España sigue desactivando cada año entre 4.000 y 6.000 explosivos de la Guerra Civil

10 septembre 2025 - 09:56

Los TEDAX han neutralizado más de 260.000 artefactos desde su creación, con 14.727 granadas de mano y 720 bombas de aviación desactivadas. A pesar de las casi nueve décadas transcurridas desde el final del conflicto, los técnicos especialistas mantienen una actividad constante en todo el territorio nacional, especialmente en las antiguas zonas de combate como los frentes del Ebro, Jarama y Extremadura. Los expertos calculan que los hallazgos continuarán durante al menos 25 años más, ya que de los 16 millones de proyectiles utilizados durante la contienda, una cantidad indeterminada permanece sin explotar bajo suelo español.

España continúa viviendo con las consecuencias explosivas de su pasado. Ochenta y nueve años después del final de la Guerra Civil, los Técnicos Especialistas en Desactivación de Artefactos Explosivos (TEDAX) de la Guardia Civil y la Policía Nacional mantienen una actividad frenética desactivando entre 4.000 y 6.000 artefactos del conflicto cada año. Una cifra que evidencia la magnitud del arsenal bélico desplegado durante la contienda y la persistencia de su legado peligroso en el subsuelo nacional.

Los datos oficiales revelan la dimensión del problema: desde su creación hace 44 años, los TEDAX han neutralizado más de 260.000 artefactos convencionales, gran parte de ellos procedentes del conflicto de 1936-1939. Solo las granadas de mano suman 14.727 piezas desactivadas, mientras que las bombas de aviación alcanzan las 720 unidades. El capitán Salvador Serrano, del Servicio de Desactivación de Explosivos y Defensa NRBQ de la Guardia Civil, subraya que estos números representan únicamente una fracción de lo que permanece enterrado en territorio español. 

La sede del SEDEX-NRBQ en Valdemoro se ha convertido casi en un museo de guerra involuntario. Sus pasillos y vitrinas exhiben decenas de artefactos incautados a coleccionistas que se dedican a buscarlos con detectores de metales para utilizarlos como objetos decorativos. La colección incluye proyectiles de cañón, mortero, aviación, granadas trampeadas con sedales, granadas de mano, granadas de mango e incluso las peculiares granadas italianas utilizadas por la aviación fascista en apoyo del bando nacional, cuya apariencia similar a una lata de Coca-Cola las hace especialmente peligrosas.

Entre las piezas más curiosas destacan los artefactos de fabricación casera con forma de pera que utilizaban como recipiente los pomos metálicos de los cabeceros de las camas. También llama la atención el descubrimiento de proyectiles rellenos de cemento en lugar de explosivo, presumiblemente para evitar que las tropas conocieran la escasez de munición y mantener así la moral combativa. Esta colección testimonial representa solo una pequeña muestra de las piezas que los TEDAX desactivan y destruyen regularmente, ya que la mayoría de los artefactos encontrados conservan su carga explosiva intacta.

El riesgo permanente: explosiones tras 89 años 

La distribución geográfica de los hallazgos coincide directamente con los antiguos frentes de batalla. Extremadura, catalogada como «zona caliente» durante la contienda, encabeza las estadísticas junto con los frentes del Ebro y del Jarama. En la Comunidad de Madrid, los Jardines del Moro y toda la zona del Jarama concentran la mayor densidad de descubrimientos, llegando los expertos a afirmar que aún quedan restos incrustados en las paredes de edificios históricos.

Los hallazgos se producen en los contextos más variados. Desde obreros que encuentran granadas durante las obras del Metro de Madrid hasta pescadores que arrastran proyectiles con sus redes en las costas mediterráneas. Los bomberos localizaron 400 proyectiles de artillería y granadas de mortero en el fondo del río Ebro mientras buscaban a un turista desaparecido, mientras que un grupo de arqueólogos halló un proyectil aéreo al limpiar los restos de una muralla árabe en Toledo. Incluso los recolectores de setas contribuyen involuntariamente a estos descubrimientos, como ocurrió con dos granadas de mano encontradas en Teruel. 

La antigüedad de estos artefactos no reduce su peligrosidad. Los especialistas insisten en que por muy deteriorados que parezcan, su poder destructor puede permanecer intacto tras casi nueve décadas enterrados. Los casos de accidentes graves confirman esta advertencia: un coleccionista perdió una pierna cuando le estalló uno de los casi 400 obuses que guardaba en su almacén, y la Ertzaintza tardó varios días en desactivar todo el arsenal.

El protocolo de actuación ante estos hallazgos resulta crucial para evitar tragedias. Los TEDAX recomiendan encarecidamente no tocar el artefacto, no manipularlo ni intentar desenterrarlo, llamar inmediatamente al 062 o al 112, marcar la ubicación con algún objeto visible y esperar la llegada de los especialistas. Los 250 agentes especializados de la Guardia Civil están distribuidos estratégicamente por todo el territorio nacional para minimizar los tiempos de respuesta, manteniéndose en alerta las 24 horas del día. 

Una vez localizado el artefacto, los TEDAX evalúan si pueden desactivarlo in situ o si resulta necesario trasladarlo a un lugar seguro para su destrucción controlada. La mayoría de los proyectiles encontrados conservan su carga explosiva original, lo que obliga a aplicar técnicas de «explosión de bajo orden» para neutralizarlos sin causar daños colaterales. Solo en casos excepcionales, cuando el artefacto ha perdido completamente su potencial explosivo, puede conservarse para fines museísticos o educativos.

El trabajo de desactivación conlleva riesgos inherentes que han cobrado un precio humano: catorce especialistas de la Guardia Civil han perdido la vida en el ejercicio de sus funciones, bien en atentados terroristas o durante operaciones de desactivación. Este sacrificio subraya la peligrosidad constante de una labor que combina la alta tecnología de robots como el MIURA 65 con la experiencia acumulada en décadas de intervenciones similares.

Un legado que aún perdurará décadas 

Los expertos calculan que los hallazgos de material bélico de la Guerra Civil continuarán durante al menos 25 años más. Esta estimación se basa en la magnitud del arsenal desplegado durante el conflicto: según los registros históricos, se utilizaron aproximadamente 16 millones de proyectiles de artillería, sin contar granadas, minas y otros explosivos. El Servicio de Recuperación de Material de la Guerra Civil recuperó entre 1939 y 1942 más de 1,3 millones de granadas de mano, 190.000 proyectiles y 3.300 minas, pero estas cifras correspondían únicamente a la zona del frente de Madrid durante tres años de búsqueda intensiva.

Esta realidad convierte a España en un caso único en Europa por la persistencia de material bélico activo décadas después del final de un conflicto interno. La Guerra Civil no solo marcó la historia política y social del país, sino que dejó un legado físico que continúa condicionando la vida cotidiana de millones de españoles. Cada obra pública, cada excavación arqueológica, cada paseo por el campo en las antiguas zonas de combate puede deparar el hallazgo de testimonios explosivos de una guerra que, 89 años después, sigue cobrándose víctimas y exigiendo la dedicación constante de los especialistas más cualificados del país.

 

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