estructurales.

La directora del PNUD para América Latina y el Caribe, Michelle Muschett, caracterizó la situación regional como particularmente grave: «Una nueva era de incertidumbre, crisis superpuestas y rápidas transformaciones se entrelaza con vulnerabilidades estructurales y desafíos de gobernanza profundamente arraigados, poniendo en riesgo los avances en desarrollo que tanto han costado alcanzar». Esta caracterización revela la complejidad de los desafíos que enfrenta una región tradicionalmente resiliente pero ahora sometida a presiones sin precedentes.

Unas clases medias que no se consolidan

Uno de los hallazgos más preocupantes del informe se refiere a la fragilidad de la estructura social latinoamericana. El informe señala que la región «no ha logrado consolidar una clase media estable», ya que el 31 % de la población se clasifica como vulnerable. Es decir, que se encuentra justo por encima del umbral de la pobreza. Esta estadística revela que aproximadamente uno de cada tres latinoamericanos vive en una situación de precariedad económica que los coloca a un paso de caer en la pobreza ante cualquier crisis o shock externo.

La persistencia de esta vulnerabilidad evidencia las limitaciones estructurales del modelo de desarrollo regional, que no ha logrado crear empleos de calidad suficientes ni sistemas de protección social robustos que permitan a las familias construir patrimonio y estabilidad económica. Este panorama es preocupante para el PNUD ya que la región se enfrenta a nuevas «policrisis» y amenazas derivadas de las tecnologías en rápida evolución, la profundización de la fragmentación social y un clima cada vez más cambiante.

El concepto de «policrisis» utilizado por el PNUD describe la simultaneidad de múltiples crisis que se refuerzan mutuamente, creando un escenario de complejidad sin precedentes. Esta situación se agrava por la combinación de factores estructurales que han caracterizado históricamente a la región: alta desigualdad, baja productividad e instituciones débiles, problemas que ahora se potencian ante las nuevas amenazas globales.

El informe da cuenta de un incremento dramático en los niveles de incertidumbre regional que alcanza proporciones alarmantes. A principios de 2025, la incertidumbre alcanzó niveles especialmente pronunciados al situarse casi un 50 % por encima de la media mundial y superar en más del doble el nivel registrado en la propia región en 1990. Esta escalada en la percepción de incertidumbre refleja tanto la acumulación de crisis externas como la erosión de la confianza en las instituciones y en la capacidad de los gobiernos para gestionar los desafíos contemporáneos.

La alta incertidumbre genera efectos multiplicadores negativos que afectan las decisiones de inversión, consumo y planificación familiar, creando un círculo vicioso que perpetúa el estancamiento del desarrollo. Cuando las sociedades perciben que el futuro es impredecible, las familias postergan decisiones importantes como la educación superior, la compra de vivienda o el emprendimiento, mientras las empresas reducen sus inversiones y los gobiernos enfrentan mayor presión fiscal ante la demanda de protección social.

La resiliencia como nueva estrategia de desarrollo

Ante este panorama desalentador, el PNUD propone una estrategia integral basada en lo que denomina las tres «I» de la resiliencia. El informe destaca que el desarrollo humano sin resiliencia ya no es viable y plantea una estrategia basada en las tres «I» de la resiliencia: Instrumentos: políticas y herramientas financieras más inteligentes que protejan a las personas y anticipen riesgos. Instituciones: sistemas transparentes e inclusivos que fortalezcan la confianza social y respondan a las crisis. Infraestructura: tanto física como digital, diseñada para resistir shocks y ampliar oportunidades.

Esta propuesta metodológica reconoce que la resiliencia no es un resultado espontáneo sino que debe construirse deliberadamente a través de políticas públicas específicas. Los instrumentos incluyen sistemas de protección social más universales, mecanismos de alerta temprana y herramientas financieras que permitan a los países responder rápidamente ante crisis. Las instituciones deben fortalecerse para garantizar presencia territorial, coordinación efectiva y legitimidad social. La infraestructura requiere diseños que incorporen criterios de resistencia ante desastres naturales y capacidad de adaptación ante cambios tecnológicos.

Michelle Muschett enfatizó el carácter colaborativo de esta estrategia: «No se debe dejar a los individuos cargar solos con los riesgos; los gobiernos no pueden gestionarlos de manera aislada; el sector privado no puede innovar en el vacío; y los socios internacionales no pueden limitarse a importar soluciones externas». Esta perspectiva sistémica reconoce que la construcción de resiliencia requiere articulación entre múltiples actores y niveles de gobierno, superando los enfoques fragmentados que han caracterizado las respuestas tradicionales a las crisis.

El informe incorpora herramientas innovadoras para facilitar su aplicación práctica. La versión digital del estudio incorpora recursos interactivos, datos desagregados por país, gráficos animados, insumos para políticas públicas y un chatbot con inteligencia artificial para consultas rápidas. Esta modernización metodológica busca hacer más accesible el conocimiento técnico y facilitar la adaptación de las recomendaciones a los contextos específicos de cada país.

El PNUD concluye categóricamente que la resiliencia no es un lujo, sino una condición indispensable para garantizar el desarrollo humano en medio de un mundo cada vez más impredecible. Esta conclusión marca un cambio paradigmático en el enfoque del desarrollo, que debe evolucionar desde la búsqueda de crecimiento económico hacia la construcción de sociedades capaces de adaptarse, resistir y prosperar ante la incertidumbre estructural que caracteriza el siglo XXI.

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