Trump contra el Fed: un asalto a la autonomía que inquieta a los mercados

27 août 2025 - 16:28

La decisión de Donald Trump de anunciar la destitución de Lisa Cook, directora del Federal Reserve, abre un escenario inédito en la política monetaria estadounidense. Más que un episodio judicial, la jugada apunta a someter al banco central a la lógica electoral y erosiona la confianza en el dólar como columna vertebral de las finanzas globales.

La autonomía de los bancos centrales es uno de esos consensos frágiles que sostienen la estabilidad económica mundial. Estados Unidos lo convirtió en doctrina desde hace más de siete décadas: preservar al Fed de las presiones del poder político para que las decisiones sobre tasas de interés respondan a criterios técnicos y de largo plazo. Esa salvaguarda acaba de recibir su embestida más seria desde que fue instaurada.

Donald Trump anunció esta semana la “exoneración” de Lisa Cook, una de las nueve directoras del organismo, acusándola de supuestas irregularidades hipotecarias. Sin un proceso judicial abierto, el argumento luce endeble. Cook, respaldada por juristas y economistas, sostiene que el presidente carece de facultades legales para removerla. Todo apunta a una batalla de tribunales, pero la señal ya está enviada: la Casa Blanca quiere disciplinar a un banco que mantiene la tasa de referencia entre 4,25% y 4,5%, contrariando la exigencia de Trump de recortarla en tres puntos porcentuales.

El trasfondo político marca la esencia del conflicto. Con la campaña electoral en marcha, el presidente republicano busca un impulso inmediato al consumo y la inversión, aún al precio de tensionar la inflación. Para ello necesita un Fed dócil, dispuesto a sacrificar su reputación de prudencia. Lo que está en disputa, sin embargo, trasciende la coyuntura: si Trump logra imponerse, abre la puerta a la remoción de otros directores, con el riesgo de convertir al banco central más influyente del mundo en una extensión del poder ejecutivo.

Las consecuencias pueden ser profundas. Por un lado, la confianza de los inversionistas internacionales, acostumbrados a leer la estabilidad institucional estadounidense como garantía del valor del dólar. Por otro, la credibilidad de la política monetaria, base de los equilibrios globales en un momento de alta volatilidad financiera. No es casual que varios analistas hablen de un “acto de agresión extraordinario” contra el entramado que sostiene la primacía del dólar en el sistema internacional.

Para América Latina, el episodio tiene ecos inmediatos. Una Reserva Federal sometida a los vaivenes políticos incrementa la incertidumbre sobre las tasas de interés globales, encarece el financiamiento de los países emergentes y amplifica la volatilidad cambiaria. En la región, donde la dependencia del dólar sigue siendo estructural, la señal de fragilidad institucional en Washington no es menor.

La historia reciente recuerda que Trump ya había amenazado a Jerome Powell, presidente del Fed, durante su primer mandato. Entonces quedó en bravatas. La ofensiva se materializa en un intento de despido que sacude los equilibrios legales de la mayor economía global y abre la puerta a un modelo de control político con rasgos autoritarios en el corazón de una democracia consolidada.

El mensaje de fondo se impone con claridad: La independencia de los bancos centrales constituye un pilar de la gobernanza económica global. Al intentar subordinar al Fed, Trump convierte un pulso doméstico en una sacudida de alcance mundial, con repercusiones que atraviesan todo el sistema financiero internacional.

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