El Congreso arranca el curso con agenda cargada y la primera polémica del año

02 septembre 2025 - 11:13

La vuelta parlamentaria tras el parón estival trae diez plenos hasta diciembre y asuntos legislativos urgentes pendientes de votación. El PSOE propone modificar el primer pleno para liberar el día de la Diada catalana, una medida sin precedentes que la oposición considera una nueva cesión al independentismo mientras coincide con la declaración judicial de Begoña Gómez y votaciones cruciales para la estabilidad gubernamental. 

El regreso de la actividad parlamentaria a la Carrera de San Jerónimo el próximo 1 de septiembre marca el inicio de un curso político intenso que se extenderá hasta las fiestas navideñas con una agenda legislativa sobrecargada. El calendario aprobado por la Mesa del Congreso contempla diez plenos entre septiembre y diciembre, junto a una batería de asuntos pendientes que incluyen la convalidación urgente de decretos-ley y debates de totalidad aplazados que pondrán a prueba la frágil mayoría parlamentaria del Gobierno de Pedro Sánchez.

Pero antes de entrar en materia legislativa, la primera polémica del curso ya está servida. El PSOE anunciará en la Junta de Portavoces del 1 de septiembre su propuesta de reducir a dos días el primer pleno ordinario, previsto inicialmente para los días 9, 10 y 11 de septiembre. El objetivo declarado es liberar el jueves 11, festividad de la Diada en Cataluña, para que los diputados catalanes puedan participar en las celebraciones autonómicas sin conflicto de agenda parlamentaria.

La propuesta socialista busca condensar en las jornadas del martes y miércoles toda la actividad legislativa programada para tres días, alterando el esquema tradicional que reserva los jueves para los debates con intervención directa del Gobierno, como la convalidación de decretos-ley y el examen de enmiendas de totalidad. Esta modificación requiere el consenso en la Junta de Portavoces, donde se espera contar con el respaldo de ERC y Junts, los dos partidos independentistas cuyo apoyo resulta crucial para la estabilidad parlamentaria del Ejecutivo de Pedro Sánchez.

El calendario aprobado por la Mesa del Congreso contempla diez plenos entre septiembre y diciembre, distribuidos de forma irregular según la tradición parlamentaria que evita sesiones plenarias en la primera semana de cada mes. Septiembre incluye tres plenos programados, octubre cuatro, noviembre otros tres y diciembre concluirá con dos antes del parón navideño. Los festivos del 10 de noviembre y 8 de diciembre, al caer en lunes, no afectarán al desarrollo normal de las sesiones que tradicionalmente se extienden desde el martes mediodía hasta el jueves.

La iniciativa socialista carece de precedentes históricos, según reconoce la propia oposición parlamentaria. «En 47 años nunca se ha interrumpido un pleno en la Cámara Baja debido a una festividad autonómica», ha subrayado Ester Muñoz, portavoz del PP en el Congreso. Esta circunstancia convierte la propuesta en un hito controvertido que rompe con la tradición de continuidad institucional independientemente de las celebraciones regionales. Precedentes recientes confirman esta práctica: el 28 de febrero de 2024 se celebró sesión de control coincidiendo con el Día de Andalucía, y el 9 de octubre de 2024 hubo pleno durante la festividad valenciana.

Tensiones políticas y coincidencias judiciales 

La coincidencia temporal entre la propuesta parlamentaria y la citación judicial de Begoña Gómez, esposa del presidente del Gobierno, ha intensificado las suspicacias políticas. El 11 de septiembre está prevista la comparecencia de la cónyuge presidencial ante el juez Juan Carlos Peinado por un presunto delito de malversación de fondos públicos, la quinta imputación en el marco de la investigación judicial que viene siguiendo el magistrado. Esta simultaneidad ha llevado a la oposición a especular sobre motivaciones adicionales detrás de la maniobra socialista.

«No sé si lo hacen porque no quieren un pleno el mismo día que tiene que comparecer ante un juez la mujer del presidente del Gobierno», ha insinuado la portavoz popular, conectando ambos acontecimientos en una narrativa que cuestiona la transparencia de las intenciones gubernamentales. El año pasado, cuando el 11 de septiembre cayó en miércoles, Pedro Sánchez no asistió a la sesión de control por encontrarse en un viaje oficial a China, mientras los diputados de Junts abandonaron el hemiciclo tras la intervención de su portavoz para acudir a los actos de la Diada.

El contexto parlamentario añade complejidad estratégica a la decisión socialista. Sin los siete votos de Junts, el Gobierno se encuentra en una situación de equilibrio precario con apenas 172 diputados frente a los 171 que suman PP, Vox y UPN. Esta aritmética parlamentaria convierte cada ausencia en un riesgo potencial para la estabilidad legislativa, especialmente cuando están pendientes votaciones cruciales como la convalidación del decreto-ley sobre permisos parentales aprobado el 29 de julio y que debe ratificarse antes del 11 de septiembre.

Fuentes socialistas defienden la «normalidad absoluta» de la propuesta, argumentando que se han producido situaciones similares en legislaturas anteriores, aunque sin aportar ejemplos específicos de suspensiones por festividades autonómicas. El ministro de Presidencia, Félix Bolaños, considera «razonable» la medida por existir «un número muy elevado de diputados catalanes que desean estar en Barcelona el día de la Diada», una justificación que la oposición interpreta como una nueva cesión al independentismo catalán.

Agenda legislativa bajo presión 

La compresión del pleno en dos jornadas obligará a rediseñar la distribución tradicional de los debates parlamentarios, concentrando en 48 horas una actividad habitualmente repartida en tres días. Entre los asuntos pendientes figura la ratificación del decreto-ley que extiende a 17 semanas los permisos por nacimiento y cuidado de menores, una medida que cuenta con un plazo de 30 días hábiles desde su aprobación en Consejo de Ministros. La urgencia temporal convierte esta votación en una prueba de fuego para la cohesión de la mayoría parlamentaria.

Igualmente pendiente permanece el debate de totalidad sobre la propuesta de reducción de la jornada laboral a 37,5 horas semanales, cuya inclusión se consideró para el pleno extraordinario del 22 de julio pero finalmente se retiró del orden del día ante la previsión de no alcanzar los apoyos necesarios. Esta iniciativa representa otro test para la capacidad del Gobierno de articular mayorías estables en un panorama parlamentario fragmentado y dependiente de equilibrios territoriales.

La estrategia socialista busca minimizar los riesgos electorales derivados de la ausencia catalana, pero al mismo tiempo expone las fragilidades estructurales de una mayoría parlamentaria construida sobre pactos puntuales y concesiones sectoriales. La condensación del pleno puede resolver el problema inmediato de la Diada, pero plantea interrogantes sobre la sostenibilidad a largo plazo de un modelo de gobernanza que subordina el calendario institucional a las demandas particularistas de los socios de investidura.

La decisión final corresponderá a la Junta de Portavoces del 1 de septiembre, donde se dirimirá si España establece un precedente institucional inédito o mantiene la tradición de continuidad parlamentaria independientemente de las celebraciones regionales. En cualquier caso, la controversia evidencia hasta qué punto las tensiones territoriales condicionan el funcionamiento ordinario de las instituciones centrales del Estado.

 

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