“Once muertos en operación antidrogas de EE. UU. frente a costas venezolanas

03 septembre 2025 - 09:37

La operación militar que dejó once muertos frente a las costas de Venezuela marca un salto en la estrategia de Washington: del embargo económico y las sanciones diplomáticas a los mensajes bélicos transmitidos en tiempo real.

Donald Trump eligió su red social para mostrar al mundo un video en el que una lancha, supuestamente cargada de drogas y vinculada al grupo criminal Tren de Aragua, explota bajo fuego estadounidense en aguas internacionales. Con este gesto mediático, el presidente buscó más que exhibir eficacia en la lucha antidrogas: pretendió enviar un mensaje de disuasión a Caracas y, de paso, a cualquier actor que desafíe el monopolio de fuerza de Estados Unidos en la región.

La operación, avalada públicamente por el secretario de Estado Marco Rubio, se inscribe en la lógica de “mano dura sin fronteras”. El discurso oficial insiste en que no se trata de un episodio aislado, sino del inicio de una campaña contra cárteles y organizaciones señaladas como narcoterroristas. La estrategia recuerda a las intervenciones de los años ochenta, cuando la lucha contra el narcotráfico se convirtió en argumento para justificar despliegues militares de gran envergadura en América Latina.

En Caracas, la reacción fue inmediata. El gobierno de Nicolás Maduro calificó el video como una manipulación digital y denunció la acción como parte de una escalada de intimidación. Declaró la “alerta máxima” y llamó a la reserva militar, reforzando la narrativa de resistencia frente a una amenaza extranjera. El episodio revive la larga cadena de acusaciones cruzadas: Estados Unidos acusa al chavismo de proteger al cartel de los Soles y de servir como plataforma de distribución de cocaína; Venezuela denuncia una guerra híbrida destinada a provocar un cambio de régimen.

Más allá de la veracidad de las imágenes difundidas, lo cierto es que la frontera entre política de seguridad y demostración de fuerza se diluye. Washington despliega buques y submarinos en el Caribe; Caracas responde con retórica de soberanía y llamado a la defensa. Entre tanto, la región contempla un escenario en el que cualquier incidente naval podría transformarse en un choque de consecuencias imprevisibles.

El ataque contra la lancha venezolana no solo plantea dudas sobre su legalidad en aguas internacionales. Coloca también a América Latina en una coyuntura delicada: entre la presión estadounidense por alinearse a su cruzada antidrogas y la desconfianza hacia un régimen, el de Maduro, que acumula denuncias de violaciones a los derechos humanos y de vínculos con redes ilícitas.

La pregunta de fondo es si esta demostración de fuerza abre una nueva etapa en la política hemisférica de Trump. Por ahora, el Caribe ha sido convertido en escenario de advertencias, donde un misil enviado a una lancha es, al mismo tiempo, un mensaje directo a Miraflores y a todos los gobiernos de la región.

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