El mercado laboral registra el mejor septiembre no pandémico en afiliación a la Seguridad Social, con 21,7 millones de cotizantes, mientras el desempleo desciende en 4.846 personas, rompiendo la tendencia histórica de este mes. La protección social alcanza un récord del 82,5%, aunque persisten desafíos estructurales como la elevada tasa de desempleo juvenil del 23,4% y las marcadas diferencias regionales en la creación de ocupación.
El mercado laboral español cerró septiembre con cifras que confirman una recuperación sostenida del empleo, aunque a un ritmo que evidencia cierta desaceleración respecto a los meses de mayor dinamismo. La afiliación a la Seguridad Social creció en 31.462 trabajadores durante el noveno mes del año, alcanzando un total de 21,7 millones de cotizantes. Se trata del mejor registro para un mes de septiembre desde antes de la pandemia, excluyendo los años atípicos de 2020 y 2021. El incremento del empleo en términos interanuales se sitúa en el 2,4%, ligeramente por encima del 2,25% de agosto, lo que supone la creación de medio millón de empleos en los últimos doce meses.
El dato desestacionalizado muestra un mayor dinamismo, con 56.700 trabajadores afiliados más a la Seguridad Social, frente a los 30.000 de los dos meses precedentes. Esta métrica, que neutraliza los efectos estacionales propios del mercado laboral, permite una lectura más precisa de la evolución del empleo. El comportamiento sectorial responde a patrones estacionales esperados. La educación lideró el crecimiento con 64.000 nuevos afiliados, impulsada por el inicio del curso escolar. Por el contrario, la hostelería perdió 35.000 trabajadores y el comercio registró una caída de 45.000 empleados, como consecuencia del fin de la temporada turística de verano.
Lo relevante es que sectores tradicionalmente más modestos en este periodo, como la construcción y el régimen de autónomos, mostraron un desempeño superior al de ejercicios anteriores. La construcción sumó 3.800 asalariados en el Régimen General, casi el doble que en 2023 y 2024, mientras que el régimen de autónomos aumentó en 7.500 trabajadores, el doble de lo registrado en los dos años previos. Estos datos sugieren una recuperación sostenida en sectores que habían mostrado debilidad en ejercicios anteriores, consolidando la tendencia de diversificación del crecimiento del empleo más allá de los servicios tradicionales vinculados al turismo.
El paro rompe la tendencia histórica de septiembre
El paro registrado en las oficinas del Servicio Público de Empleo Estatal descendió en 4.846 personas durante septiembre, situándose en 2.421.665 desempleados. Es la primera vez desde 2007, descartando los años de pandemia, que el desempleo disminuye en este mes, tradicionalmente marcado por el aumento del paro tras el verano. En términos interanuales, el desempleo se redujo en 153.620 personas, una caída del 6% que contrasta favorablemente con el crecimiento económico del 3% registrado en el país. La ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, celebró las cifras afirmando que reflejan familias que hoy respiran con mayor tranquilidad.
La ministra de Seguridad Social, Elma Saiz, destacó que el crecimiento no es solo cuantitativo sino cualitativo, con un incremento del 23,4% en las bases de cotización desde 2019, lo que evidencia una mejora salarial sostenida y una reducción de la temporalidad. Uno de los aspectos más relevantes es el récord histórico de protección social alcanzado en agosto, último mes con datos disponibles. El 82,5% de los desempleados contaban con algún tipo de prestación o subsidio, la cifra más alta jamás registrada. Un total de 1.875.821 personas recibían protección por desempleo, con 963.500 beneficiarios de la prestación contributiva y el resto percibiendo subsidios.
La contribución de los trabajadores extranjeros al crecimiento del empleo continúa siendo significativa. En septiembre, los afiliados extranjeros aumentaron en 20.000 personas respecto al mes anterior y en 200.000 en términos interanuales. La ministra Saiz subrayó este dato en un contexto político donde formaciones como Vox y el Partido Popular han intensificado sus discursos restrictivos sobre inmigración, argumentando que la mano de obra migrante es esencial para sostener el crecimiento económico y el sistema de pensiones. Esta realidad contrasta con las narrativas que pretenden vincular inmigración y desempleo, cuando los datos demuestran lo contrario.
Desafíos estructurales y desigualdades territoriales
El panorama no está exento de sombras. España continúa liderando el desempleo en la Unión Europea con una tasa del 10,4%, casi el doble de la media comunitaria. El paro juvenil se mantiene en el 23,4%, uno de los registros más altos del continente, lo que evidencia dificultades estructurales para integrar a los jóvenes en el mercado laboral. La temporalidad, aunque ha descendido hasta el 15,5% gracias a la reforma laboral, sigue siendo un desafío pendiente. Las diferencias regionales también son notables. Madrid concentró gran parte del crecimiento del empleo, con 45.903 nuevos afiliados, mientras que once de las diecisiete comunidades autónomas registraron caídas en la ocupación.
Baleares y Andalucía lideraron las pérdidas, reflejo del impacto del fin de la temporada turística en estas economías fuertemente dependientes del sector. Los analistas coinciden en que, pese a la evolución positiva, persisten retos estructurales como la elevada tasa de paro juvenil, la precariedad en ciertos colectivos y las desigualdades territoriales. La transición hacia un modelo más digitalizado y sostenible requerirá inversiones significativas en formación y adaptación de la fuerza laboral. Sectores como la transición energética, la tecnología y los servicios sociales se perfilan como áreas de mayor potencial de crecimiento en los próximos años.
Las perspectivas para el cierre de 2025 apuntan a un crecimiento económico del 2,5%, aunque con una desaceleración gradual prevista hasta 2027. La tasa de paro podría descender hasta el 9,9% en ese horizonte temporal, siempre que se mantenga la estabilidad macroeconómica y no se materialicen riesgos externos como tensiones comerciales globales o ajustes monetarios más agresivos de lo esperado. El mercado laboral español se encuentra en una fase de consolidación de los avances alcanzados en los últimos años, con cifras que reflejan una recuperación sostenida pero que también evidencian la necesidad de abordar desafíos estructurales pendientes para transformar estos datos en oportunidades reales.