El reparto de menores migrantes se enquista

30 septembre 2025 - 10:45

De los 587 traslados anunciados desde Canarias solo han salido 113 menores en tres meses, evidenciando el fracaso del mecanismo de derivación obligatoria aprobado por el Gobierno. Con más de 5.500 menores tutelados en el archipiélago frente a una capacidad de 2.000 plazas, la saturación alcanza el 275% mientras las comunidades del PP mantienen abiertos recursos judiciales y boicotean los mecanismos de coordinación. La crisis humanitaria se agrava por la lentitud burocrática y la falta de voluntad política para cumplir resoluciones del Tribunal Supremo. 

El sistema de reparto de menores migrantes no acompañados atraviesa su momento más crítico desde su puesta en marcha, con cifras que evidencian el fracaso de los mecanismos diseñados para aliviar la saturación de Canarias. De los 587 traslados anunciados por el Gobierno para este trimestre, solo han salido 113 menores del archipiélago en tres meses, según datos oficiales del Ejecutivo canario. Esta cifra representa menos del 20% de los movimientos prometidos y deja en evidencia la brecha entre las declaraciones políticas y la realidad sobre el terreno, donde más de 5.500 menores permanecen hacinados en centros diseñados para 2.000.

La lentitud de las derivaciones contrasta con la urgencia de la situación humanitaria en las islas. Canarias registra una ocupación media del 275% en sus centros de acogida, con picos que alcanzan el 300% en momentos de máxima presión migratoria. Fernando Clavijo, presidente canario, ha denunciado que el ritmo actual de traslados «1,5 menores al día» constituye una «desobediencia clara» del mandato del Tribunal Supremo, que obligó al Estado a asumir la tutela de mil menores solicitantes de asilo en un plazo de diez días. La resolución judicial, dictada en marzo, ha sido sistemáticamente incumplida por una administración central que alega «dificultades técnicas» para justificar su inacción.

El Gobierno ha prometido acelerar los traslados en octubre con 120 derivaciones mensuales, pero estas previsiones chocan con la resistencia de las comunidades del PP y los cuellos de botella burocráticos que han caracterizado el proceso desde su inicio. La Secretaría de Estado de Migraciones mantiene conversaciones con varias comunidades autónomas para abrir nuevos centros, pero la falta de voluntad política de los gobiernos conservadores ha convertido cada traslado en una negociación individual que ralentiza el conjunto del proceso. La ausencia de un protocolo automatizado y la dependencia de acuerdos puntuales evidencian las deficiencias estructurales del sistema.

Financiación prometida, pero no ejecutada

La crisis se agrava por el incumplimiento de los compromisos financieros del Estado central. De los 100 millones de euros prometidos para 2024, solo llegaron 50 millones a Canarias, mientras que de los fondos anunciados para 2025 «no se sabe absolutamente nada», según denuncia el Gobierno canario. Esta carencia presupuestaria ha obligado a la Dirección General de Infancia y Familia a solicitar 9 millones de euros para cubrir facturas de abril y 23 millones para mayo, con una proyección que supera los 150 millones anuales. Los recursos destinados a la crisis migratoria se detraen de otras partidas ordinarias, comprometiendo el funcionamiento de servicios sociales básicos.

La consejera canaria de Bienestar Social, Candelaria Delgado, ha denunciado que «estos recursos se tienen que detraer del resto de partidas y del resto de trabajo ordinario», evidenciando cómo la crisis humanitaria compromete la prestación de servicios públicos en el archipiélago. Esta situación ilustra las contradicciones de un sistema que exige a las comunidades de primera acogida asumir costes extraordinarios sin compensación adecuada, mientras las regiones de destino rechazan acoger menores alegando falta de capacidad presupuestaria que el Estado se compromete a cubrir.

El retraso en las transferencias financieras genera un círculo perverso que agrava la saturación. Sin recursos suficientes, Canarias no puede ampliar su capacidad de acogida mientras espera las derivaciones prometidas. Simultáneamente, la falta de centros habilitados en comunidades de destino ralentiza los traslados, perpetuando el hacinamiento en origen. Esta dinámica convierte la gestión migratoria en un problema de tesorería que las administraciones autonómicas no pueden resolver sin el respaldo financiero comprometido por el Estado central.

Resistencia política y boicot institucional

Las comunidades del PP han mantenido su estrategia de obstrucción judicial y boicot institucional pese a los llamamientos del Gobierno central y las resoluciones judiciales. Madrid cerró el centro de Pozuelo de Alarcón destinado a 400 menores alegando «deficiencias en las licencias municipales», una decisión que el delegado del Gobierno calificó como «racismo preventivo». Baleares ha recurrido al Tribunal Supremo el traslado de 49 menores asignados, alegando falta de «medios e infraestructura» pese a gestionar habitualmente casos similares a través de sus servicios sociales ordinarios.

La paradoja de la gestión conservadora evidencia la instrumentalización política de la crisis humanitaria. Comunidades como Castilla-La Mancha, Asturias y Extremadura, gobernadas por el PP, mantienen programas consolidados de acogida de menores extranjeros sin generar controversia cuando forma parte de su gestión ordinaria. Sin embargo, estas mismas administraciones alegan «imposibilidad técnica» cuando se trata de cumplir las cuotas asignadas por el decreto gubernamental, evidenciando que la resistencia responde a cálculos electorales antes que a limitaciones reales de capacidad.

El boicot se extiende a los mecanismos de coordinación interterritorial. Las autonomías conservadoras han abandonado las conferencias sectoriales diseñadas para planificar los traslados, impidiendo la adopción de protocolos que agilicen el proceso. Esta actitud convierte cada derivación en una negociación bilateral que consume tiempo y recursos administrativos, mientras miles de menores permanecen en condiciones incompatibles con los estándares internacionales de protección infantil. La estrategia del PP prioriza la confrontación política sobre la resolución de una emergencia humanitaria que afecta a la infancia más vulnerable.

Consecuencias humanitarias del bloqueo

La saturación del sistema canario genera consecuencias que trascienden las cifras estadísticas para convertirse en violaciones sistemáticas de los derechos de la infancia. Los centros funcionan con ocupaciones que duplican y triplican su capacidad nominal, impidiendo proporcionar atención educativa, psicológica y social adecuada a menores que han experimentado traumas relacionados con la migración forzosa. Las organizaciones humanitarias consideran estas condiciones incompatibles con los estándares básicos de bienestar infantil establecidos por la normativa internacional.

El colapso del sistema afecta también a los profesionales que trabajan en primera línea. La sobrecarga asistencial impide desarrollar planes individualizados de atención, reduciendo la intervención social a la mera supervisión de la supervivencia física. Esta degradación de la calidad asistencial compromete las posibilidades de integración futura de menores que requieren acompañamiento especializado para superar las secuelas de sus experiencias migratorias. La ausencia de recursos educativos y formativos perpetúa ciclos de exclusión que podrían evitarse con una gestión adecuada.

La crisis evidencia las limitaciones del marco legal español para gestionar flujos migratorios mixtos que incluyen solicitantes de asilo, menores no acompañados y migrantes económicos. La dispersión competencial entre administraciones central, autonómica y local genera vacíos de responsabilidad que se saldan con el sufrimiento de la infancia más vulnerable. Mientras los políticos debaten competencias y financiación, miles de menores permanecen atrapados en un sistema que antepone consideraciones burocráticas y electorales a la protección de derechos fundamentales reconocidos por tratados internacionales que España ha ratificado.

 

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