La movilización europea por Palestina alcanzó este fin de semana una magnitud pocas veces vista. En ciudades como Roma, Barcelona, Madrid, París y Dublín, multitudes salieron a las calles para exigir el fin inmediato de la guerra en Gaza, la liberación de los detenidos de la flotilla interceptada por Israel y una respuesta más contundente de los gobiernos europeos ante la crisis humanitaria.
En Italia la capital fue escenario de una marea humana que recorrió las avenidas con banderas y consignas, mientras la prefectura de policía calculaba la asistencia en unas 250.000 personas. Los organizadores hablaron de un millón de manifestantes, cifra que revela la dimensión simbólica que el tema palestino alcanza en un país gobernado por una derecha criticada por su pasividad frente al conflicto.
En España la movilización se extendió a Barcelona y Madrid. Más de 70.000 personas en la primera y cerca de 92.000 en la segunda llenaron las calles con pancartas y cánticos en solidaridad con Gaza. Entre la multitud destacaban banderas palestinas y mensajes contra la ocupación, en un clima pacífico que convirtió las avenidas en escenario de una protesta que también es política. El ministro de Exteriores José Manuel Albares confirmó que entre los detenidos de la flotilla se encuentran 50 españoles, un hecho que agrega un componente diplomático a la movilización ciudadana.
La protesta no se limitó a España e Italia. En Dublín miles marcharon para recordar lo que consideran dos años de violencia sistemática sobre Gaza. En París cerca de diez mil personas se congregaron con pancartas y consignas de resistencia. En Londres, a pesar del llamado del primer ministro Keir Starmer a evitar concentraciones tras un ataque contra una sinagoga, unas mil personas se reunieron en la Plaza Trafalgar.
La causa palestina se ha convertido en catalizador de una movilización transversal en Europa. Jubilados, estudiantes, sindicatos y colectivos ciudadanos convergen en torno a una exigencia común: detener la guerra y abrir paso a un alto el fuego que incluya la liberación de los prisioneros. Lo que ocurre en Gaza resuena en las capitales europeas como una cuestión de dignidad y justicia. Cada bandera palestina desplegada en una avenida de Roma o Madrid refleja la convicción de que la sociedad civil europea se siente interpelada por un conflicto que no se limita al Medio Oriente sino que desafía los valores democráticos y los compromisos internacionales de Occidente.