China y la soya estadounidense

08 septembre 2025 - 14:46

Un reportaje publicado este viernes en el periódico estadounidense The New York Times señala que China importa tres quintas partes de toda la soya que se comercia en los mercados internacionales, pero, incluso así, “ha estado boicoteando las compras de soya estadounidense desde finales de mayo para mostrar su descontento con la imposición de aranceles a las importaciones procedentes de China por parte del presidente Donald Trump”. El boicot chino ya se siente en Illinois, Iowa, Minnesota e Indiana. “Por primera vez en muchos años, los agricultores estadounidenses se preparan para recoger su cosecha este otoño sin órdenes de compra de China”.

En días pasados, la Asociación Estadounidense de la Soya dirigió una carta al presidente Donald Trump advirtiendo sobre la necesidad de alcanzar un acuerdo con China en relación con la soya: “Cuanto más nos adentremos en el otoño sin llegar a un acuerdo sobre la soya con China, peores serán las repercusiones para los agricultores de soya estadounidenses”. No es la primera vez que esto ocurre. De hecho, el antecedente a este respecto fue la guerra comercial que mantuvo la administración estadounidense con China en 2018, y que llevó a Pekín a tratar de encontrar alternativas. Brasil es el único exportador que ha logrado aumentar significativamente sus envíos de soya a China.

En 2024, China compró el 71 % de sus importaciones de soya a Brasil y un 21 % a Estados Unidos. Adicionalmente, Pekín ha sustituido sistemáticamente las importaciones de maquinaria agrícola y otros productos de manufactura estadounidense, en el marco del programa “Hecho en China 2025”, que busca la autosuficiencia del país, documenta el NYT.

Durante la suspensión de importaciones de soya estadounidense en 2018, se buscó avanzar en la importación de soya procedente de Rusia, pero la exportación rusa no ha sido significativa por diferentes factores. Además, Rusia cambió su política en relación con la soya tras su invasión a Ucrania en 2022 e introdujo un impuesto de aproximadamente el 20 % sobre las exportaciones de soya sin triturar. A estas se suman otras razones por las cuales a los rusos les conviene más enviar su producción al oeste ruso que a China. De tal modo, la exportación rusa de soya a China se redujo a la mitad en 2024 y representó solo el 0,6 % de las importaciones totales de soya que hizo China.

China espera una cosecha récord de soya este año. La demanda está siendo importante, los precios están subiendo y el verano ha mantenido el equilibrio entre sol y lluvia, con lo cual los agricultores locales se han visto beneficiados. “Sin embargo, incluso con una cosecha probable de 21 millones de toneladas este año, China necesitará importar entre 100 y 105 millones de toneladas más”, indica el NYT.

El estancamiento del comercio de soya estadounidense con China afecta también a otros actores. De momento, Brasil es el único país con suficiente soya y capacidad de transporte para satisfacer gran parte de la demanda china, pero apenas obtendrá su cosecha a inicios del próximo año.

Darin Friedrichs, gerente de Sitonia Consulting, una empresa de investigación especializada en la agricultura china, ha indicado al citado medio estadounidense que China podría prescindir de la soya estadounidense durante este otoño. Sin embargo, está desatendiendo otros factores: por ejemplo, si Brasil enfrentara una sequía o una inundación, “eso pondría a China en una situación difícil”.

Un elemento a destacar es que el incremento anual de las importaciones de soya refleja el cambio en la dieta de la población china, que consume más proteína a medida que las condiciones de vida han mejorado durante las últimas tres décadas. China alimenta grandes cantidades de cerdos y pollos para el consumo e importa soya modificada genéticamente para alimentar a esos animales. Las modificaciones genéticas están casi totalmente prohibidas en China, mientras que la soya que se cultiva en el país es para el consumo humano y se procesa para la elaboración de productos como tofu y leche de soya, según el reportaje.

El gobierno chino está tratando de estimular la producción local a través de la asignación de subsidios en algunas regiones. Los agricultores de gran parte de Heilongjiang reciben un subsidio de unos 17 USD por acre (casi media hectárea) para cultivar maíz y de unos 300 USD para cultivar soya. En pueblos próximos a la frontera con Rusia, los campesinos continúan cultivando maíz y, al parecer, se resisten a cambiar de cultivo. “La regla general en Heilongjiang es que una tonelada de maíz se vende a la mitad que una de soya. Sin embargo, un acre de tierra cultivada con maíz suele producir tres veces más alimentos. Por eso los agricultores pueden ganar más dinero con el maíz que con la soya, incluso tomando en cuenta los subsidios”. Otros factores que inciden son que el maíz da menos problemas que la soya en el mantenimiento del cultivo y, además, la migración rural de los jóvenes hacia las ciudades en busca de mejores oportunidades laborales y salarios plantea una escasez de mano de obra en el campo.

China tiene reservas de soya para usarlas en caso de necesidad, aunque no se sabe si esta coyuntura entra en sus cálculos. El gobierno estadounidense calcula que China podría tener unos 45 millones de toneladas o el equivalente a dos años de importaciones de soya de Estados Unidos. La cuestión de fondo es que China vende de tres a cuatro veces más mercancías a Estados Unidos de lo que le compra, y Trump no está satisfecho con ese desequilibrio: “Espero que China cuadruplique rápidamente sus pedidos de soya”, ha dicho el mandatario. De momento, eso no está ocurriendo.

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