Petro acusa a Trump en la ONU y reabre el debate sobre la guerra contra las drogas

24 septembre 2025 - 10:46

El presidente colombiano Gustavo Petro utilizó la tribuna de la Asamblea General de Naciones Unidas para lanzar una acusación sin precedentes contra Donald Trump, a quien responsabilizó de ordenar ataques en el Caribe contra lanchas sospechosas de transportar drogas. En esas operaciones, según el mandatario, murieron jóvenes pobres desarmados que intentaban escapar de la miseria, víctimas de una lógica represiva que multiplica muertes sin ofrecer salidas reales.

El discurso de Petro se inscribe en un contexto de creciente frialdad entre Bogotá y Washington. Trump retiró recientemente a Colombia de la lista de países aliados en la lucha antidrogas, un gesto que debilitó la imagen internacional del gobierno colombiano y que reforzó la desconfianza de la Casa Blanca hacia la estrategia impulsada por el presidente. Frente a esa medida, Petro insistió en que su administración logró las incautaciones más altas de cocaína de la historia reciente y sostuvo que la raíz del problema se encuentra en la demanda persistente de los mercados del norte.

Las palabras del jefe de Estado colombiano se cargaron de valor político y moral. Petro describió a las víctimas en el Caribe como jóvenes sin horizonte, absorbidos por un engranaje que transforma la pobreza en condena, mientras los grandes capos del narcotráfico viven instalados en Miami. Añadió que asesores de Trump mantienen vínculos antiguos con redes de cocaína y expuso la paradoja de un discurso que persigue al productor y al mismo tiempo concede indulgencia al consumidor. Con esas palabras buscó provocar tanto a la diplomacia internacional como a la opinión pública latinoamericana, habituada a una relación de dependencia en cuestiones de seguridad.

El enfrentamiento refleja un choque de concepciones. Trump reafirma una visión centrada en la fuerza militar, con operaciones de disuasión en el mar Caribe y discursos de mano dura que alimentan su imagen de líder implacable. Petro defiende, en cambio, la necesidad de un viraje estructural que cuestione el modelo mismo de la guerra contra las drogas, al que describe como un dispositivo inútil para reducir la oferta y devastador para las comunidades rurales. La tensión entre estas posturas no se resuelve en la ONU, pero deja en evidencia hasta qué punto la agenda antidrogas se ha convertido en campo de disputa política global.

El impacto de la acusación rebasa a los dos protagonistas. Al pedir un proceso penal internacional contra un presidente estadounidense, Petro instala la idea de que la violencia asociada al narcotráfico debe medirse también en función de quienes diseñan y ordenan operaciones que terminan en tragedia. Ese proceso tiene pocas probabilidades de materializarse en instancias judiciales, pero el gesto abre un precedente simbólico que proyecta a Colombia como actor dispuesto a desafiar narrativas establecidas.

En la tribuna de la ONU, Petro buscó dejar claro que la paz requiere políticas de reducción de consumo en los países ricos y alternativas económicas para los campesinos de la región andina. Su intervención, al señalar directamente a Trump, redefine el tono de la relación bilateral y proyecta un mensaje con resonancia continental. La legitimidad de la llamada guerra contra las drogas surge de la capacidad de garantizar justicia social y dignidad a quienes constituyen los eslabones más frágiles de la cadena.

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