Rusia canta su propio relato con Intervisión

20 septembre 2025 - 18:18

Moscú revive Intervisión, el viejo festival musical soviético, con la ambición de competir con Eurovisión y alcanzar una audiencia de mil millones de espectadores. Con artistas de los BRICS, y con Cuba y Venezuela en el cartel, el evento se convierte en vitrina de un mundo que busca contrapeso a los valores europeos.

El sábado por la noche, en la Live Arena cerca de Moscú, se encendieron las luces de un escenario que llevaba más de tres décadas en silencio. Intervisión, nacido en la Guerra Fría como festival paralelo a Eurovisión, vuelve con fuerza bajo el amparo del Kremlin y en un momento en que Rusia se encuentra más aislada que nunca de Occidente.

El regreso no es casual. Eurovisión, que en su última edición en Basilea reunió a 166 millones de espectadores, representa desde hace años un escaparate de diversidad y de valores europeos que Rusia rechaza como “decadentes”. En respuesta, Intervisión se presenta como alternativa, con una narrativa centrada en la tradición, el multilingüismo y un bloque de países que busca consolidarse como contrapeso global.

En la lista de participantes figuran 23 países, entre ellos socios de los BRICS como Brasil, India y China, además de aliados estratégicos como Cuba y Venezuela. La presencia latinoamericana no es decorativa: refleja una diplomacia cultural que busca tejer complicidades en un continente donde Rusia ha redoblado sus esfuerzos de influencia en los últimos años. Para Caracas y La Habana, cantar en Moscú es reafirmar vínculos que trascienden lo musical y se proyectan en la política internacional.

Los organizadores insisten en que cada artista se presentará en su lengua materna, como gesto de autenticidad frente al predominio del inglés en Eurovisión. El ruso Shaman, ídolo de los conciertos patrióticos, entona Derecho al corazón. La catarí Dana Al Meer, conocida por cantar en la inauguración del Mundial de Catar 2022, y la australiana Vassy, representante de Estados Unidos, dan cuenta de un cartel que mezcla pop, folclore y propaganda.

El festival revive un formato que nació en Praga en 1965, que sobrevivió un tiempo en Polonia en los años setenta y que se apagó con la caída de la URSS. Hoy regresa en un contexto distinto, en el que Rusia busca mostrar que sigue siendo capaz de liderar un proyecto cultural transnacional. Konstantin Ernst, director de la televisión pública rusa, asegura que el potencial de audiencia supera los cuatro mil millones de habitantes de los países invitados. La cifra es más aspiración política que cálculo real, pero transmite la magnitud de la apuesta.

Más allá de las cifras, Intervisión refleja un cambio de época. No se trata solo de música: es un escenario donde se cruzan geopolítica y cultura, donde las canciones se convierten en mensajes y donde cada país invitado encarna una posición en el tablero internacional. Que América Latina esté presente, con Cuba y Venezuela, confirma que la región sigue siendo campo de disputa en la construcción de relatos globales.

En este retorno, Rusia canta para sí misma y para un público que quiere escuchar un relato distinto al que domina en Occidente. Queda por ver si Intervisión logra instalarse como alternativa real o si se convertirá en un eco propagandístico. Lo cierto es que el escenario está montado y la música ya suena como parte de una batalla simbólica que trasciende fronteras.

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