El presidente Gustavo Petro oficializó este miércoles la entrega de una parte de la antigua Hacienda Nápoles —símbolo del poder del narcotraficante Pablo Escobar— a mujeres desplazadas y afectadas por el conflicto armado en Colombia. Se trata de 120 hectáreas de las más de 4.000 que conforman la propiedad ubicada en el municipio de Puerto Triunfo, en el noroeste del país.
La finca pasó a manos del Estado tras la muerte de Escobar en 1993 y posteriormente fue administrada por la alcaldía local, que la arrendó a una empresa privada para convertirla en parque temático y zoológico. Allí se exhibieron durante años animales exóticos introducidos por el capo, como los hipopótamos que hoy se reproducen sin control y son considerados una especie invasora.
En mayo, Petro había solicitado que parte de las tierras se destinara a víctimas, en el marco de su política de reforma agraria. “Se empezó a recuperar la Hacienda Nápoles para las víctimas”, escribió el presidente en la red X, señalando que, tras la caída del capo, “sus herederos políticos y económicos” buscaron mantener el control de la propiedad.
La medida ha generado tensiones. Empresarios vinculados al parque temático sostienen que el turismo genera empleo e ingresos para la región y recuerdan que existe un contrato de arrendamiento vigente hasta 2087. Analistas advierten sobre posibles litigios si el Estado modifica los acuerdos sin compensación.
Felipe Harman, director de la Agencia Nacional de Tierras (ANT), indicó que el parque ocupa solo unas 300 hectáreas y que las áreas no utilizadas deben ser destinadas a las víctimas. Según el gobierno, algunas de las beneficiarias ya habían accedido a los terrenos en 2017, pero fueron desalojadas por la fuerza pública.
“Hoy hay mujeres que recuperan esperanza y tierra para vivir”, expresó Millinery Correa, una de las beneficiarias, en un mensaje difundido por la ANT. La disputa por el uso y la propiedad de la tierra ha sido uno de los factores históricos del conflicto colombiano, y el gobierno busca presentar esta entrega como un gesto simbólico y reparador.
La Hacienda Nápoles, convertida en destino turístico durante las últimas décadas, vuelve así al centro del debate nacional, entre memoria, justicia agraria y tensiones por los usos económicos del territorio.