León XIV y el eco de Gaza: la dignidad como único futuro

21 septembre 2025 - 12:05

 El papa León XIV recordó en la plaza de San Pedro que la violencia, el exilio forzado y la venganza no son caminos para construir paz. Sus palabras sobre Gaza resuenan en un continente que conoce de guerras, desplazamientos y memorias heridas.

En el ángelus de este domingo, desde la ventana del Palacio Apostólico, León XIV se dirigió a miles de fieles en Roma con una fraseque interpela a creyentes y no creyentes en diversos rincones del mundo: “No hay futuro basado en la violencia, el exilio forzado ni la venganza”. En labios de un pontífice con herencia peruana y estadounidense, la oración se transforma en llamado político y espiritual que surge de la herida de Gaza para exigir un camino distinto.

La guerra que asola la franja desde hace casi dos años acumula cifras que desgarran. Más de 65.000 muertos, millones de desplazados, hambre y un paisaje de ruinas donde cada día parece repetirse la tragedia. En ese escenario, la palabra del papa adquiere un peso singular, porque se atreve a poner en el centro una idea olvidada: la dignidad humana como fundamento.

“Quienes aman de verdad la paz trabajan por ella”, insistió. Lo dijo agradeciendo la labor de asociaciones católicas y de voluntarios que en Gaza intentan sostener lo insostenible: escuelas improvisadas, hospitales colapsados, familias que siguen enterrando a sus muertos.

El mensaje se sitúa en el terreno de la conciencia, una apelación que recuerda a todos —gobiernos, instituciones, ciudadanos— que la indiferencia mata. El papa pidió un alto el fuego inmediato, la liberación de los rehenes y una salida diplomática bajo el respeto del derecho humanitario.

En América Latina, donde la figura del pontífice sigue siendo referencia, este mensaje toca fibras hondas. Se trata de una región que ha vivido dictaduras, exilios y violencias que dejaron cicatrices abiertas. Por eso, cuando el papa afirma que “cada persona tiene siempre una dignidad inviolable que debe ser respetada”, no habla solo de Palestina. Habla también de nosotros, de las memorias aún recientes que recuerdan cuán frágiles son la vida y la justicia.

León XIV propone, con la sencillez de su frase, un horizonte que los discursos diplomáticos suelen olvidar: ningún cálculo estratégico, ninguna frontera disputada, ningún liderazgo político puede justificar el sufrimiento de un pueblo reducido al despojo.

La voz papal introduce una dimensión distinta en medio de la guerra. Frente a tanques y drones, abre un espacio de conciencia y propone un lenguaje que empuja a la diplomacia hacia su horizonte natural, la paz y la justicia.”

Es posible que muchos desoigan sus palabras. Sin embargo, su eco permanece. Lo escuchan las madres que buscan a sus hijos bajo los escombros, lo escuchan también quienes en otras latitudes saben que la violencia no engendra futuro. Y quizás lo escuchen los gobernantes que, entre cálculos y silencios, han olvidado que la historia también los juzgará.

Gaza sigue ardiendo, pero en la plaza de San Pedro se recordó que la humanidad no está condenada a la venganza. Esa es la memoria que vale la pena preservar.

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