Cuando el progreso económico no llega a los bolsillos de las clases medias españolas

17 septembre 2025 - 11:04

Cuatro millones de españoles viven en situación de privación material severa mientras el país registra baremos económicos históricos. La paradoja de una España que crece pero no se enriquece evidencia las grietas de un modelo que celebra el pleno empleo mientras las familias luchan por llegar a fin de mes con ingresos que sobre el papel son suficientes, aunque en la práctica se antojan limitados para mantener el nivel de vida tradicional de la clase media.

España atraviesa un momento económico paradójico, que define perfectamente las contradicciones del actual modelo de crecimiento. El país registra más de 22 millones de ocupados por primera vez en su historia y una tasa de paro del 10,29%, la más baja desde 2008, mientras que simultáneamente cuatro millones de personas enfrentan privación material severa según datos de Eurostat. Esta realidad expone una fractura entre los indicadores macroeconómicos y la percepción ciudadana, configurando un escenario donde el éxito estadístico convive con la angustia doméstica de millones de familias.

Los datos oficiales confirman que España ocupa el quinto lugar entre los países europeos con mayor pobreza severa, una posición que contrasta con los datos que evidencian un crecimiento económico sin paliativos. Según el análisis de la Fundación de Cajas de Ahorro, la situación se agrava al considerar que esta privación material severa se concentra especialmente en hogares monoparentales y núcleos compuestos por personas mayores solas. La radiografía evidencia que el crecimiento económico no está llegando de manera homogénea a todos los estratos sociales, perpetuando una dualidad que caracteriza el modelo español contemporáneo.

La definición técnica de clase media según la OCDE establece ingresos entre 1.343 y 3.581 euros mensuales, cifras que en 2025 resultan insuficientes para mantener el estilo de vida tradicionalmente asociado a este grupo social. Los hogares que técnicamente pertenecen a la clase media destinan el 47% de sus ingresos al pago de vivienda, muy por encima del 30% recomendado por organismos internacionales, mientras que cuatro de cada diez familias consideran que comprar carne y pescado supone un esfuerzo económico significativo. Esta realidad demuestra que las categorías estadísticas no reflejan la experiencia cotidiana de ciudadanos atrapados entre la pobreza oficial y una prosperidad que no logran alcanzar.

El fenómeno trasciende las cifras para convertirse en una crisis de expectativas generacionales. La clase media tradicional de los años 90 se caracterizaba por la estabilidad laboral, el acceso a créditos sin sobreendeudamiento y la capacidad de ahorro con una sola nómina por hogar. En 2025, esa realidad ha mutado hacia un escenario donde las familias requieren múltiples ingresos para mantener un nivel de vida básico, enfrentan un endeudamiento estructural y carecen de capacidad de ahorro a medio plazo.

El espejismo de la recuperación económica

Los indicadores laborales que celebra el Gobierno contrastan con la percepción ciudadana sobre su situación financiera personal. Tres de cada diez familias españolas consideran que 2025 será económicamente peor que el año anterior, según el Estudio de Solvencia Familiar de la OCU, mientras que el porcentaje de hogares con «fragilidad económica» ha crecido hasta el 16%. Esta desconexión entre datos agregados y realidad doméstica pone de manifiesto las limitaciones de un modelo de crecimiento que genera empleo pero no necesariamente bienestar.

La clase media, que en 2018 representaba el 63% de las familias españolas, se ha reducido al 51% según datos de la OCU, configurando una sociedad cada vez más polarizada entre quienes mantienen holgura económica y quienes enfrentan dificultades estructurales. Este estrechamiento del núcleo social tradicionalmente estabilizador plantea interrogantes sobre la sostenibilidad política de un modelo que, pese a sus éxitos macroeconómicos, no logra traducirse en progreso tangible para amplios sectores de la población.

La inflación ha jugado un papel determinante en esta erosión del poder adquisitivo. Llenar la cesta de la compra en 2025 cuesta casi el doble que en 2024, con incrementos de hasta el 80% en algunos productos básicos, según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE). Esta escalada de precios, combinada con un mercado de la vivienda donde se necesitan más de siete años de salario íntegro para adquirir una propiedad básica, ha transformado la ecuación económica familiar de manera estructural.

La geografía de la crisis también revela asimetrías significativas. Mientras La Rioja y Navarra mantienen índices de estabilidad financiera por encima de los 50 puntos, comunidades como Andalucía, Extremadura y Canarias registran valores inferiores a 47 puntos, evidenciando que la recuperación económica no ha llegado de manera uniforme al territorio nacional. Esta fragmentación territorial añade complejidad a un fenómeno que trasciende las fronteras regionales.

El mito de la clase media resiliente

La paradoja alcanza su máxima expresión en la autopercepción social. Más del 60% de la población española se considera de clase media según el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), aunque sus recursos económicos no se correspondan con esta categorización, según confirman los análisis sociológicos. Esta disonancia entre identidad social percibida y realidad económica objetiva revela la persistencia de marcos mentales que no han logrado adaptarse a las nuevas condiciones materiales.

El Banco de España ha alertado sobre el sobreendeudamiento de la clase media actual, generado fundamentalmente por el incremento del coste de vida y la presión de mantener estándares de consumo incompatibles con los ingresos reales. Esta situación crea una espiral de vulnerabilidad que convierte a hogares aparentemente estables en candidatos potenciales a la exclusión social ante cualquier imprevisto económico.

La crisis de vivienda se ha convertido en el principal factor de empobrecimiento de la clase media. Con precios que han crecido un 11,3% en el último año y un mercado de alquiler donde el coste medio supera los 1.072 euros mensuales, el acceso a la vivienda se ha transformado en una barrera infranqueable para amplios sectores sociales. Esta situación obliga a las familias a destinar proporciones insostenibles de sus ingresos al pago de la vivienda, comprometiendo su capacidad de ahorro y su estabilidad financiera.

La transformación de la clase media española desde un grupo social caracterizado por la estabilidad y la confianza en el futuro hacia un colectivo marcado por la precariedad y la incertidumbre representa uno de los desafíos más significativos del actual modelo económico. Esta evolución plantea interrogantes fundamentales sobre la sostenibilidad social de un crecimiento que, pese a sus logros estadísticos, no consigue traducirse en prosperidad tangible para quienes constituyen tradicionalmente el núcleo estabilizador de la sociedad.

 

Compartir el artículo