Catar mantiene su apuesta por la mediación en Gaza pese a los bombardeos

14 septembre 2025 - 16:56

El primer ministro Mohamed bin Abdulrahmán insiste en que los ataques israelíes contra Doha no interrumpirán la labor diplomática de su país. Al mismo tiempo, reclama medidas concretas a la comunidad internacional para frenar la escalada.

Las declaraciones del jefe de Gobierno y ministro de Exteriores de Catar, Mohamed bin Abdulrahmán, pronunciadas en Doha al término de la reunión preparatoria árabe-islámica, proyectan la imagen de un país que busca preservar su papel de mediador en un escenario de máxima tensión. El emirato, que desde hace años comparte con Egipto y Estados Unidos la responsabilidad de encauzar las conversaciones sobre Gaza, acaba de ser alcanzado por un bombardeo israelí dirigido contra representantes de Hamás. Seis personas murieron en un ataque que golpeó tanto en el plano físico como en el simbólico, al cuestionar la viabilidad de la mediación como vía hacia un alto el fuego.

Bin Abdulrahmán afirmó que Catar perseverará en su empeño y calificó las acciones israelíes de “vandálicas y bestiales”. Su discurso estuvo acompañado de un llamado a los países árabes e islámicos para que adopten medidas de carácter tangible que envíen un mensaje firme a Tel Aviv y a sus aliados. El dirigente catarí advirtió que la ausencia de freno puede desembocar en un ciclo de violencia que acumule sangre y destrucción, y enmarcó estas palabras en el contexto de la cumbre extraordinaria que este lunes reunirá a más de cincuenta Estados de la Liga Árabe y de la Organización de Cooperación Islámica.

La magnitud del ataque quedó en evidencia por las circunstancias: un bombardeo a plena luz del día en una zona residencial de Doha que albergaba viviendas, guarderías y misiones diplomáticas. El Gobierno catarí calificó el hecho de “terrorismo de Estado” y lo interpretó como un precedente grave que amenaza la soberanía del país y, al mismo tiempo, erosiona el principio de que la vía diplomática pueda sostenerse en medio de la guerra. El primer ministro fue explícito al advertir que Catar responderá a cualquier agresión con los medios previstos en el derecho internacional y que no habrá indulgencia ante acciones que comprometan su seguridad.

La situación adquiere un matiz paradójico porque, mientras el emirato se esfuerza en mantener abierto un canal de diálogo con el respaldo de Egipto y de Estados Unidos, el Gobierno israelí se comporta como si esas conversaciones tuvieran un valor secundario o incluso como si constituyeran un freno a la consecución de sus objetivos militares y territoriales. El recuerdo de que el bombardeo se produjo en el mismo momento en que se discutía una nueva propuesta de tregua norteamericana alimenta la sensación de que la mediación está bajo ataque directo.

La reunión de emergencia entre países árabes e islámicos adquiere así un carácter decisivo, ya que de su resultado dependerá si la indignación colectiva cristaliza en acciones capaces de alterar el cálculo israelí o si se diluye en declaraciones formales sin efectos prácticos. Catar ha insistido en la urgencia de medidas de alcance real contra Israel, aunque sin precisar aún qué mecanismos están en estudio. El éxito de esa estrategia dependerá de la unidad del bloque y de la disposición de los actores regionales a asumir los costos políticos y económicos de una postura firme.

La historia reciente de Oriente Medio, con sus mediaciones frustradas y sus guerras prolongadas, ofrece el marco en el que el episodio de Doha aparece como una señal de que la diplomacia ha dejado de ser un espacio protegido y se disputa hoy como un frente más de la confrontación. Catar afirma que mantendrá abierta la puerta de la negociación, y la comunidad internacional enfrenta la disyuntiva de respaldar esa apuesta o dejar que la lógica de la fuerza se imponga sobre la frágil expectativa de un acuerdo.

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